25 mar. 2018

Así es la película que produjeron Harvey Weinstein y Kevin Spacey al escritor de 'Ready Player One'

El escritor Ernest Cline, autor de 'Ready Player One' y de 'Fanboy'.

JORGE CASANUEVA

En el maremágnum de referencias y cameos de Ready Player One es posible encontrar casi cualquier elemento de la cultura pop de los 80 que puedas imaginar. Están escondidos en miríadas de muñequitos digitales customizados para que los geeks de todo el mundo pasen horas pegados a la pantalla, usando el freeze frame para localizar a su Wally particular. Sí, efectivamente, de Star Wars tenemos alguna referencia, pero está muy escondida. Imaginamos que el precio a pagar a Disney por poner un robot al fondo no es el mismo que los derechos por utilizar un sable láser. Al menos utilizan la palabra “padawan” y al personaje principal le ofrecen el Halcón Milenario en un momento de la trama. ¿Cuánto se habrá embolsado la casa del ratón por la licencia de dos elementos en el diálogo?

Es probable que sin esas minireferencias quedara extraño, ¿Una oda a los ochenta sin un Yoda o una lucha contra Darth Vader? Es más, no es fiel a la novela porque allí las referencias a la saga galáctica corren libres y su autor, Ernest Cline, es el clásico fan fatal de todo lo relacionado con el lucasverso, aunque es muy posible que no le importe demasiado la falta de referencias en la película. La razón es que tuvo su oportunidad de sobrecargar con bromas sobre ewoks y trajes de soldado imperial el guion de su primer proyecto cinematográfico, la comedia juvenil Fanboys.

Un libreto que vio la luz en 2009, tres años antes de la publicación de la novela que le ha dado la fama y seis del estreno de El despertar de la fuerza, la obra que de alguna manera da sentido y anula a su disección del fandomintergaláctico. La historia de cómo un nerd de nivel avanzado ha llegado al estatus que posee ahora tiene ese puntito de sueño americano que comparte con el director de Tiburón. Además, él mismo alimenta esa imagen cuando compara la granja de su Ohio natal con Tatooine y su viaje con el de un joven Skywalker.

Y es que, si bien el conocimiento de Cline sobre ciencia ficción o cultura pop de los 80 es la marca principal de su trabajo, Star Wars era su verdadera obsesión de niño. Durante años, él y su hermano menor pedían figuras, naves y muñequitos cada Navidad y cumpleaños. Luego creció y se aficionó al rol y las películas de John Hughes, aprendiendo todo sobre escribir guiones leyendo sus libretos. Mientras, los años siguientes iba desarrollando esa faceta mientras trabajaba en una oficina y esperaba el lanzamiento de Star Wars Episodio I: la amenaza fantasma aferrado a esa única ilusión.

Más tarde, cuando su madre murió de cáncer, Cline pasó por una crisis en la que aparecía Star Wars. Es curioso cómo se relaciona con la triste historia de aquel fan que pidió a Disney ver el Episodio VII antes de morir, puesto que Cline empezó a darle vueltas a la idea de la muerte como impedimento para ver una película por la que había estado esperando toda la vida. Y esa idea obsesiva se convirtió en una guion llamado Fanboys, sobre cinco amigos que viajan por todo el país con el plan de asaltar el rancho Skywalker de George Lucas para ver el Episodio I antes de que uno de ellos muera de cáncer. 
Gracias a la crítica del guion en 1998, un año antes del estreno de la obra de Lucas en la web Ain’t It Cool News, la existencia de Fanboys se hizo patente entre el mundillo geek, pero pasó mucho más tiempo sin que el proyecto saliera adelante. Siete años después de que Harry Knowles hiciera la reseña, el actor Kevin Spacey llamó a Cline para comunicarle que quería producir la película con The Weinstein Company. Obviamente, la magia original del proyecto era la cercanía al estreno real de la precuela, y hoy cambiaría mucho el sentido de una parodia afectuosa sobre el fandom tras el estreno de la tercera trilogía. Por no hablar del detalle de que tanto el webmaster, como actor y productores han sido acusados de acoso sexual. Pero el hecho de que fuera rodada después del fiasco para los fans añade una lectura patética a la hazaña de los personajes. La obra finalmente sería dirigida por Kyle Newman, que desde entonces no ha hecho nada más especialmente reseñable.

Cuando comenzó el rodaje, Cline usó el material acumulado durante 15 años de coleccionista de Star Wars para decorar la habitación del personaje principal. Incluso pudieron mezclar el sonido para la película en el rancho Skywalker gracias a Spacey, quien se había topado con George Lucas en el set de Superman Returns y le había pedido el favor. Lucas le otorgó pleno acceso al equipo a toda la biblioteca de efectos de sonido de la saga, por lo que utilizaron desde rugidos de wookiee, gritos de R2 hasta la voz de Leia superpuesta sobre la propia Carrie Fisher, que hace un cameo en la película. El sueño de Cline con el que fantaseaba en su guion se había hecho realidad.
El propio destino de sus personajes se había cumplido dando cierto arco autobiográfico a la experiencia, pero en 2007, un año después de acabar el rodaje se topó con el nefasto Harvey Weinstein, que tenía el sobrenombre de Harvey Manostijeras, por los cortes que solía hacer a sus películas. Por ello, no dudó en eliminar de raíz toda la parte del cáncer del personaje y rodar muchas nuevas escenas para hacerla parecer una comedia al estilo Virgen a los 40 pero para frikis de Star Wars. Incluso los dos carteles de película son casi idénticos, salvo por el casco de Darth Vader.

Llegó a haber un movimiento de fans en contra de la decisión, comparando a Weinstein con el Imperio oscuro de la saga galáctica y presionando para que al menos el dvd incluyera las dos versiones de la película. Pero al final solo quedó la que trataba de ser un producto Apatow, que por aquellos años estrenaba decenas de comedias con su marca en algún lado. Por ello, el resultado final está por debajo de sus posibilidades. Tiene mucho de ese tipo de comedias adolescentes estúpidas post American Pie, especialmente las que tenían una estructura de road movie como Viaje de pirados o la genial Zero en Conducta,cuyo protagonista es el mismo de esta, pero obviamente el momento de ese tipo de productos había pasado.

Además, tratar el tema de la adoración de Star Wars, cuando aún escocían las teorías de los midiclorianos, no era la mejor idea comercial. El humor es muy similar en la exageración del mundo geek tan propia de las ficciones e Simon Pegg y Edgar Wright, de hecho, tiene gags de dependientes de tiendas de cómic cabreados y discusiones sobre qué película de la saga es mejor que ya salían en Spaced, en 1999. Un par de años después los protagonistas de aquella también hicieron su particular viaje al centro de lo freak en Paul.

El protagonista de Fanboys también es dibujante de cómics como el de Spaced, lo que al final nos lleva al Ben Affleck de Persiguiendo a Amy y en general, a Kevin Smith como concepto. Todo el mundo referencial de Star Wars es una multiplicación de las discusiones de Clerks, incluso uno de los personajes trata de utilizar la fuerza como Silent Bob en Mallrats. Y por si quedaban dudas, hay cameo del gurú del indie noventero. También de Lando Calrisian o William Shatner. Vamos, que es toda una orgía de bromas, guiños y codazos al fan obseso, que camina entre la elegía a una forma de vida, el fan service y la reflexión de la toxicidad del propio mundo friki, cerrado de la obsesión con distintos elementos de la cultura pop.

Vista ahora, puede tomarse como una propaganda de Disney y lo que mola ser adicto a su droga navideña o bien como un video educativo, como una advertencia de cómo puedes quedar si te zambulles de lleno en su universo. Sea como sea, tiene una coherencia temática con Ready Player One que la complementa, hasta tal punto que ambas pueden funcionar como divertidos recordatorios de que, definitivamente, la cultura nerd haya perdido totalmente su razón de ser como representación los marginados.
elpais.com

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