14 mar. 2018

10 películas con guiones altamente eróticos y oscuros

Juanjo Velasco
Las lunas de hiel (1992), de Roman Polanski. Escrita por (basada en su novela) Pascal Bruckner, Gérard Brach, John Brownjohn y la colaboración de Jeff Gross.

Con esa habilidad para explorar el lado oscuro del ser humano, la dirección de Roman Polanski convertía un idílico crucero, en el que dos matrimonios se encuentran, en un viaje hacia los impulsos más primarios de ambas parejas. Por un lado un aburrido matrimonio (Hugh Grant y Kristin Scott Thomas) que celebra su séptimo aniversario, y por el otro sus compañeros de travesía:, un hombre en silla de ruedas (Peter Coyote) y su misteriosa mujer (Emmanuelle Seigner), cuya relación está marcada por una forma de ver el sexo muy poco convencional. Dominación, sumisión y voyeurismo se combinan en esta historia donde contrasta la apariencia pulcra de sus protagonistas con un erotismo sucio, decadente y sórdido donde Seigner, como una dominatrix embutida en cuero y navaja de afeitar en mano, es la ama de la función.

Crash
Crash (1996), de David Cronenberg, basada en la novela de  J.G. Ballard.

El paso de los años ha convertido a Crash en película de culto, seguramente por ese carácter morboso que provoca en el espectador fascinación o aversión. No hay término medio para esta arriesgada obra de David Cronenberg que exploraba los lugares más turbios de la mente humana y la sociedad contemporánea, personificada en sus dos protagonistas (James Spader y Holly Hunter), que tras sufrir un accidente de tráfico, desarrollan una atracción sexual y un fetichismo por los choques aparatosos y al borde de la muerte como única vía para alcanzar el clímax. Con su maestría habitual, Cronenberg firma en esta película algunas de las escenas eróticas más enfermizas y, a la vez, sugerentes del séptimo arte.

Soñadores
Soñadores (2003), de Bernardo Bertolucci. Escrita por Gilbert Adair, y basada en su propia novela.

De la mano de todo un experto en el arte de plasmar el erotismo en la gran pantalla (suya es también la polémica El último tango en París) volvía aquí a su lugar y época fetiche: la París de 1968, una ciudad que respiraba revolución en cada rincón, para hablar de libertad sexual, personificada en un turista americano y los dos hermanos que le acogen en su casa, un lugar en el que no habrá tabúes, relaciones incestuosas incluídas, y donde explorarán tanto su identidad emocional y política como su curiosidad por el placer. Una por aquel entonces desconocida Eva Green debutaba en el cine y se convertía inmediatamente en mito erótico del nuevo milenio como vértice de este sensual triángulo amoroso con Louis Garrel y Michael Pitt.

Lazos ardientes
Lazos ardientes (1996), de Lana y Lilly Wachowski.

Antes de rodar Matrix, los hermanos Wachowski (ahora hermanas) firmaron una ópera prima al alcance de muy pocos, un thriller criminal, prácticamente ambientado en un bloque de pisos, que destilaba estilo y erotismo en cada fotograma. Buena culpa de ello la tenían sus dos protagonistas: Gina Gershon y Jennifer Tilly, muy por encima de lo habitual en su filmografía (sobre todo la segunda, espectacular como femme fatale), que protagonizaban un tórrido romance prohibido que quitaba el hipo, y donde el juego de seducción alteraba el pulso incluso más que el clímax sexual. En la buena tradición del noir clásico, con jefe mafioso de por medio, la cosa no terminó de salir como ellas esperaban.

Infiel
Infiel (2002), de Adrian Lyne. Escrita por Alvin Sargent y William Broyles Jr.

Quizá este remake de La mujer infiel de Chabrol no es la mejor cinta de Adrian Lyne, maestro del erótico mainstream con hitos como Nueve semanas y media, Atracción fatal o Una proposición indecente, pero Infiel destaca por la poderosa interpretación de Diane Lane (que se llevó una nominación al Oscar), y la intensidad de unas cuidadas y estéticas escenas de sexo pasional, desatado y extramatrimonial con su amante (Olivier Martínez). Aquí Richard Gere no era el galán, sino el protagonista de un giro hacia el thriller que no beneficiaba en demasía a una película que encuentra sus mejores momentos cuando aborda la fragilidad de una vida aparentemente perfecta y sin sobresaltos cuando los deseos reprimidos se encuentran con un placer prohibido.

Instinto básico
Instinto básico (1992), de Paul Verhoeven y Joe Eszterhas.

Obra cumbre del thriller erótico, en Instinto básico Paul Verhoeven agrandaba su leyenda y combinaba tensión y sensualidad en un laberinto de pasiones protagonizado por la muerte y el sexo sin complejos. Michael Douglas, protagonista de algunas de las escenas más tórridas del cine made in Hollywood, y una Sharon Stone que, polémico cruce de piernas mediante, se convirtió en mega estrella y absoluto mito erótico de los 90, hacían saltar los termómetros mientras coqueteaban con el bondage y un inquietante picahielos, siempre expectante debajo de la cama. Era de esperar que el puritanismo de la época cargara sus tintas contra el carácter bisexual del personaje de Stone y la violencia de algún que otro momento, lo que irónicamente ayudó a convertirla en taquillazo planetario y película de culto.

Showgirls
Showgirls (1995), de Paul Verhoeven. Escrita por Joe Eszterhas.

Tres años después de Instinto básico, Paul Verhoeven y el guionista Joe Eszterhas volvían a subir la temperatura hasta cotas de ebullición en esta cinta donde Elizabeth Berkley se sacudía de un plumazo la etiqueta de ídolo teen por su rol en Salvados por la campana para convertirse en todo un icono sexual. La crítica no tuvo piedad con la película, ahora film de culto, y no supo ver más allá de las escenas subidas de tono protagonizadas por Berkley, Gina Gershon o Kyle MacLachlan (algunas de ellas, de lo más erótico que ha salido de un estudio de Hollywood) en una Las Vegas sórdida y decadente. Se perdieron el trasfondo y la crítica velada de una película deliberadamente hortera hacia el mundo del showbusiness, que obliga a dejar cadáveres en el camino a la cima y donde el sexo manda tanto delante como detrás del escenario.

Nueve semanas y media
Nueve semanas y media (1986), de Adrian Lyne. Escrita por  Elizabeth McNeill, Patricia Louisianna Knop, Zalman King, Sarah Kernochan.

Han pasado 32 años y todavía saltan chispas de la pantalla (sea del tamaño que sea) que proyecte el más que apasionado romance entre los hoy recauchutados. Mickey Rourke y Kim Basinger que, gracias a esta película, se convirtieron en los intérpretes más deseados y sospechosos habituales de muchos sueños húmedos allá por los 80. La culpa fue de las no pocas escenas subidas de tono, más sensuales que explícitas, donde una galerista de Manhattan y un misterioso broker de Wall Street daban rienda suelta a sus deseos y pulsiones y protagonizaban un juego de sexo y dominación que relegaría a Christian Grey a la categoría de amateur.

Secretary
Secretary (2002), de Steven Shainberg. Escrita por Erin Cressida, basado en el cuento de Wilson Mary Gaitskill, Steven Shainberg y Erin Cressida Wilson.

Pasó sin pena ni gloria por la cartelera, a pesar de conseguir el premio del jurado en Sundance por su originalidad y de que Maggie Gyllenhaal, espectacular, consiguió su primera nominación al Globo de Oro. Sin embargo, con el paso de los años Secretary se ha convertido en una cinta de culto y no son pocos los que consideran que ésta película es todo lo que Cincuenta sombras debería haber sido. Steven Shainberg convierte el tórrido romance entre una secretaria sin experiencia y emocionalmente frágil (Gyllenhaal) y su jefe (James Spader, todo un veterano en el subgénero), también de apellido Grey, en un film que funciona tanto como comedia negra como al relatar un excitante juego de sumisión - dominación que empieza con unos azotes y termina en mucho más.

Eyes Wide Shut
Eyes Wide Shut (1999), de Stanley Kubrick. Escrita por Frederic Raphael y basada libremente en la novela de Arthur Schnitzler.

Antes de morir, Stanley Kubrick dejó para la posteridad este hipnótico y oscuro viaje a través de los impulsos hedonistas protagonizado por Tom Cruise como un marido que se adentraba en un mundo donde la ley que imperaba era la del placer. En el trayecto se encontraba con todo tipo de tentaciones, incluido un culto al sexo profesado por algunas de las personalidades más poderosas de la Nueva York contemporánea, escondidas tras capas y máscaras para hacer realidad sus perversas fantasías. Interesantes reflexiones sobre la pareja y el ideal moderno de lo masculino en una cinta de atmósfera tan fascinante como perturbadora que cuenta con una de las escenas más eróticas de la historia del cine: aquella que involucra a Cruise y Nicole Kidman, por aquel entonces matrimonio real, frente a un espejo.
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