8 ene. 2018

Consejos de escritura de guion de un cineasta boliviano

El cineasta Juan Carlos Valdivia. Foto: Wara Vargas
 Naira C. de la zerda

El cineasta boliviano Juan Carlos Valdivia —quien filma actualmente la película Søren en La Paz— presentó Parada Obligatoria, libro de 600 páginas en que el realizador de American Visa y Zona Sur comparte su experiencia dentro del séptimo arte y el audiovisual en Bolivia y México.

El tomo ha sido editado por Plural-Editores, la Universidad Católica Boliviana San Pablo y #SorojchiTambo Ediciones, de la Fundación Cinenómada para las Artes. Parte importante de este texto —explica el director— es poder compartir algunas claves  para comenzar la escritura como un ejercicio diario.

A continuación, algunos extractos del libro.

ALGUNOS CONSEJOS

No te sientes a escribir el guion hasta que no estés a reventar con el material. Mientras tanto acumula, bosqueja y practica escribiendo otras cosas. Se puede escribir un guion en 18 días o menos, siempre y cuando hayas llenado la represa y bosquejado el viaje.

Deja que tu subconsciente se explaye. Trata de sacar el primer tratamiento rápido y sin censura.

Hay cineastas que hacen grandes películas con un simple mapa de viaje; no es imposible, pero hay que tener un instinto narrativo muy desarrollado. Para improvisar hay que ser un virtuoso. John Cassavettes era un gran actor que sabía dirigir maravillosamente a los actores. No corras a leer tus genialidades a nadie, ni fuera de contexto. Guárdalas para ti.

No le des tu texto a gente que no sabe leer guiones. Les harás sufrir innecesariamente y te aportarán poco o nada.

Los mercados y talleres de guion están acostumbrando a los cineastas a “vender” sus películas en lugar de contarlas. No creo que el guionista deba vender nada.

Una cosa es tener una premisa clara y otra un “pitch”, que no es más que el tráiler de la película. ¿Acaso una película es un tráiler? Si lo tienes que hacer, sé consciente de ello.

Cuando hayas vomitado tu primer tratamiento, déjalo descansar un par de semanas.

La primera reescritura es para reestructurar.

La segunda reescritura es para pulir.

Si escribes demasiadas versiones te alejarás del propósito inicial.

Cuando termines tu guion, haz un ritual personal y date un premio. Es un logro muy importante y el primer reconocimiento debe venir de tu parte.

Si escribes un guion que ocurre en un hospital, por más investigación que hayas hecho, más vale que se lo des a leer a un médico o que él esté presente en tu lectura.

Escribe tu guion como para que el lector quiera voltear la página. Ese “y ahora qué” es lo más valioso que tiene un guion.

El guion ocurre en un tiempo. Si tu película dura dos horas, leerlo debe durar dos horas. Esto es importantísimo porque te da la pauta del ritmo. Utiliza el lenguaje de la literatura, la puntuación, los espacios. Utiliza las palabras adecuadas para darle una personalidad y un carácter. Un guion no tiene por qué ser un ladrillo.

Haz lo anterior sin regodearte en el lenguaje y sin querer impresionar con un lenguaje cursi o florido.

Trata de que tu guion tenga musculatura. Los guiones son básicamente “varoniles”, lo cual no quiere decir que no puedan ser escritos por mujeres. Registra tu guion en las entidades correspondientes de derechos de autor.

Nunca des tu guion gratis a nadie. Valora tu trabajo.

Ten cuidado de leer guiones ajenos, hay muchas ideas similares y luego te pueden acusar de plagio.

Si no tienes tiempo de leer un guion, mejor dilo y no hagas esperar meses al escritor. Hasta ahora me siento mal de la pila de guiones que nunca leí.

Si vas a leer un guion, sé generoso con tu colega y nunca condescendiente.

Si haces un buen trabajo, le ahorras tiempo al director, y si tú vas a dirigir, ya tienes la mitad del trabajo hecho.

ESFUERZO

El esfuerzo activa la razón, el ego y la voluntad. Creemos que mientras más nos esforzamos, mejores resultados tendremos, cuando en realidad los mejores frutos se dan cuando hay entrega. El esfuerzo es solo útil para sentarse a trabajar, hasta ahí debe llegar. Una vez que estamos frente a la mesa de trabajo, todo es entrega, que no es otra cosa que estar ahí y estar disponible. En realidad uno no hace nada, es el universo el que actúa a través de nuestra mediación.

David Lynch es carpintero y practica la meditación trascendental. Sus películas están llenas de atmósferas perturbadoras y sin embargo sostiene que a mayor sufrimiento, menor creatividad. Uno no tiene que vivir los conflictos sobre los cuales escribe; son los personajes los que sufren, no uno. El sufrimiento ocurre porque evadimos el dolor. Cuando nos entregamos al dolor, el dolor cesa.

EL PROCESO: ESCRIBIR ES PENSAR

Escribir es una manera de pensar. No me refiero a lo meramente racional que está en oposición a lo intuitivo o emocional, sino a la mecánica manual, ya sea con una pluma o un teclado, que responde a un conjunto de operaciones mentales. Es una labor necesaria para la maratónica operación de crear un texto. Las ideas son difíciles de atrapar, pero si uno practica la escritura, se sabrá atrapar las ideas cuando nos visiten. Es indispensable que un escritor escriba.

Todos los días. No importa qué, realmente. De la misma manera, un director, necesita practicar con las herramientas del cine; sea realizando un documental, un video musical, un episodio para televisión o un comercial. Los tiempos de hacer cine son muy largos, especialmente cuando no hay una industria y resulta incomprensible esperar cinco años para pararse en un set y lograr hacer finalmente una película. Un director tiene que dirigir y aprender el oficio de filmar. Tiene que equivocarse y aprender de sus errores. Tiene la obligación de armar equipos y saber con quiénes puede contar cuando esté listo para realizar su película y, sobre todo, de desarrollar un lenguaje y estilo propios. Finalmente, no hay nada más digno que ganarse la vida haciendo lo que uno sabe hacer y no depender enteramente de factores externos para financiar su deseo de realizar una obra fílmica. Volviendo al escritor de cine, todo empieza con sentarse todos los días de Dios frente a una mesa y fortalecer el músculo creativo para correr la maratón de escribir un texto. No importa en qué lugar del mundo nos encontremos y tampoco importa si tenemos ganas o no. El atleta entrena. Punto. El escritor escribe. No cuando necesita publicar o necesita llevar a cabo la realización cinematográfica de lo escrito. El escritor escribe. Ante todo, es una práctica.

LOS CUADERNOS

Escribir a mano activa el lado derecho del cerebro, porque es una actividad profundamente meditativa y artística. Es una especie de camino directo a la creatividad, como lo ha sido siempre el dibujo para el arte. Es importante escribir en letra cursiva y no importa necesariamente lo que se escriba. De hecho, a mí me gusta mucho practicar el gesto repetitivo de la caligrafía. Es un ritual de calentamiento que funciona muy bien antes de sentarse a teclear en el ordenador.

Los cuadernos —y cada uno tiene su favorito— son importantes para anotar cosas que uno ve o piensa en el transcurso del día. A veces, no importa que uno los vuelva a ver o no, pues el simple hecho de hacerlo ayuda a la memoria.

Cuando escribes a mano, tu estado de ánimo te delata en la manera en cómo queda registrada la legibilidad de tu escritura. Hojeando las páginas de mis cuadernos puedo ver una especie de ecografía de mis estados de ánimo y del estado de mi disciplina. Se ve si solo lo estás haciéndolo rápido y por cumplir, o si estás comprometido con el momento.

Por supuesto que en los cuadernos también puedes dibujar. Marcos Loayza, que también es guionista e indudablemente un artista, hace por lo menos un dibujo por día y lleva siempre su cuaderno de dibujo con él.

SILENCIO

Pensamos mucho y vivimos poco. La mejor manera de tener los pensamientos correctos es meditar. Es imprescindible parar el tren del pensamiento, para entrar en los caminos de la intuición, que son los que nos llevan a las profundidades de la vida. La mejor estrategia para enfrentar el pánico a la hoja en blanco es entrar en el vacío del blanco. Algunos meditan, tejen, escuchan música, y todos son métodos válidos, pero no hay nada como sentarse y tratar de mantener la mente en blanco. Cuando nos sentamos, desarrollamos el ser observador y dejamos de identificarnos con lo que pensamos. Y se rompe ese espejismo donde creemos que somos lo que pensamos.

Pensar es una actividad necesaria como cualquier otra, sea comer y hacer deporte, pero no debe hacerse en exceso. Además, los pensamientos correctos generan emociones sanas y éste es uno de los no menores beneficios de la meditación. Uno deja de engancharse con el mundo de una manera adictiva.

“Empieza a meditar y verás lo que pasa dentro de unos pocos años”, dice una frase popular. Y es cierto, la práctica necesita de años para empezar a dar frutos, y mientras más pronto se comience, mejor. A veces, entrar en el mundo paralelo del silencio es difícil y aun después de practicarlo durante mucho tiempo, uno tiene malos días. Aceptar esto es también parte de la práctica. No puedo comprender un proceso creativo sin la práctica del silencio.
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