21 sept. 2017

Los 30 mejores guiones (filmados) de la historia de México

El Fett

“El mexicano sufre y en dicho pesar encuentra su dicha”.

El sufrimiento parece ser el inagotable hilo conductor con el que se tejen las historias del buen cine mexicano; desde los olvidados hasta un callejón de milagros, de los amores perros a los hechos como agua para chocolate, del ángel de la muerte de Buñuel al de Gavaldón, de las pistolas de la revolución a su idiosincrasia política y los barrios bajos de la capital; esta estrecha comunión forjó nuestra esencia cinematográfica y realista ficción desde la llamada Época de Oro hasta sus últimos vestigios a principios del nuevo milenio, poco antes de que la nueva generación conformada por nuestra perversa y pobre monarquía televisiva la traicionara, dándole la espalda al pasado y negando su cruz.

Si el mexicano venera a la muerte, eje central de su conciencia y concepción fílmica, acogiéndola como la eterna amiga y cómplice en este viaje de 85 años (desde la primer película sonora llamada Santa de 1932); la pobreza, la violencia, la discriminación social, el machismo y el infame gobierno se convierten en solo acompañantes de una historia fílmica que irónica y orgullosamente nos posiciona como esos seres soñadores en una constante lucha por salir adelante de las injusticias y obstáculos. ¡Ese es nuestro cine! Uno que abraza y ríe con la desdicha, que viaja por parajes surrealistas para explicar nuestra ideología y espiritualidad, que se proyecta como una crítica social, cultural y política no solo hacia los estratos gubernamentales, sino también hacia nuestras clases sociales y pecados como individuos y como nación.

Hubo una época en el que brilló, hubo otras en el que ese destello volvió a surgir, donde Ripstein, Fons, Retes, Iñárritu, Del Toro, Cuarón y Arau, entre otros, comprendieron el tesoro arraigado que Fernández, Rodríguez, Gavaldón, Buñuel, de Fuentes, Galindo (por solo mencionar a algunos) dieron y heredaron al mundo. Donde Del Río, Félix, Jurado, Moreno, Valdez, Armendáriz, Pinal, Infante, Negrete, López Tarso y muchos más figuraron como ese retrato de nuestra cultura e idiosincrasia llena de glorias y tragedias, de romance y de corazones rotos.

Así como los símbolos patrios, el cine mexicano fue también un lábaro del cual debemos estar orgullosos. Ahora degradado por la televisión y la hipocresía social, por la negación de nuestra naturaleza, por fines económicos y por una generación ignorante de nuestra historia y que ha olvidado que algún día fuimos grandes tanto en este como en muchos otros rubros, el cine mexicano sufre y se avergüenza de su estado actual al tan solo recordar a aquellas obras que forjaron nuestro mito. Es por eso que, hasta ahora en 7 años, presento el reto más grande como autor de Cinescopia; alejado de mis estándares y preferencias y habiéndome sometido a un análisis íntimo, exhaustivo e intenso de nuestro cine en lo que va de este año ¡Aquí las mejores 30 Películas mexicanas de la historia!

¡Que Viva México!


30. La Sombra del Caudillo (Julio Bracho, 1960)

Aunque padece de algunos problemas de montaje, el retrato sobre la seducción del poder y la caída de los viejos caudillos en el sistema burocrático se convierte en una oda triste a la memoria del conflicto armado en la transición de la figura del “General” en el político. El mismo periodista, historiador y diplomático Martin Luis Guzmán adapta su propia obra bajo ese romanticismo que lo sitúa como uno de los pioneros de la novela revolucionaria, dejando que la gestión administrativa apague gradualmente la honorabilidad de los “héroes” en un México transitorio, precediendo así la crítica fílmico?política que en aquellos tiempos se acentuaba con la libertad de expresión bajo el régimen presidencial de Adolfo López Mateos.

29. Ánimas Trujano (Ismael Rodríguez, 1961)

Ganadora del Globo de a la mejor película extranjera, resulta sui generis la comunión del gran Ismael Rodríguez con el legendario Toshiro Mifune, el primero padre directivo del macho charro mexicano con su socio Pedro Infante, el segundo, el retrato histriónico perfecto del samurái japonés extensión de Kurosawa. A pesar de que el método del teatro kabuki logra desentonar en algunos pasajes de su desarrollo, no se puede negar el gran mérito de Mifune al enfundarse como el odioso, borracho y vividor mexicano que quiere ser mayordomo, en una dura metáfora y sátira del poder, machismo y de las cábalas, un tema tabú incluso para aquellos tiempos que el director supo encausar con mucha precaución y astucia dentro de la burla implícita a sus interpretaciones.

28. La Mujer del Puerto (Arcady Boytler, Raphael J. Sevilla, 1934)

Una calma inusitada rodea al considerado primer clásico del cine nacional, una que en tres cuartas partes de su metraje proyecta muchos de los elementos por venir dentro de la época de oro, y que a pesar de una narración por momentos amateur (una retacería y un montaje arcaicos), deja los estatutos para la final aparición de aquella tragedia épica enfundada en la figura icónica de la también calificada como la primera diva nacional AndreaPalma, la dama del puerto, víctima de la pobreza, de las vecindades, de la hipocresía social y de un desenlace cruento. Dos versiones más del amargo cuento llegarían con los años: el muy pobre de 1949 y la versión de Ripstein de 1991, que aunque superior en varios aspectos, se aleja de la simpleza teatral y amarga de su original.

27. Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1992)

El lenguaje se convierte en sabores y la comida mexicana consigue su protagonismo de parte de un romance de toques fantásticos, una alegoría que relaciona al amor y al sexo con el arte culinario y con las grandilocuentes cocinas mexicanas, llenas de secretos, experiencias, tragedias, grandes hornos y alegrías. Situando su origen durante el Porfiriato, prosiguiendo con la Revolución y trascendiendo gracias a un mito familiar transmitido por generaciones, la elocuente y cautivadora narración de Arauprovee al cine mexicano de su “Cinema Paradiso”, ¿o será CocinaParadiso?, agregando ese ingrediente secreto de tragedia y oscuridad dentro de un romance que funde a Lumi Cavazos con el australiano Marco Leonardi (Sí, el Toto de Cinema Paradiso).

26. Ensayo de un Crimen (Luis Buñuel, 1955)

Era clara la fascinación que el mismo Hitchcock sentía por Buñuelal grado de cuestionar justamente si la obra del “Maestro del Suspenso” hubiera sido la misma sin esta asesina cajita de música y la mente siniestra de Archibaldo de la Cruz, “El Señor Telenovela” Ernesto Alonso enfundando en uno de los más pintorescos personajes de Buñuel dentro de una de sus piezas más divertidas e intrigantes. Un juego de géneros entre el thriller, el romance y la comedia negra es también 5 años antes de Psycho, uno de los usos más eminentes del recurso “mcguffin”. Coqueta, siniestra y tierna, el ensayo de Buñuel también comprende ciertas dosis de morbo y perversiones al incluir en su cuento a la hermosa Miroslava, pecado y salvación de nuestro peculiar asesino.

25. Profundo Carmesí (Arturo Ripstein, 1996)

Italia, México y Estados Unidos proveyeron al cine de la historia basada en hechos reales sobre los asesinos Martha Beck y Raymond Fernández, que en los 40’s aniquilaron casi a una veintena de viudas. Por supuesto que en manos de Ripstein la versión mexicana apabulló a sus contrincantes ganando el mejor guion en Venecia y haciéndose de un lugar en los anales de la industria nacional como uno de sus mejores thrillers. El cineasta logra una regionalización perturbadora bajo una sublime química entre Regina Orozco y Daniel Giménez Cacho, pareja que intima con la muerte y la crueldad de una manera tan asquerosa como fabulosa. Es propio de Ripstein impregnar de una culpa peculiar a su audiencia al lograr secretamente empatizar con sus enfermizas criaturas.

24. Él (Luis Buñuel, 1953)

Pieza que de nuevo denota la influencia de Buñuel en Hitchcock(este la nombró su película favorita) hacia películas como North by Northwest y Vertigo; la primera en su sutil pero crítico manejo de un humor muy negro y en la segunda obviando la obsesión de su protagónico. Sin embargo con Él, Buñuel no solo logra obtener uno de los retratos más tétricos sobre la paranoia y los celos, sino también en una segunda tangente casi imperceptible, hace que de nuevo la esfera alta de la sociedad se comporte como el generador y principal responsable de engendrar estos monstruos repletos dobles caras e hipócritas, elemento predilecto del cineasta que en esta ocasión reduce su dosis surrealista. Mención aparte para la gran actuación de Arturo de Córdova.

23. María Candelaria (Emilio Fernández, 1944)

La cruz de “El Indio” Fernández era pesada. El que alguna vez se declaró como la encarnación del cine mexicano, no estaba tan alejado de la realidad, pues junto a Figueroa logró captar estética y narrativamente las tragedias más notorias y románticas de nuestro cine, historia y evolución social, situándose por lo general en cuadros amorosos que terminarán con el desmembramiento de una o varias de sus partes; en este caso concreto, de una india de Xochimilco víctima de la degradación, encasillamiento y linchamiento de su comunidad. La ganadora de Cannes causó polémica debido al estatuto del comportamiento salvaje de los pueblos mexicanos, pero nada que no pueda ser perdonado gracias a la gran presencia de la inmensa Dolores del Río, la Candelaria.

22. Nosotros, los pobres (Ismael Rodríguez, 1948)

La fábula de la desgracia, Ismael Rodríguez regresa en el ranking para construir el homenaje hacia el pobre, hacia al arrabal, hacia la vecindad. No cabe duda de la influencia melodramática hacia las consecuentes telenovelas, formato que desbarataría la complejidad de una obra que íntima con la desdicha de manera alucinante, casi extravagante, casi irreal. ¿Será posible esta progresión trágica de hechos en la misma línea del Job bíblico? ¿Que entre esta extrema pobreza, cárcel, hurtos y muerte aún se encuentre la alegría por vivir? En México sí es posible, y este testimonio fílmico también de toques musicales confirma que aún se puede silbar un “Amorcito Corazón” para recordar al inmortal Pedro Infante, a aquel mítico Pepe el Toro, su Chorreada y su Chachita.


21. Aventurera (Alberto Gout, 1950)

Un icono de la cultura mexicana, la “Aventurera” es el reflejo de la desventura femenina nacional que en un principio viajó de Chihuahua a Juárez y después a Guadalajara, para con el tiempo trascender y convertirse quizá en la obra musical más representativa del país, todo nacido de la pluma de Álvaro Custodio y la adaptación y dirección de Alberto Gout. La rubia es el esbozo de la explotación y de la hipocresía de la alta sociedad en un musical solvente e hipnótico donde la sensualidad de Ninón Sevilla, la venus dorada, bailarina y vedette mexicana de origen cubano concebiría el llamado cine de rumberas; uno que Goutenmarcaría en un tratamiento noir que va desde la deshumanización a la venganza y posteriormente a la redención de nuestra anti heroína.

20. La Perla (Emilio Fernández, 1947)

“La perla nos hará libres”, simbolismo de poder y deshumanización que a la orden del gran “Indio” y la portentosa visión de Gabriel Figueroa (Mejor Fotografía en los Globos de Oro y Festival de Venecia) logran una puesta en escena bellísima y grandilocuente donde la música surte en comunión con su narrativa y estética un efecto solemne. La perla, un tesoro encontrado en el fondo del mar, es la oportunidad para salir de la miseria, pero al mismo tiempo un vehículo maldito para la ignorante y pobre pareja de pescadores magistralmente interpretados por Pedro Armendáriz y María Elena Marqués. Valiéndose de un tono western, Emilio encausa una desventura y cacería humana embelesada por el poder surreal emergido de aquella exótica joya.

19. El Compadre Mendoza (Juan Bustillo Oro, Fernando de Fuentes, 1934)

Un thriller revolucionario ensamblado dentro una devastadora historia de amistad, este gran clásico sorprende por su cercanía del conflicto, apenas 6 años después de dar por terminada La Revolución mexicana, y por lo tanto por su manejo de diálogos, escenarios y personajes dentro de una ficción realista y adepta al movimiento zapatista en el sur del país. “El compadre”, símbolo familiar intachable dentro de la idiosincrasia y amistad nacional, aquí juega un rol de doble agente, presionado no solo por sus nexos y relaciones tanto dentro del movimiento, como con las facciones federales; sin embargo, será la mujer, la intocable comadre y un platónico triángulo amoroso con el padrino zapatista lo que detonará la última acción de Mendoza, su compadre.

18. El Callejón de los Milagros (Jorge Fons, 1995)

Antes de los amores perros, el desaparecido Jorge Fonscomulgaba los cuentos de un barrio y su vecindad para exponenciar la sensualidad y los secretos más íntimos y oscuros de una serie de pintorescos personajes tan conocidos como el vecino, el cantinero, la casera o los jóvenes ávidos por amor. Aquel callejón encausó una milagrosa adaptación de Vicente Leñero a la novela egipcia de 1947, viendo de nuevo en su customización al lenguaje y sociedad mexicana, la razón perfecta para redescubrir los sueños y reales identidades de estos elementos unidos por la convivencia casi utópica de su peculiar comuna. Sin duda, la aparición de Salma Hayek en aquel marco de ventana se ha convertido en un símbolo e imagen perdurable dentro del cine mexicano y la cultura popular.

17. La Ley de Herodes (Luis Estrada, 1999)

A pesar de su reciclaje narrativo en sus progresivas “secuelas”, esta “Ley” quedó plasmada como un divertido, brutal y realista estudio hacia el protocolo gubernamental del llamado “dinosaurio mexicano”, el partido político que ha gobernado con una “dictadura perfecta” el “infierno” del sistema ministerial nacional. A través de una genial interpretación de Damián Alcazar, esta sátira sobre la corrupción personal, social y económica desde una menor escala (un pueblito olvidado), representa de manera perfecta las formas en la que México ha sido sometido a un régimen dictador disfrazado de república democrática. De muchas maneras la risa alivia el dolor frente a esta ruin escalera de poder, y es que ciertamente “La Ley” está inundada de momentos geniales.

16. Los Caifanes (Juan Ibáñez, 1967)

El “caifán”, gente de barrio que todo lo puede, entes bandoleros, poetas callejeros y criaturas nocturnas de la Ciudad de México que han forjado su folclor y lenguaje: “Una rubia bien elodias”, “Pasajeros al tren”, “las sobrinas de las otras botellas”, dialectos que solo aquellos que reconozcan el sabor de unos sabrosos tacos de cabeza y la guitarra y canto de Oscar Chávez podrán identificar y/o traducir. Ibáñez construye una odisea autóctona estilo guerrilla, una road movie llena de pasión, aventuras y elementos surrealistas que van desde un diablo mesero y las noches mágicas del cabaret, hasta un Carlos Monsiváis como un Santa Claus borracho. Sin duda, Los Caifanes es nuestra “Dolce Vita”, nuestras “Luces de Variedad”, nuestra postal nacional influenciada por Fellini.
15. El Lugar sin límites (Arturo Ripstein, 1978)

El perfume de gardenias suena en un lugar de pecado, de perversión, un lugar sin ningún límite. La omnipresencia de Ripstein convierte a este bacanal en un cuento de hadas exótico, donde el machismo sucumbe ante el legendario beso de la Manuela y el aspecto político carece de toda decencia. Ana Martiny Gonzalo Vega lucen sensacionales, pero es Roberto Cobo quién se erige como el verdadero camaleón olvidado del cine nacional frente al neorrealismo de un autor en su máxima expresión, el cual desde sus primeras etapas nos confina a lugares aislados y lúgubres para acentuar la tragedia dentro de un tratamiento de fábula adulta. Cabe destacar la participación de Don FernandoSoler, como siempre brillante en una de sus últimas participaciones.

14. El Ángel Exterminador (Luis Buñuel, 1962)

La oda a la tortura del burgués, el Buñuel más surrealista goza con el resquebrajamiento del abolengo y encierra en un cuarto a una serie de personajes tan falsos como despreciables, donde el castigo por el boleto de la hipocresía tiene el mismo costo de acceso y la misma hora de salida. Cuando el exterminador está cerca, los sueños se hacen tangibles y los secretos comienzan a descubrirse, el comportamiento animal a aparecer y la desesperación que pudiera convertir en humanos a estos engendros a vislumbrarse. El director ha contraído la maduración para dotar a su siniestramente excepcional relato de ese equilibrio satírico que en muchas ocasiones hace parecer a la puesta en escena en una comedia accidentada donde “aquí no pasa nada”.

13. El Rey del Barrio (Gilberto Martínez Solares, 1950)

La espontaneidad en el humor de Tin Tan fue avasallante en mucha parte gracias al forjamiento de un núcleo y conglomerado creativo que trabajaba con el solo objetivo de su lucimiento. Esta disfrazada asociación llegó a su clímax cuando el Pachuco de Oro encarnó al Rey del Barrio, figura que lo posicionaría con toda justica como el artista cómico más completo dentro de la filmografía mexicana, que a pesar de siempre operar bajo la sombra de Cantinflas, aquí detonaría con bases sus mayores tablas en el humor físico, y no solo en el oral. La puesta escena raya en lo exótico, en lo musical, en lo surreal, donde las criaturas humorísticas de Tun Tun, Tongolele, La Vitola, el hermano Ramón y el mismo Germán van apareciendo en una oda de humor sin precedente.

12. Nazarín (Luis Buñuel, 1959)

Quizá la obra más irónica y contradictoria de Buñuel, Nazarín es una fresca reinvención del relato de Jesucristo con ricas variantes a la orden de la faceta más religiosa y alejada de su declarado ateísmo por parte del cineasta español. La presencia de un sacerdote intachable en un lugar de pecado, obligan a que el personaje y hombre de Dios comencé una odisea de predicación a la que se le unirán sus apóstoles, dos féminas que simbolizan el conflicto entre el fanatismo y la fe, y que a la postre alimentarán la pasión y el via crucis de aquel hombre en un viaje con muchas connotaciones espirituales y sociales, tan surrealistas como brutalmente palpables. En su diversificación Buñuel logra sustraer al hombre de la divinidad y situarlo en un cruento México.

11. Los Hermanos del Hierro (Ismael Rodríguez, 1961)

El western mexicano es salvaje, es revolucionario, es musical, en ranchero, es Antonio Aguilar luchando contra su hermano por el amor de la joven Jacinta, una hermandad que fue forjada a raíz de la violencia, de un silbido y del asesinato de su padre, y posteriormente alimentada por la sed de venganza de su madre, la enseñanza de un pistolero y la conducta sanguinaria desatada por el menor de los Hierro. Un western complejo, sádico y romántico, que puede equipararse sin problema a las piezas europeas o estadounidenses y que en su innovación hacia con la idiosincrasia mexicana, trasgrede a la figura de la madre para situarla como villana, haciendo que esta ágil y desembocada cacería termine en una previsible pero genial y metafórica tragedia.

10. Una Familia de Tantas (Alejandro Galindo, 1949)

El protocolo de una estricta y familia mexicana es sacudido por la presencia de un inalcanzable vendedor de aspiradoras. La venta así se convierte en el elemento que dispara el enfrentamiento de las costumbres machistas y del yugo patriarcal contra la evolución del pensamiento mexicano, el rompimiento de un esquema primitivo y tradicional y uno de los primero ejemplos de la liberación femenina en el cine mexicano. Original drama y romance donde la fuerza actoral de un genial y repugnante Fernando del Soler se confronta a un entrañable príncipe azul mexicano sin capa ni espada, pero si con labia, aspiradoras y refrigeradores soberbiamente interpretado por David Silva. En el rubro de las ventas y la mercadotecnia, un deber para cualquier estudiante.

9. Cronos (Guillermo del Toro, 1993)

Por algún momento el cine mexicano vio en un regordete y talentoso cineasta tapatío, revivir las viejas glorias de la fantasía mexicana, pero ahora con la calidad y complejidad narrativa suficientes para hacerse premios de Cannes y Sitges. El recién ganador de Venecia se estrenaba con un film que parecía un engendro esplendoroso entre el terror alemán de los 20’s y la cultura mexicana. En sus barrios y anticuaros, en la lúgubre noche de la Ciudad de México, el terror y la fantasía resurgían con una brillante simpleza y originalidad, en una amalgama de corrientes, estilos y talento actoral gringo, español y mexicano que se regodeaban en esta revitalización del mito vampírico. A todos parece habérseles olvidado que Del Toro dio su mejor película en su debut.

8. El Violín (Francisco Vargas, 2005)

“Se acabó la música“. Una frase que retumbará en los oídos y en la mente de todo amante del cine mexicano y que se ha vuelto el símbolo de nuestro último gran clásico, un neorrealismo sin espacio, atemporal, que puede ser aplicado a cualquier situación o circunstancia de la nación mexicana o latinoamericana de los últimos 100 años y que aún hoy en día seguiría vigente, trágicamente palpable y maravillosamente plasmada en lenguaje fílmico. 30 galardones que incluyen a Cannes y San Sebastián confirman que el Violín es como el cine de Vargas, solitario, perdido en el tiempo, íntimo y punzante. Quizá su vil industria se haya olvidado de él, pero el instrumento y las cuerdas de Don Plutarco ya viven por siempre en los anales del cine mexicano.

7. Ahí está el detalle (Juan Bustillo Oro, 1940)

El clímax del Cantinflismo, monumento a un único e inigualable estilo humorístico basado en la espontaneidad y la agilidad oral, alabada de manera internacional e incluso aceptada por la Real Academia de la Lengua. Fue tanta su influencia y poder que el personaje “Cantinflas” trascendería fronteras posicionándose como el icono de la comedia a un nivel continental. Con un reparto que incluye a Sara García y a un brillante Joaquín Pardavé, Bustillo Oro se confiere al control total de Mario Moreno para exponer una deliciosamente original fábula de accidentales identidades que surten un efecto soñado y grandilocuente en el tremendo acto final en una sala de jurado, confinamiento donde quizá se ha dado el mayor ejemplo de la comicidad e ingenio mexicanos.

6. ¡Vámonos con Pancho Villa! (Fernando de Fuentes, 1936)

La proximidad con los hechos revolucionarios hacen a esta aventura una pieza que raya en el valor histórico, no por las libertades creativas que se toma para referir a “La Revolución” como el enemigo común de esta camaradería entrañable, sino al plasmar con una belleza técnica y narrativa algunos pasajes fieles a lucha de La División del Norte; desde canticos, lenguaje y algunos nombres y/o leyendas de gran valía como los generales dorados y hasta mitos, como el de la creación de la mortal ruleta rusa al estilo nacional. Para algunos románticos amantes de la historia el retrato de Villa podría parecer vulgar y alejado de los reales ideales; sin embargo, el cautivador y emotivo cuento sobre la amistad y la revolución, como dirían en mi pueblo ¡no tiene madre!


5. Enamorada (Emilio Fernández, 1946)

El cuento de amor mexicano por excelencia, la doña y el macho, la malagueña y el revolucionario, la soldadera y su general; Fernández se deshace de su pesada cruz de muerte y angustia y cae bajo el hechizo de la mirada de la gran diva María Félix y el de su talento histriónico adelantado a su tiempo: recio, natural, espontaneo, romántico ¡Divo! Como la hembra nacional por antonomasia, ella representa la fuerza y lucha desde las adelitas revolucionarias hasta nuestra madre santa y rige no solo la química con Armendáriz, sino también el estilo directivo de “El Indio” que ha cambiado, ha mejorado, se ha trastornado, se ha enamorado. Frente a la guerra, la humanización llega por parte del corazón en forma de un silbido, una dura cachetada o un amoroso mariachi.

4. Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000)

La ganadora de Cannes es la constancia de cómo Iñárritu concibió su obra maestra a partir de las raíces mexicanas. Bajo el formato de historias cruzadas y teniendo al “perro” como eje narrativo, testigo y víctima del ruin accionar humano en un choque clasista tan familiar como oscuro; tanto el guionista Arriaga como el director conciben una oda de autodestrucción en sus primeros dos actos para después rematar con un gran final repleto de redención, generando luz a partir de la proyección más oscura de aquella evolución del México Olvidado. Las clases medieras (altas y bajas) se combinan con el estrato más bajo usando al fiel e instintivo “animal” como metáfora, el cual compartirá a través de su sacrificio la tragedia y misma resurrección de su(s) dueños.


3. El Esqueleto de la Señora Morales (Rogelio A. González, 1960)

Claramente estamos hablando de la mejor comedia negra de nuestro cine, una pieza ineludible dentro del brillante y original humor mexicano a partir de la imagen de una terrorífica institución conyugal que alude de nuevo a la muerte como principal socia narrativa. La excepcional interpretación de Arturo de Córdova va más allá del valor histriónico, convirtiéndose en un débil reflejo machista que confronta a dos valores intocables de la idiosincrasia nacional: la espiritualidad y el matrimonio. ¿Se imaginan al machismo rebajado y expuesto en dicha época? Esto desembocará en consecuencias tan funestas como hilarantes, presentando a una de las villanas del cine mexicano por antonomasia en donde la psicosis perdurará hasta en los huesos.

2. Macario (Roberto Gavaldón, 1960)

Nuestra celebración y veneración fílmica hacia la figura que nos define como cultura: la muerte. En la conversión surreal y espiritual de Macario convergen todas las creencias populares y simbologías de nuestra raza, dirigidas con soltura por un Gavaldón que sitúa al ángel de la muerte como un ser tan complejo para el adulto como simplista y didáctico para un niño. La fábula del Día de Muertos, festividad que antes lo ojos del mundo comunica nuestra esencia, es enriquecida por la obra visual más grande del otro héroe fílmico nacional, un Gabriel Figueroa inmerso en la metáfora de la muerte, nuestra eterna cómplice. La libre interpretación rodea a un relato que para algunos pudiera ser trágico, mientras que para otros simplemente representa la redención misma.
1. Los Olvidados (Luis Buñuel, 1950)

¿Por qué olvidar nuestra esencia? ¿Por qué negar nuestra cruz? ¿Por qué no lograr identificar en estos tiempos que el cine mexicano fue, es y será “El Olvidado”? Esta apoteósica obra que juega con el thriller y con la excepcional y teóricamente imposible comunión entre dos corrientes contrariadas como el surrealismo y el neorrealismo, engloba de manera fulminante la visión de un México tan trágico como esperanzador. Buñuel deja claro que en su “ficción” no trata la generalidad de un país, sino aquellos recónditos personajes “olvidados” en los que se cimientan la pobreza y el esbozo primitivo de nuestros pecados como nación y sociedad, consecuencia del olvido hacia aquellos estratos casi utópicos y subculturas que siguen rigiendo la mayoría de nuestra población hasta hoy en día. El infante y/o adolescente como símbolo de este descarriado nacimiento expone la que sin lugar a dudas es la mejor historia de nuestro cine: crudo, divertido, crítico, satírico, angustiante y hasta perverso. ¡Nunca lo olviden!


se hace sin cobrar nada por ello. 
Si valoras este proyecto y deseas que 
siga adelande, DONA.

2 comentarios:

  1. Yo añadiría: Y tu mamá también nominada al Oscar a mejor guión original, Victimas del pecado, Un dia de vida, Distinto amanecer, Luz Silenciosa y Reportaje.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes toda la razón. ¿Será que Mx tuvo (y a veces tiene) un gran cine? Será. :) Gracias por recordarme Reportaje, hacía mucho que quería vera. https://www.youtube.com/watch?v=pqSS9lr8E8g

      Eliminar

Top 5 noticias mensual