2 mar. 2017

Conoce la historia y el guión de la gran olvidada de los Oscar que no quieren que veamos

BEATRIZ MARTÍNEZ GÓMEZ

Es una de las mejores películas norteamericanas del año, pero nunca se estrenará en cines, al menos en España. Se llama 20th Century Women y su distribuidora, Sony Pictures, ha decidido sacarla directamente en DVD y plataformas digitales. Pero… ¿por qué? ¡Si es estupenda! Pues seguramente… porque no saben muy bien qué hacer con ella.

En primer lugar, se ha quedado un poco rezagada en la temporada de premios. La cara más visible de su reparto, Annette Bening consiguió nominación en los Globos de Oro, pero no en los Oscar. Y aunque su director Mike Mills optaba a la estatuilla por el mejor guion original, nadie le ha prestado demasiada atención. Al fin y al cabo, se trata de una película sobre relaciones humanas, con personajes muy cercanos que hablan (mucho) y de forma sincera de sus problemas y en la que no hay dramatismos ni estridencias, ni números musicales vistosos o escenas de acción.

No es ni una comedia ni un drama, sino una de esas películas que se supone que tienen un tono amable y bienintencionado y que terminan poniéndote un nudo en la garganta. Porque, aunque se ambiente en el pasado siglo XX, de alguna manera se está refiriendo a nuestro presente. Incluso a nosotros mismos. Te está susurrando al oído temas muy jodidos como la insatisfacción, el sentimiento de desorientación, la maternidad, la crisis de confianza y el estancamiento vital. Y cuando te quieres dar cuenta, estás hundido en la miseria de verdades universales como templos que te destrozan el día.

Pero, ¿cuál es la verdadera proeza de la película? Que todas estas cuestiones, terrenales y existenciales, están contadas desde el punto de vista de tres mujeres, cada una de ellas instalada en una etapa diferente de su vida, pero unidas por una misma misión: la educación emocional de Jamie, un adolescente que se nutrirá de este efervescente gineceo para configurar su definitiva personalidad.

Ellas son Dorothea (Annette Benning), Abbie (Greta Gerwig) y Julie (Elle Fanning). Su madre, su amiga y su objeto de deseo. Tres generaciones de mujeres con opiniones sobre la vida propias de su edad y su tiempo. La primera de ellas, amargada y desencantada, la segunda, rebelde y luchadora. La tercera, la más joven, marcada por el cinismo.
Cada una le enseñará a Jamie alguna lección importante. Pero Mike Mills no pretende ser moralizante, ni mucho menos. En realidad, parece como si él mismo quisiera retratarse en ese joven y perdido adolescente que años más tarde realizaría una película dedicada a las mujeres que le ayudaron a convertirse en un director sensible al feminismo y a la necesidad de poner el foco en destapar los tabúes que esconde la sociedad en torno a la condición femenina. 

Nos situamos a finales de los setenta. Jimmy Carter lanza su discurso sobre el malestar tras la crisis del petróleo. Habla de la sociedad de consumo y del culto a la autoindulgencia mientras los jóvenes escuchan punk como forma de canalizar su rabia. Se termina una época. Los años ochenta se encargarían de echar por tierra cualquier tipo de ideales, estamos asistiendo a los últimos coletazos de ingenuidad del pueblo americano. Por eso el director, que nos cuenta la historia desde su desencanto presente, en un momento también de cambios convulsos tras el triunfo de Trump, se encarga de mirar desde la nostalgia a sus personajes, observándolos casi como reliquias de un pasado remoto.

La búsqueda de la identidad se convierte en el principal eje de la película. Mills, a través de su alter ego Jamie, la encuentra en el espíritu contestatario de la música y en iconos femeninos como Debbie Harry o Patti Smith, en artistas conceptuales como Barbara Kruger o fotógrafas como Cindy Sherman. Y sobre todo en manifiestos feministas de la época como Sisterhood is Powerful, Nuestros cuerpos, nuestras vidas o ensayos como el de Susan Lydon The Politics of Orgasm, que habla sobre la manera en la que el género masculino ha degradado y pervertido la sexualidad femenina.

Todo ese aprendizaje irá clavándose a fuego en la tierna y chispeante conciencia de Jamie, que se propone ser un buen chico que satisfaga a las mujeres. Y la verdad es que, aunque nunca sabremos si llega a poner todos esos conocimientos en marcha de la manera adecuada, lo cierto es será capaz de enzarzarse en una pelea con un compañero de clase al que se atreve a decir que seguramente su novia finja los orgasmos porque no le sabe estimular correctamente el clítoris.

Especialmente reveladora es la conversación que mantiene con Julie con respecto a la fuente de placer femenino. Ella nunca ha tenido un orgasmo y sus amigas tampoco. Hace el amor para sentirse deseada. Al principio también como un gesto de insubordinación. Pero no hay en ella verdadera liberación a través del sexo, de eso termina por darse cuenta. En realidad, se siente reprimida y parapetada por toda una serie de prejuicios que la sociedad se encargará de recordarle, entre ellos que si follas eres una puta y si disfrutas, una fresca. Consideraciones que lamentablemente siguen instaladas en nuestros días.

El director intenta mostrar en la pantalla algunos tabúes para contribuir a normalizarlos. Entre ellos, la regla. “Si quieres tener sexo con la vagina de una mujer debes de estar cómodo con el hecho de que la vagina menstrúa. Y eso no debería ser un gran problema”, dice Abbie durante una cena para después entonar una especie de mantra al son de “Menstruación, menstruación”, ante la mirada incómoda de los comensales. Seguramente hablar de la regla durante una comida se siga considerando inapropiado. ¿Por qué esa escena parece que tenga un aliento cómico cuando en realidad está atravesada por un espíritu de denuncia, el mismo que muchas feministas todavía utilizan a la hora de visibilizar un proceso natural convertido en estigma cultural?
Es curioso. Mike Mills comenzó a la sombra de algunos compañeros de su generación. Como Wes Anderson o Spike Jonze, los niños mimados del audiovisual del momento, los más originales e imaginativos en los videoclips, los más conceptuales y snobs. Muchos consideraron su ópera prima Thumbsucker (2005) como un artefacto irritante, afectado y repelente. Sin embargo, en ella se escondían las señas de identidad de un director único que ha terminado siendo mucho más empático con las emociones humanas y más sensible que el resto de sus camaradas, alumnos aventajados de la clase con más cerebro que corazón. Su anterior película, Begginers, estaba dedicada a su padre. 20th Century Women a su madre, a las mujeres nacidas en los años veinte, que según Mills eran valientes y luchadoras, para que no perdamos de vista que, la perspectiva de lucha y compromiso estaba tan presente y era tan necesaria entonces como ahora.
Este ha sido el año de los #Oscarsoblack. Pero ya va siendo hora de que encuentren su hueco en los premios películas que hablen de las mujeres desde una perspectiva seria y adulta. Aunque sea una reivindicación que, por el momento, parezca no interesarle lo más mínimo a Hollywood… ni a los responsables de que 20th Century Women no se estrene en nuestro país.


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