19 nov. 2016

¿A quién pertenecen los personajes? ¿Al guionista o al productor?

Un fotograma de la segunda temporada de la serie 'El Ministerio del Tiempo'.

GREGORIO BELINCHÓN

¿A quién pertenecen los personajes? La pregunta cobra sentido tras la demanda por lo mercantil que han interpuesto Carlos López y Manuel Ángel Egea, coguionistas de La niña de tus ojos (1998), película de Fernando Trueba que describía las andanzas de un equipo de cine español en la Alemania de Hitler, contra el director por emplear aquellos personajes en su continuación, La reina de España, que se estrena el próximo viernes. Según López, esas creaciones son suyas, y las cedió únicamente para aquel primer filme. Según Trueba, ninguna palabra de López y Egea sobrevivió al proceso de reescritura de guion emprendido entonces por David Trueba y Rafael Azcona.

Aunque la respuesta hay que buscarla en un lugar mucho más prosaico: un contrato. Un personaje es propiedad de quien establezca ese papel legal. Durante décadas muchos creadores han perdido sus derechos por acuerdos leoninos. Hoy, las cosas no han variado, pero al menos cuando alguien cede sus derechos es plenamente consciente de lo que pierde. A veces, mucho dinero. "Nosotros siempre aconsejamos a los guionistas que firmen cualquier contrato como si tuvieran entre manos un taquillazo", asegura Borja Cobeaga, director y guionista con éxito tanto en televisión (Vaya semanita) como en cine (la saga 8 apellidos... creada junto a Diego San José). También es presidente de DAMA, la entidad de gestión de los derechos de los autores del audiovisual, y de ahí su consejo: "Los contratos con los que a veces nos llegan los socios son brutales, y con ellos no cobrarían ni derechos de remakes ni de secuelas. Muchos de nosotros por modestia o porque queremos que nuestro guion llegue a la pantalla como sea no salvaguardamos porcentajes por cualquier derivación. Un error". Por derivación o transformación se entiende cualquier producto surgido del material original. ¿Y qué pasa con 8 apellidos? "Las productoras son dueñas del material, pero ante cualquier derivación que se planteen Diego y yo somos la primera opción para escribirla", responde Cobeaga.

AUTORES SIN DERECHOS SOBRE SUS OBRASEn diversas ocasiones, los autores deben dejar atrás a su pesar a sus personajes. Borja Cobeaga ha vivido eso: "En televisión sueles perder la paternidad de tus creaciones. Cuando el equipo de Vaya semanita fichamos por TVE para hacer Made in China aquellos personajes quedaron en manos de [la cadena] ETB". Lo mismo les ocurrió a los humoristas que encabezaba Joaquín Reyes en La hora chanante. Al abandonar Paramount Comedy para grabar Muchachada Nui, no pudieron usar ninguno de sus personajes, ya que eran propiedad de la cadena. Otro caso extraño: Paco Roca ha abandonado la dirección de la película Memorias de un hombre en pijama, que adapta su cómic homónimo en el que se usaba a sí mismo como personaje de ficción. Cuando llegue a las salas, habrá un filme animado sobre Paco Roca sin Paco Roca como realizador, pero sí con su trasunto en ropa de dormir.
Como apunta Paloma Llaneza, abogada experta en propiedad intelectual, “todo depende de lo que estipule el contrato: si has vendido un guion, la idea o los personajes –un concepto más de televisión que de cine-, y si se recoge el derecho a la transformación”. Y subraya: “En los casos de propiedad intelectual, lo que manda es lo que pone en el acuerdo”.

En televisión, los personajes suelen ser propiedad de las productoras y los escriben numerosos equipos de guionistas. "Por eso El Ministerio del Tiempo, que creamos mi hermano Pablo y yo, TVE podría hacerla sin mí", cuenta Javier Olivares, reputado guionista. Él está detrás también de Víctor Ros, serie que adapta los libros de Jerónimo Tristante. "Y aunque hayamos usado su obra en tres de los seis episodios de la primera temporada, y hemos cambiado hasta de época, para mí es obvio: los personajes son de Tristante. Tenemos que mantener una ética y defender nuestra profesión".


Olivares insiste en que en España no se respeta el nombre de los creadores y menos aún de los guionistas. No son conocidos, como le ocurre a Jorge Guerricaechevarría, coescritor de películas de Álex de la Iglesia, Daniel Monzón o Daniel Calparsoro, que explica: “Antes no se incluía la cláusula de los derechos de transformación, y los tribunales tendían a dar la razón a los autores en sus disputas con las productoras. Hoy se incluyen todos los puntos. Sí, he sufrido experiencias en los que he tenido que recurrir a abogados".


En general, aunque depende de la ley de cada país, los personajes son propiedad de sus creadores hasta que se cumple el 80º aniversario de la muerte del autor. Y entonces se convierten en dominio público. En el caso de la literatura, eso conlleva que cualquier editorial pueda publicar los libros o incluso otros escritores puedan jugar con los personajes. El mejor ejemplo: la deriva fantástica de algunos clásicos que instauró en 2009 la novela Orgullo y prejuicio y zombis. En el tebeo, como cuenta Álvaro Pons, autoridad española en el mundo del cómic, depende de la industria. "En Estados Unidos los personajes pertenecen a las editoriales. El caso paradigmático es el de Superman, cuyos creadores, Jerry Siegel y Joe Shuster, tras mucho litigar solo lograron que se les reconozca su labor... en los títulos de créditos de las películas. No en los tebeos. En Francia casi todos los grandes autores recuperan sus creaciones, como el caso de Tintín o de Astérix y Obélix, después de ganar en los tribunales".

De izquierda a derecha, los personajes Viuda Negra, Thor, Capitán América, Ojo de Halcón, Hulk e Iron Man, en el filme 'Los Vengadores'.

En España es famosísimo el ejemplo de la editorial Bruguera, que se quedaba en su época dorada, los años cincuenta y sesenta, con todos los personajes. "Casi todos los que fueron juicio, como Ibáñez, recuperaron sus autorías. El resto...". Stan Lee fue más listo. Y un verdadero pionero: en Marvel, afirma Pons, se comportó como un productor cinematográfico. "Impulsó la coralidad en los tebeos, y en cada ejemplar había argumentistas, dialoguistas, dibujantes a lápiz, entintadores, coloristas... Esto diluía la autoría, que quedó en manos del editor, Stan Lee”. Así nació un imperio, el que se anuncia con el "Stan Lee presenta".

En el caso López y Egea/Trueba será un juez quien decida sobre la paternidad de Macarena Granada -el personaje interpretado por Penélope Cruz-, sobre si el contrato recogía el derecho de transformación o solo de cesión y por tanto quién puede escribir más aventuras de la estrella en Hollywood.


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