4 may. 2016

El creador de Downton Abbey responde todo tipo de preguntas para despedir la serie

Dave Itzkoff

Como dijo la filosa condesa viuda Lady Violet sobre dos personajes a punto de casarse en el episodio final de Downton Abbey : "Los riesgos son enormes, pero con un mínimo de suerte, serán lo suficientemente felices, que es la versión inglesa de un final feliz" (no siga leyendo si aún no vio el episodio).

Y así fuepara los aristócratas de la familia Crawley y su personal de servicio en el cierre de la sexta y última temporada de esa "obra maestra" de los dramas de época, que aquí se vio anteanoche por Film&Arts (la ficción se había despedido en Navidad en Inglaterra y en marzo último en los Estados Unidos). Sin cerrarles del todo la puerta a estos personajes, el episodio dejó a la mayoría de ellos bastante contentos.

A diferencia de la tajante irrevocabilidad de los finales en la televisión norteamericana, que suele incluir un alto conteo de víctimas, Julian Fellowes, creador y guionista de Downton Abbey, dijo a The New York Times que quería un episodio final abierto y optimista. A continuación, lo mejor de esa conversación.

-La decisión de que ésta fuera la última temporada de la serie se tomó hace ya un tiempo. ¿Qué tuvo en mente a la hora de pensar ese final?

-Casi al final, Robert comenta lo escandalizada que está su madre de que una sirvienta hubiese parido en el dormitorio de lady Mary, y Cora le responde, "Creo que cuanta más capacidad de adaptación tengamos, más chances tendremos de salir adelante". Esa fue mi filosofía a la hora de intentar trazar el mapa del fin de una forma de vida -ese mundo ordenado de valet, ayuda de cámara, mayordomo y demás- que se produjo en las décadas de 1920 y 1930. Las familias que no remaron contra la corriente mantuvieron su estatus. Y los demasiado pomposos o envarados que no pudieron adaptarse fueron los que se hundieron.

-¿En algún momento pensó en un final más definitivo, como que los Crawley abandonaran la casa o despidieran a gran parte de la servidumbre?

-No hay que olvidar que Downton siempre fue una serie optimista, donde la gente es mayormente decente y hace lo mejor que puede, ya viva arriba o abajo. Sentí que el final tenía que tener ese mismo tono amable. En Twitter alguien publicó algo maravilloso: que "si Edith Crawley no es feliz para cuando llegue la escena de Nochebuena, más vale que Julian Fellowes duerma con un ojo abierto". Ese era el ánimo general en torno a la serie, ¿para qué aguarles la fiesta?

-Nada de escenas lacrimógenas alrededor del lecho de muerte de la condesa viuda.

-Downton no es ese tipo de serie. Acabo de ver todas las temporadas de The West Wing y la última temporada de Mad Men. ¡Estoy hasta acá de finales! Mad Men es una serie mucho más oscura que la mía y tuvo un final feliz. Hasta Elisabeth Moss, que en una escena descubre de pronto que está enamorada del tipo que trabaja en su departamento, parece tener un final feliz. Como uno ha seguido las vidas de esta gente durante tanto tiempo, quiere sentir que al menos su futuro inmediato es medianamente favorable.

-Tras años de desdichas, lady Edith finalmente tuvo su boda soñada ¿Qué piensa de la evolución del personaje a lo largo de la serie?

-Edith es un ejemplo de lo que les ocurrió a muchas mujeres de esa época. Si no hubiese comenzado la guerra, ella se habría casado con algún terrateniente local y probablemente nunca se habría preguntado si era feliz o no. Pero las cosas cambiaron y Edith tiene aventuras amorosas y empieza a trabajar. Pero como es una persona con mala suerte, deja de parecernos una quejosa malhumorada que fastidia a todo el mundo.

-Y como si fuera poco, en el penúltimo episodio, lady Mary revela su costado malicioso.

-¡Se odiaban! Nunca creí que hermanos y hermanas se llevasen siempre bien. Ni en la televisión, ni en las películas, ni en la vida real. Al menos en mi experiencia, no siempre es así.

-La vida de Carson está signada por la tragedia. ¿Los síntomas que empieza a exhibir en el final son las primeras señales del mal de Parkinson?

-Tiene temblores, que no sabemos si son fruto del Parkinson o no. Actualmente se los llama "temblores esenciales". Pero en la época de Carson, no tenían nombre: uno temblaba y punto. En la serie tratamos de mostrar que tarde o temprano serán nuestros cuerpos los que dirán basta. Un aviso de que al final del camino nos espera la Parca. Pero también quería mostrar ese triste momento en que Carson abandona la casa, porque sabemos que a partir de entonces nada será igual.

-Y así es que Thomas queda como el nuevo mayordomo de la abadía de Downton. ¿Quién puede pensar que ése es un final feliz?

-Supongo que para el propio Thomas es un final bastante feliz. Queda claro que no es una persona fácil, de la que hay que cuidarse.

-¿Cómo se siente ahora, después de varios meses?

-Todavía no se ha decidido, pero es probable que se filme la película, en cuyo caso, retomaremos el trabajo. Pero no voy a fingir que las cosas no cambiaron, porque durante seis o siete años de mi vida, la serie ocupaba por completo cada instante de vigilia. Arrancaba a escribir en septiembre y seguía escribiendo de corrido hasta julio. De pronto, esa rutina ya no existe, así que todo es muy extraño.

-Si surgen historias derivadas de Downton, como secuelas televisivas o un musical, ¿podrían llevarse a cabo sin usted?

-La verdad que no sé, porque todavía está todo en la nebulosa. Cuando uno escribe algo, en este caso un guion, llega un momento en que la productora pasa a ser dueña de los derechos. Por otra parte, no pienso ser intransigente al respecto. Estas cosas tienen su ritmo natural, y si se presenta una buena oportunidad, lo disfrutaría, sobre todo si se trata de una película.

-O sea que al menos en lo que a usted respecta, el final de la serie no es necesariamente el final de la historia.

-No necesariamente. Hay que ver qué pasa. Me gusta pensarlo como algo con continuidad, en vez de esos finales donde la casa se quema y listo, la historia se acabó. Me gusta sentir que en algún lugar la señora Patmore sigue recibiendo inquilinos y lady Mary sigue discutiendo las técnicas agrícolas de sus tierras. Todo eso me gratifica.

-¿Ya le pasó de descubrirse pensando otro comentario ingenioso para la condesa viuda y después darse cuenta de que no tiene dónde usarla?

-Todavía no, pero no me extrañaría que me pasara.
www.lanacion.com.ar

0 comentarios:

Publicar un comentario

Top 5 noticias mensual