14 may. 2016

Conoce al mexicano Mauricio Magdaleno, el “hombre de los diálogos de acero”

Emilio El Indio Fernández lo llamó el “hombre de los diálogos de acero”, mientras que el cinefotógrafo Gabriel Figueroa lo describió como uno de los pocos escritores que lograba un puente perfecto entre el guión y las imágenes.

Este 13 de mayo se cumplió el 110 aniversario del natalicio de Mauricio Magdaleno Cardona (Zacatecas, 13 de mayo, 1906–Ciudad de México, 30 de junio, 1986), escritor, periodista y guionista que exploró con su obra la condición humana enmarcada por lo mexicano, con sus pasiones, tradiciones, luz y oscuridad.

A Mauricio Magdaleno le tocó vivir el último suspiro del Porfiriato y el inicio de la Revolución en su natal Zacatecas, motivo por el que su familia tuvo que emigrar a la Ciudad de México, donde entró a la preparatoria gracias a una recomendación de José Vasconcelos, amigo de la juventud de su padre.

Posteriormente, gracias a su destacado desempeño, es becado para estudiar la universidad en España, donde se relacionó con los jóvenes que estaban cimentando nuevas ideas en la literatura, las artes y las ciencias. Fue en ese país donde comenzó su incursión en el periodismo gracias a un puesto que consiguió en el periódico El Sol, donde comenzó a hacer algunas crónicas y colaboraciones culturales.

A su regreso a la Ciudad de México, Mauricio Magdaleno se encontró con un México en pleno crecimiento y decidió dedicarse a la enseñanza en diversas escuelas públicas, pero al mismo tiempo desarrolló su actividad periodística en El Universal y El Nacional.

Para Mauricio Magdaleno 1927 fue un año decisivo, pues terminó su primera novela titulada Mapimí 37 y comenzó su incursión como creador escénico al adaptar y escribir obras teatrales en colaboración con Juan Bustillo Oro.

Por la misma época, dos jóvenes talentos, Emilio Fernández y Gabriel Figueroa, comenzaban a consagrarse como los constructores de una nueva época para el cine mexicano y de inmediato reconocieron en Mauricio Magdaleno a un cómplice con las mismas ideas que trataban de desarrollar.

Se cuenta que en 1941, antes de iniciar uno de sus proyectos en colaboración llamado Flor silvestre (estrenada en 1943), Emilio El Indio Fernández habló con Magdaleno sobre ese México que ambos habían conocido en sus tierras natales y que debía ser plasmado en el cine.

En esas juntas, entre Emilio Fernández, Mauricio Magdaleno y Gabriel Figueroa, se percataron que los recuerdos del director y guionista eran temas de muchas películas y Gabriel Figueroa era el mejor traductor de las imágenes que ellos contaban.

Sin embargo, lo que facilitaba también el proceso era la habilidad de Magdaleno para crear diálogos, para saber el punto exacto en que los personajes debían expresar algo con miradas, con silencios.

Mauricio Magdaleno dejó ese sello en María Candelaria (1944), Río escondido (1947), Salón México (1948), Pueblerina (1948) y La malquerida (1949), todas obras que colocaron a la cinematografía mexicana en uno de los sitios más destacados en el ámbito internacional.

En homenaje a su labor en el medio cinematográfico fue fundada en Morelia, Michoacán, la Escuela de Guión Cinematográfico Mauricio Magdaleno que en coordinación con el Centro de Capacitación Cinematográfica de la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal busca formar profesionales enfocados a la escritura de guión de largometraje, de ficción, documentales y toda clase de vertientes del mundo audiovisual.

Además de contar con la Cátedra de Guión Vicente Leñero, la escuela consta con tres aulas, una biblioteca con más de tres mil volúmenes y en constante crecimiento, una videoteca con más de mil 200 películas, así como asesoría a distancia por medio de un sistema de videoconferencias (Para mayor información consultar www.elccc.com.mx).

A la par de su éxito en el cine, Mauricio Magdaleno nunca descuidó su carrera literaria y continuó escribiendo novelas como Campo Celis, Concha Bretón, El resplandor, Sonata, así como numerosos cuentos que se recogerían en el volumen Ardiente verano.

Como lo describió Margit Frenk en una semblanza, en 1956, Mauricio Magdaleno fue electo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, y, desde 1957, ocupó la silla XXIV durante cerca de 30 años, hasta su muerte, ocurrida el 30 de junio de 1986.

Margit Frenk recuerda su discurso de ingreso a la Academia que se intituló, significativamente, El compromiso de las letras y que conmovió a todos los miembros.

En aquella ocasión, en su respuesta al discurso, Antonio Castro Leal afirmó que Magdaleno pertenecía a la generación literaria que aprendió lecciones de rebeldía y de esperanza en José Vasconcelos.
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