12 mar. 2016

¿Cómo proteger la propiedad intelectual de un videojuego?

JAVIER G. FERNÁNDEZ

La industria del videojuego no deja de crecer y cada vez está más presente en nuestras vidas. Sólo en 2014, el sector del ocio electrónico creció un 31%, hasta los 413 millones de euros de facturación, según los datos de El libro blanco del desarrollo de los videojuegos, elaborado por la Asociación Española de Empresas Productoras y Desarrolladoras de Videojuegos y Software de Entretenimiento (DEV). Se trata de más del triple de lo recaudado por la industria cinematográfica española en el mejor año en taquilla de su historia (con estrenos como Ocho Apellidos Vascos, El niño o La isla mínima).

Una rápida consolidación como motor económico que, sin embargo, no ha tenido su correspondiente desarrollo legislativo. Y es precisamente esta falta de marco legal lo que más preocupa a los desarrolladores de videojuegos ante las dificultades que supone determinar, dentro de un producto tan complejo, quién es el autor del mismo y proteger así su trabajo de posibles copias y reproducciones.

"Para proteger el videojuego hay que diseccionar cada parte", explica Carlota Corredoira, abogada de Metricson especialista en propiedad intelectual, en referencia a los múltiples elementos que lo conforman: software, vídeos, sonidos, imágenes, guión, personajes, marcas... De todos ellos, el software es quizá el más importante al tratarse del pilar sobre el que se asientan el resto de contenidos. En la actualidad, la protección del software en el ordenamiento europeo - y por ende en el español- se rige por las reglas del derecho de autor, lo que significa que el creador adquiere un derecho de explotación exclusivo del mismo durante un periodo de 70 años. Tiempo más que suficiente tratándose de una industria en continua evolución. En este sentido, desde Metricson recomiendan "inscribir las líneas de código o en el registro de la propiedad intelectual o, en su defecto, hacer un escrow".

CONTENIDOS AUDIOVISUALES
Igual que el cine encontró en el teatro y la novela decimonónica la base sobre la que contar sus historias, los videojuegos han encontrado en el cine el vehículo perfecto para introducir a los jugadores en sus complejas tramas, de modo que cada vez es más corriente observar actores famosos adaptados a la consola y cinemáticas de mayor calidad técnica. Es por este motivo que conviene, como apunta Corredoira, proteger elementos como la banda sonora o los vídeos "documentando la gestión de estos derechos en favor de la productora por medio de contratos".

Conviene también dejar muy claro a quién corresponde la autoría y la explotación de los derechos del guion. Y es que casi todo videojuego es también una obra literaria en tanto que los protagonistas mantienen diálogos y existe un marco narrativo en torno al cual se desarrolla la trama. "El guion tiene una línea narrativa y una lógica interna que puede ser muy importante de cara a vender posteriormente los derechos para, por ejemplo, hacer una película", indica la abogada de Metricson. Ejemplos de videojuegos, o personajes de los mismos, que han sido trasladados a la gran pantalla son Prince of Persia o Rompe Ralph.

PERSONAJES REALES
A medida que los desarrolladores dan vida a un personaje este va adquiriendo una serie de rasgos que le confieren un carácter único: como atributos físicos, habilidades u objetos vinculados al mismo. Basta con pensar en Super Mario para comprobar como un bigote y un sencillo hilo musical se han convertido en una parte intrínseca del pequeño fontanero. A este respecto, los expertos recomiendan para evitar riesgos inscribir al personaje en el registro de la propiedad intelectual. Asimismo, el nombre, apariencia o algún sonido distintivo pueden ser registrados como marca para evitar su posterior reproducción.

La estrecha relación entre el cine y la industria de los videojuegos lleva a que cada vez sea más común que actores reales presten su imagen para dar forma a personajes del mundo virtual. En la obra Call of Duty: Advanced Warfare, el actor Kevin Spacey -celebre por dar vida en la ficción al político Frank Underwood- encarna al fundador de una perversa organización militar privada. Esto abre una nueva capa de complejidad legal ya que requiere un minucioso proceso de negociación de los derechos de imagen por medio de contratos.

Además, una buen parte de las ganancias de un videojuego pueden venir por la vía del merchandising, por lo que es especialmente importante para las compañías proteger todos aquellos elementos que puedan ser susceptibles de ser explotados posteriormente: como el nombre, el logo, los personajes o la música. Para evitar problemas, recomiendan desde Medtronic, es imprescindible registrar dichos elementos como marca en la Oficina Española de Patentes y Marcas.
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El Inquilino Guionista

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