29 feb. 2016

La novelista y guionista Emma Donaghue ("La habitación") nos desvela las claves de adaptarse a sí misma

No resulta nada habitual que el autor de una novela escriba su adaptación para el cine, sobre todo cuando se trata de su primer guión. Pero Emma Donaghue, responsable de “La habitación”, lo ha hecho, y con magníficos resultados, incluida una merecida nominación al Oscar. La escritora nos explica su insólita experiencia.

¿Qué le parece que su novela haya sido convertida en una película que se ha constituido por derecho propio en la sorpresa de la temporada?

Siempre pensé que La habitación podía ser una película debido a la fuerza de la historia, pero también era consciente de que se necesitaría a un realizador muy inteligente para encontrar la forma de darle vida. En cuanto acabé la novela, incluso antes de que se publicara, empecé a trabajar en el guión. Me pareció el momento idóneo, nadie iba a interferir, podía hacer lo que quisiera. Y ya que nunca había escrito un guión, pensé que me vendría bien tener una primera versión cuando surgiese la idea de hacer una película. La incertidumbre suele atormentar a los escritores, pero con La Habitación supe desde el principio lo que quería hacer, seguí mi instinto.

  
Con los mimbres de la trama se podía haber concebido algo más cercano al género del terror. Sin embargo, nos encontramos con algo muy distinto...

Fue una forma de explorar la vida cotidiana de una madre y su hijo partiendo de una situación extrema, una forma de explorar el abanico completo de emociones que entran en juego en el drama de nuestras vidas.

Una de las ideas subyacentes en la novela es que los niños tienden a prosperar. Siempre que tengan cariño y afecto, incluso en circunstancias sombrías e incomprensibles, su enorme adaptabilidad les permitirá encontrar una forma de estar bien y de crecer.

En la novela, el niño, Jack, es el narrador, y en la película también, lo que sin duda es arriesgado.

El lector entiende poco a poco lo que ocurre a través de las pistas que le ofrece Jack, pero entendí que para el público en un cine, la historia debía tener impulso desde el principio. Tampoco quería que hubiese mucha voz en off. Desde luego, era lo más fácil, pero no me apetecía hacer lo más fácil y apoyarme tanto en la vertiente literaria. Me interesaba saber si funcionaría entrar de lleno en la vida de la madre y el niño en esa habitación.

Más adelante usamos la voz en off, pero nunca para explicar lo que ocurre ni para agudizar la emoción. Al contrario, no suele tener mucho que ver con lo que pasa en la pantalla, se trata más bien de lo que piensa Jack en ese momento.

Resulta curiosa la idea de la habitación, un espacio cerrado y de exiguas dimensiones, como un pequeño mundo...
Me esforcé en crear subespacios, como “Debajo de la Cama”, “Armario”, “Baño”, y tratarlos como decorados diferentes. No quería incidir en el sentimentalismo del prisionero, sino mostrar que muchas personas que han vivido en espacios muy reducidos –prisioneros o místicos–, han creado mundos enormes en su imaginación. Vista desde fuera, la habitación tiene aspectos horripilantes, pero desde la perspectiva de Jack, es su hogar, y eso era exactamente lo que debíamos sentir.

Dentro de la habitación, falta el espacio, no hay mucho donde escoger, pero está la magia y el humor de una madre y un hijo inventándose el mundo cada día.

Evidentemente las cosas cambian cuando nos encontramos en el exterior de la habitación...

Aunque la segunda parte no tiene nada que ver, creo que aporta universalidad a la película. Muy poca gente ha pasado por un cautiverio, pero en algún momento todos nos hemos dado cuenta de que la relación con nuestros padres ha cambiado. De pronto, Jack descubre cosas de Mamá que desconocía. En la habitación, todo giraba alrededor de él, pero ahora debe compartirla, ver cómo se comporta con otras personas.

La vida de Mamá cambia radicalmente cuando se escapan de la habitación. No solo debe enfrentarse al hecho de que ha perdido parte de su juventud, también se ve rodeada de periodistas y reporteros que primero la convierten en una madre heroína para luego destrozarla. Aparte de eso intenta recuperarse a sí misma y conectar con Jack de otra forma.

¿Cree que los medios no saben respetar la privacidad de las personas en situaciones extremas como la que muestra La habitación?

Sabía que la película plasmaría los aspectos mediáticos de la historia porque observar a Jack y a Mamá en esa situación ya implica un aspecto voyeurístico. Lo más difícil para Mamá es que unos extraños la describan como el símbolo de la madre, pero ella siente que la relación que tenía con Jack en la Habitación está cambiando.

Novela o película, ¿con cuál se queda?

Una novela es un pequeño mundo privado, pero el cine se hace en equipo. Es fácil sobrestimar el poder de las palabras en una película como esta, cuando en realidad el resultado final tiene mucho más que ver con la atmósfera, las interpretaciones y todos los detalles que Lenny, el estupendo reparto y el equipo técnico han aportado a cada momento. Me sigue gustando la autonomía que significa escribir una novela, pero esta experiencia me ha dado grandes alegrías.

Lenny Abrahamson ha hecho un gran trabajo de dirección...

La carta de Lenny era muy específica, incluso citaba a Platón, y pensé que había entendido lo que yo quería. Me dio la sensación de que actuaba como lo haría un padre, o alguien que quería entender la relación entre padres e hijos. A medida que trabajábamos en el guión, los dos hablábamos de lo que nos había pasado en algún momento con nuestros hijos. Conversar sobre el vínculo que une a padres e hijos nos permitió establecer una conexión muy fuerte.

Lenny entendió que la película no tenía que encerrar al espectador en un espacio claustrofóbico. Veía la habitación como un microcosmos que la cámara podía explorar. Entendió inmediatamente que ese espacio que Mamá considera peligroso es un universo lleno de amor y seguridad para Jack.

¿Qué le parece el trabajo de Jacob Tremblay, el niño que da vida a Jack?

Es mágico. Vi unas cuarenta pruebas, pero Jacob es seguro de sí mismo, diferente, lo opuesto a un niño malcriado. Es muy normal, con muchas ganas de jugar, justo lo que necesitábamos. Y tiene un cara preciosa que contrasta fuertemente con la fealdad de la habitación.

Brie Larson también descolla encarnando a Mamá...

Estoy entusiasmada por el trabajo de Brie y su encarnación del personaje. Su gama de emociones es enorme. Tiene momentos espléndidos, pero no le asustó tocar el lado oscuro del personaje e incluso perder un poco la cabeza.

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