22 ene. 2016

"Shakespeare tampoco era considerado autor": entrevista a Paula Markovich

Por Erick Baena Crespo

Paula Markovitch (Buenos Aires, 1968) afirma que no hay diferencias entre un relato -que puede convertirse en un film- y un texto para cine -que es una pieza literaria-. Por eso, para ella, su libro de cuentos El Monstruo (Colección Altamira/ Ediciones de Buena Tinta/ Universidad de la Comunicación, 2015) es también, y al mismo tiempo, una serie de propuestas cinematográficas.

“Un texto que nace como un poema o un apunte literario, puede propiciar una puesta en escena. Considero que los cuentos que escribo, son además, y al mismo tiempo, piezas para cine”, dice.
Por este libro, al que Marcovitch le invirtió 10 años de escritura y reescritura, deambulan seres atormentados, sombríos, pero a la vez entrañables. 

“He querido reflejar en cada cuento un recorrido”, explica. Y agrega: “¿Somos de verdad causantes de lo que nos pasa? Quizás hay un monstruo en el fondo de cada uno de nosotros. Alguien inconcluso, desesperado o alegre, ridículo. Y sobre todo inexplicable”.

Para muestra basta un botón: El cuento titulado El Negro narra la historia de un hombre que habla frente a la tumba de Martín Iñiguez, reconocido escritor. Revela que él escribió las siete novelas de Iñiguez. Y ahora no puede escribir algo “propio”. Es el drama de un hombre desesperado, sin identidad, quien, en su delirante monólogo, dice con brutal honestidad: “Lo odio, lo detesto, quiero escarbar en su tumba y golpear su calavera que debe estar hueca. Quiero despertar a los gusanos que se deben haber comido sus recuerdos, quiero decir, mis recuerdos”. 

En la nota preliminar del libro, Markovitch escribe: “Creo que en estos relatos los personajes sienten la necesidad de morir un rato”.

Marcovitch ha escrito o coescrito las películas Sin Remitente (1994), Temporada de Patos (2004), Lake Tahoe (2008) y Dos abrazos (2008), además de dirigir El premio (2011), por la que ganó el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín.

En entrevista con Plot Point, Marcovitch habla sobre su más reciente libro y reflexiona sobre la frontera entre el cine y la literatura.

PREGUNTA: Tus cuentos tienen grandes elipsis. Se dice que el largometraje está emparentado con el cuento y las series de tv con la novela. ¿Escribiste El Monstruo con conciencia de eso? 

RESPUESTA: No coincido del todo con estas vinculaciones. Yo creo que los formatos audiovisuales están variando. La antigua rigidez de la duración de las obras audiovisuales (largometraje, corto, serie) se está volviendo cuestionable.

¿Por qué no podemos tener películas de 40 minutos o de 15 horas?

Creo que, con el advenimiento de formas alternativas de difusión, como el internet, la obra audiovisual está reconquistando su derecho a durar “lo necesario”. ¿Acaso no existen relatos de una sola página, de 10, o de mil? ¿Por qué las películas deberían durar una hora cuarenta minutos, exactamente?

En ese sentido, creo que los formatos y las duraciones estándares se están flexibilizando saludablemente. Tanto en el cine como en la literatura.

P. En algunos de tus cuentos, la trama principal tiene sus derivaciones. No necesariamente se abren subtramas, pero sí, esas bifurcaciones, abonan al efecto sorpresa de algunos finales. Da la impresión que cuando escribes no conoces el final de la historia. ¿Es así? 

R. Mientras escribo tengo algunas ideas acerca del final, pero, si la inspiración me acompaña, los personajes suelen hacer lo que se les da la gana.

P. El desamor, la insatisfacción, el fracaso y las familias disfuncionales son algunos de los temas presentes en El Monstruo. ¿Identificas a estos como tus temas y obsesiones literarias? 

R. Supongo que esos temas que describes son mis obsesiones. En cuanto a la familia disfuncional… yo no conozco una sola familia que “funcione bien”. Además, la hipotética “normalidad”, aún en el caso de que fuera posible, sería diferente para las distintas culturas. A mí me fascinan las situaciones crueles y a la vez absurdas. Y también lo terrible y fascinante del mundo.

P. En estas relatos, ¿qué tanto de reescritura hay?

R. Reescribo mucho. Trabajé los relatos de El Monstruo a lo largo de diez años. Sin embargo esa reescritura únicamente me ayuda a fortalecer el alma de un relato. Si ese espíritu no aparece desde el comienzo, no tengo manera de rescatarlo. La chispa, la energía original de una pieza, es imprescindible desde el comienzo.

P. Casi todos tus cuentos están escritos en primera persona; no obstante, son historias que se podrían llevar a la pantalla. ¿Cómo se puede trasladar la primera persona a la pantalla? ¿A través del punto de vista? 

R. Yo creo cualquier historia “se puede llevar a la pantalla”. También un chisme intercambiado entre vecinas. ¡Incluso se puede filmar la lista del súper!

Creo que la tercera persona, instituida como “obligatoria” en los textos para cine,  es nociva porque propone un narrador estándar que luego es muy difícil de interpretar. No veo ningún inconveniente en filmar basándonos en un texto en primera persona. Bergman escribía sus piezas para cine en primera persona. 

Yo creo que hay que partir de que un rodaje es siempre una “traducción”.

Un texto no se puede filmar, se filma siempre “una adaptación”.

Aunque un texto esté enmascarado, con la apariencia de un instructivo (un guión), de todas maneras es un texto literario. Y la filmación es siempre una traducción. En ese sentido, me pregunto: ¿Por qué no realizar textos bellos y expresivos que inspiren mejor esa traducción?

¿Por qué restringir nuestro vuelo lingüístico en el momento de escribir “guiones”? ¿Por qué escribir cine como si no estuviéramos escribiendo?  

P. Quizá, por eso, muchos guionistas incursionan en la narrativa. ¿Crees que se deba a que, en algunos casos, sienten que esa “traducción” no le hace justicia a la historia y el universo que escribieron? 

R. Es evidente que el consenso actual no le atribuye autoría al escritor de cine. El escritor de cine no es visto como un autor y sus textos (guiones) no son considerados obras, sino borradores de una obra futura: la película.

¡Pero los consensos suelen estar equivocados! En los tiempos de Shakespeare tampoco los escritores de teatro eran considerados autores. Yo creo que un escritor es siempre el autor de sus historias (en cualquier género), y que los textos para cine son piezas literarias.

Considero que el consenso actual es aberrante, pues no le atribuye autoría al escritor de cine. Por esa razón los escritores suelen migrar a otras disciplinas que les permitan sustraerse de la enajenación y recobrar la autoestima artística, imprescindible para poder emprender con salud, cualquier proceso creativo.

P. Lápiz, uno de tus relatos, me parece que podría dar pie a un largometraje. ¿Tienes planes para que algunas de las historias de El Monstruo se conviertan en película?

R. La directora Alejandra Sánchez, mi amiga, ha elegido mi relato “Mi vida” como punto de partida para una película. Le he sugerido que adapte el cuento con total libertad. Para mí es claro que el cuento es mi obra. Y que ella se basa en mi relato para realizar una pieza audiovisual suya, que estoy segura que será muy bella. El relato “El asesino” ha sido representado, pero en el teatro.

Creo que las historias de “El Monstruo”, como muchas otras historias de otros escritores, podrían ser interpretadas por diferentes directores, en distintos géneros, cuantas veces se desee.
Imagen

Y Paula Markovich haciendo una gran diferencia entre producir cine de autor y cine comercial

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