13 ene. 2016

Guionista de la serie biográfica "Celia", se defiende de numerosos ataques

Jaime Masó Torres

Entre polémicas y aplausos la serie televisiva dedicada a la cantante Celia Cruz continúa en las pantallas de varios países de América Latina y de Cuba también, gracias a las redes ilegales de televisión por cable y la circulación de contenidos de memoria USB en memoria USB. Para algunos el melodrama cae en varios errores históricos, pero otros se dejan atrapar por la ficción sin mostrar ningún interés a lo que pudo o no ser realidad.

Andrés Salgado, uno de los guionistas de la bio-novela y libretista de éxito en el mercado hispanoamericano, revela para OnCuba las motivaciones y estrategias que siguió en la escritura de la obra. Sin rubor asegura que el objetivo fue “impactar al público a través de un hecho que fuera visualmente atractivo”, un propósito que logró “con creces”, agrega.

Junto a Paúl Rodríguez ha “caminado los pasos” de una artista que considera “la metáfora palpable del valor e hidalguía de la mujer honesta y limpia que asciende por encima de sus obstáculos para alcanzar sus sueños en una época donde, a nivel musical, una mujer de su condición económica no tenía tanto el terreno allanado y las facilidades de ahora”.

La serie Celia es también un capítulo más en el inacabado debate entre las libertades de la ficción y la verosimilitud pedida por una parte del público a los relatos históricos. Andrés Salgado lo sabe y al parecer ha aprendido a lidiar con ello.

Pienso, Andrés, que uno de los mayores logros de la serie fue hacerla primero e inspirarse en una leyenda como Celia. Pero no hay obra perfecta. ¿Por qué, al final, salieron escenas con errores históricos? Por ejemplo, la llegada a La Habana de los rebeldes. ¿Acaso un pedido expreso de los productores? ¿Una visión muy particular de la Cuba que usted no vivió? ¿Obligación o desconocimiento?

Ninguna de las anteriores. Antes que nada me gustaría dejar claro que esta pregunta yo no la contestaré desde la historia, ni rindiéndole cuenta a historiadores ni a documentalistas, los cuales, respeto pero no me interesan más que como televidentes. La representación histórica de ese momento en particular fue ficcionada con el único objetivo de impactar al público a través de un hecho que fuera visualmente atractivo y francamente creo que se logró con creces.

Nadie al recordar la novela con el tiempo, olvidará ese momento, pero no por el “error” histórico sino por lo emotivo (que es lo que interesa en un producto de ficción), porque fueron unas escenas contundentes que sirvieron de metáfora para representar la presencia de un poder político que se instaló en la isla y que perdura hasta hoy con sus defectos y sus virtudes.

Yo comprendo que algunas personas -sobre todo las que entienden menos de lo que implican los procesos adaptativos, los procesos del paso de la realidad a la ficción y cómo funciona esto- se puedan sentir indignadas. Pero lo que sí está claro es que escribir ficción tiene sus leyes y que esas leyes hay que respetarlas para que un producto como este sea exitoso y marque las emociones del público.

Con Aymee Nubiola y otros participantes en la serie Celia. Foto: cortesía del autor

¿No cree que la ficción se impuso demasiado?

Creo que la ficción se impuso cuando la realidad del momento que necesitaba contar no era lo suficientemente atractiva. Pero situaciones tales como el concurso que Celia ganó, la prohibición de su padre fogonero, la adoración y complicidad con su madre, el homosexual que había en su familia, su participación en la Sonora, el romance de ella con Pedro dentro de la orquesta, los hijos de Pedro antes de conocerla, su exilio, la llegada a México y su participación en el bolero, su matrimonio, la relación con la Fania, la alianza con Ralph Mercado, su enfermedad y su muerte; todo esto son eventos que se recrearon con un respeto y una fidelidad notoria al igual que su producción musical y la representación de sus valores y su talento.

Creo que los que critican deben entrar en el juego de la serie, hay que estar despiertos con lo que narra la serie, porque aunque a primera vista algunas personas pueden ver situaciones cambiadas, si lo analizan más a fondo entenderán que no estamos tan alejados del ambiente natural de lo que fue. Hay que aprender a ver más allá y descubrir las metáforas de los procesos adaptativos en un drama tan exitoso como este.

Finalmente pienso que es un poco ridículo juzgar la calidad de un producto de entretenimiento desde el rigor “documentalista” o histórico que además es prepotente. Ni siquiera un documental o un libro de historia cuenta las cosas como fueron. Hay casos en donde hermanos de la misma madre cuentan la vida de ella de maneras distintas. Hay muchas miradas de un mismo asunto.

Ese juicio histórico sobre un producto de ficción además es ilusorio. Es tan absurdo como si yo dijera que las clases de matemáticas que me imparte el profesor de mi escuela no sirven porque no me entretienen y que por esa razón, al profesor hay que echarlo del colegio. Espero haberme explicado bien.

¿Le hubiera gustado escribir la serie con guionistas cubanos?

Aunque en principio invité a una colega cubana a que fuese la asistente de guiones, ella no tuvo tiempo. La cosa quedó ahí. Luego entendí que fue lo mejor: haber metido a un guionista o a un director de Cuba hubiera sido quizás politizar demasiado una historia cuyo único objetivo es entretener y no dictar cátedra.

A lo mejor, la escritura de los capítulos se hubiera convertido en una especie de espacio terapéutico para esa persona y no estaba para eso. Si algo tuve claro es que no quería que la serie tuviera únicamente el “sabor” cubano. Yo quería que Celia tuviera el sabor mundial que tuvo. Porque Celia no es patrimonio de Cuba; Celia es patrimonio del mundo.

Creo que los grandes personajes de la historia dejan de ser locales y pasan a ser de todos porque su obra trasciende fronteras de espacio y de tiempo.

Una de las series más exitosas que se presentan actualmente se llama Narcos y habla sobre el Cartel de Medellín. Los guionistas –que no son colombianos– cuentan su versión de las cosas. Muchos eventos no ocurrieron como usualmente se conocen, pero es válido. Son versiones, todas las miradas son útiles. El drama es eso: miradas, lentes, versiones de la realidad.

Creo que hemos logrado cosas muy bonitas: escuchar a la gente decir que gracias a la serie quieren conocer Cuba, o la casa de ella en New Jersey o el Teatro Puerto Rico en Nueva York, o la música de la Sonora o la historia documental de Celia, es realmente reconfortante. Ver los videos que las personas suben con sus hijos pequeños gritando “azúcaaaa” mientras bailan con las imágenes de la novela, le da alegría a uno como autor.

Lograr que en la Isla y que en cualquier lugar donde la serie se presenta, la familia se una para verla, gozarla, comentarla, criticarla, todo eso es reconfortante. Que la serie sea tema de conversación en cafés, en la mesa, es fantástico. Uno como escritor no pide más.

Andrés Salgado y Juana Bacallao. Foto: cortesía del entrevistado

¿Escribe Andrés Salgado por encargo o tiene ya la libertad de proponer cualesquier libreto a determinada productora?

Llevo 22 años escribiendo historias. He escrito historias originales como El Joe o Perro Amor y por encargo como Celia. Eso sí, siempre y cuando me interesen como producto.

¿Volvería a estar Cuba o algunos de sus personajes musicales en una próxima historia suya?

Mi relación con Cuba seguirá siendo la misma. Seguiré viajando siempre a la isla. Adoro el país, su gente, su cultura, su música, sus paisajes, su comida. Y sobre si escribiré sobre personajes musicales cubanos, yo solo puedo decirle que para un escritor, la inspiración no sabe de fronteras.

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