27 oct. 2015

Reconoce la huella de Shakespeare en los guiones de las series + famosas

LAURA FERNÁNDEZ
John Logan, creador de la algo macabra 'Penny Dreadful', puso en boca de un joven doctor Frankenstein la siguiente frase: «Mi madre me enseñó muchas cosas; entre ellas que siempre hay que tener a Shakespeare a mano». En ese momento. Logan reconocía a través de su personaje que todo aquello que toca (desde 'Gladiator' hasta 'Skyfall') le debe algo a Shakespeare. «No es raro que se invoque a Shakespeare constantemente. Se ha dicho a menudo que hoy en día Shakespeare se dedicaría al cine o la televisión. Nosotros preferimos matizar que si Shakespeare no nos hubiera regalado su teatro hace 400 años, nadie podría escribir 'Los Soprano' con los poderosos recursos narrativos con los que lo hace», dice Xavier Pérez, coautor de 'El mundo, un escenario' (Anagrama), ensayo convenientemente subtitulado 'Shakespeare: el guionista invisible'.

¿Está Shakespeare detrás de Walter White, y su descenso a los infiernos? ¿Lo está detrás del palabreo de Don Draper con el que el publicista sustenta su propio yo de ficción? ¿Está en la manera en que Kevin Spacey, el despiadado Francis Underwood de 'House of cards', derriba la cuarta pared y se dirige al espectador? Por supuesto. ¿Pero está ahí porque cada uno de sus creadores ha pretendido rendir homenaje, como John Logan, al maestro, o porque su legado está tan en todas partes que no se puede escapar a él? Más bien esto último. "Es la propia fuerza de la tradición la que te lleva a un lugar que te conecta directamente con Shakespeare", dice Pérez, profesor universitario y experto en narrativa audiovisual y su conexión con el pasado. 

"Vivimos en un mundo en el que todo es representación", añade Jordi Balló, su compañero en esta aventura, que lo fue también en 'La semilla inmortal' y 'Yo ya he estado aquí', dos ensayos previos en los que analizaban la manera en que la ficción clásica influía en el cine (en el primer caso) y las series (en el segundo). Ahora, el punto de partida es Shakespeare y toda la ficción audiovisual. Sobre todo, las series que parecen "estar dos pasos por delante" de la cinematográfica. "En lo que respecta a su relación con el universo 'shakespeariano', lo serial tiene más relación con él, sobre todo por la apuesta clara por la trama coral, que el cine había abandonado", asegura Balló, que pone como ejemplo 'La red social'. La cinta de David Fincher arranca en plena discusión, como deudora de algo que Shakespeare hizo antes que nadie y que hoy está por todas partes: lo de iniciar cualquier escena en mitad de una discusión, o de una conversación de la que el espectador no tiene por qué tener ni idea. "Ahora ya no nos resulta extraño porque nos hemos acostumbrado, pero es algo completamente moderno, que Shakespeare introdujo exactamente de la manera en que se utiliza hoy", argumenta Balló. Por otro lado, y en el mismo sentido, "hay una democratización en Shakespeare que también es propia de la ficción contemporánea, sobre todo, la serial, existen infinidad de personajes, y todos están al mismo nivel", añaden. 

Mencionan, como ejemplo, el protagonismo que Mercutio estaba adoptando en 'Romeo y Julieta', un protagonismo que obligó a Shakespeare a matarlo. Eso ocurre hoy en día constantemente. Personajes secundarios que ensombrecen al principal (ocurre en 'The good wife', aseguran en el libro, con los juristas que atienden los casos) y que a menudo tienen que desaparecer para que la historia continúe. Por no hablar de 'Juego de tronos', esa oda al personaje caído. "Luego está la idea del personaje excesivo. Muy carismáticos y vinculados al mal. Como Walter White, que podría ser Ricardo III. 

Y, por supuesto, los diálogos brillantes", expone Xavier Pérez. "En el teatro isabelino, el de la época de Shakespeare, no había ideas originales. Todos trabajaban con las ideas de todos. De manera que cada obra era una suma de muchas ideas y a menudo también era como una pequeña competición entre autores de diálogos brillantes. Pensamos que las salas de guionistas de las producciones de hoy en día no deben ser muy distintas. De ahí que todo sea tan brillante. En realidad estamos viendo el resultado de guionistas compitiendo. Uno escribe una cosa, el otro, otra. Duelos de ingenio, como en la época isabelina. Porque el cine y la televisión son creaciones colectivas", dice Jordi Balló. En ese sentido, añade, "vivimos un momento apasionante", porque "no hay nada dicho, todo sigue en marcha, seguimos en un momento de invención, en un estado de gracia". Un estado de gracia que no podría existir sin creadores valientes. Y eso fue, por encima de todo, William Shakespeare. Un osado. Dice Pérez: "Imaginó el cine antes del cine. Imaginó una tempestad para 'La tempestad', cuando sabía que no podía tenerla. Le pedía al espectador que la imaginara, sospechando que llegaría el día en que no tendría que hacerlo". Y no se equivocaba.
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