12 oct. 2015

8 guiones que revolucionaron al mundo

Por: J. Ivan Morales
Las definiciones que podríamos inventarnos para un calificativo tan ambicioso como el de 'guiones que revolucionaron al cine' son muchas y variadas. Esencialmente de lo que se trata, es de señalar aquellos guiones cinematográficos que por sí mismos, haciendo muy poco caso a la película terminada, constituyen una ruptura en el esquema tradicional de la estructura dramática convencional. Todos comparten la cualidad de ser parteaguas, de marcar un antes y un después. Algo cambiaron.

En esta lista (que de ninguna forma pretende ser un top, best of, o colocarlas en orden de importancia, sólo cronológicamente) no verán los mejores guiones. No encontrarán, por ejemplo, los guiones de Fargo (1996) o Blade Runner (1982), porque a pesar de ser excelentes y definitivamente dignos de un listado de "mejores", las reglas bajo las cuales funcionan, operan y están construidos son básicamente las mismas que antes. Tampoco encontrarán otras como El acorazado Potemkin (1925), Memento (2000) o Rashomon (1950), porque su originalidad y cualidad como revolucionarias recaen en el cineasta (Eisenstein, Chris Nolan y Kurosawa), no en su guión per se.

Eso dicho, basta de justificaciones, continúen y haremos el mayor esfuerzo de justificar el compendio... y si con alguna no están de acuerdo, para eso están los comentarios.
Pulp Fiction (1994)
Guión: Quentin Tarantino y Roger Avary
Director: Quentin Tarantino

¿De qué forma es especial Pulp Fiction? ¿De qué forma NO es especial? Y no es sólo el contar todo fuera de orden, ignorando casi completamente cualquier estructura tradicional donde primero viene el set-up, después el desarrollo, luego un clímax y fin: eso es lo de menos. Tarantino y Avary construyeron una obra completamente original utilizando el lenguaje, situaciones, personajes y motifs que todos conocemos simplemente porque hemos ido al cine antes. Su interés principal nunca estuvo en contar las hazañas del matón a sueldo o el boxeador fracasado (aunque lo hace), su interés estaba en tomar a esos personajes prefabricados de género y esas mismas historias típicas y colocarlas en un contexto diferente. Es decir, armar algo original usando las mismas piezas viejas de todo lo que vino antes. Su influencia en los filmes posteriores ha sido tan clara que el nombre de Tarantino se volvió un adjetivo, incluso desde aquel entonces. Pero mejor lo dijo el crítico Gene Siskel: "la intensidad violenta de Pulp Fiction (...) toma a una cansada y sobrevaluada industria del cine y, utilizando gente de mal vivir, refleja lo aburridas que se han vuelto las demás películas. Y eso, quiero predecir, será el último honor para Pulp Fiction. Como todos los grandes filmes, critica a otras cintas".
Sixteen Candles (1984)
Guión: John Hughes
Director: John Hughes

Vamos a mencionar un guión de John Hughes y ¿no es The Breakfast Club? Pues no. Y la razón es simple: Sixteen Candles vino antes y estableció las reglas de la comedia de adolescentes inadaptados. Lo que eventualmente desembocaría no sólo en Breakfast... sino hasta Clueless, American Pie, Beverly Hills 90210 y hasta a iCarly. Es más, si lo llevamos aún más lejos, es la misma plantilla para Dazed and Confused, Twilight y hasta Juno. Y es que hasta el momento del estreno de Sixteen Candles, las cintas para adolescentes eran casi nulas y realmente no lidiaban con lo que a los jovenes les interesaba. ¿Por qué? Pues porque ellos no pagaban sus entradas al cine. Pero Hughes le dio al clavo abriendo todo un mercado y un mundo de posibilidades en el que los jóvenes tenían algo más interesante que ver en el cine, y que es más, se reconocían (a sí mismos o a sus compañeros) en la pantalla. Después de todo, aquellos de allá arriba tienen los mismos problemas. Todos. Desde el chico inadaptado, la niña fresa mamona y el chistosito de la clase, hasta el rebelde y el matado.
Annie Hall (1977)
Guión: Woody Allen
Director: Woody Allen

¿Qué sería de la comedia romántica sin Annie Hall? Sin aquel breakthrough que representó este guión en la carrera de Woody Allen (quien hasta el momento sólo había realizado comedias simplonas), hoy no entederíamos lo mismo cuando hablamos del género. Esta relación amor-odio entre Alvy Singer y la titular Annie, revitalizó el género romántico que hasta entonces o trataba del dramón arranca-lágrimas o la comedia de enredos, poniendo la atención sobre dos personas normales (bueno, casi) cuyo único problema es que ninguno entiende por qué están juntos. ¿Y qué hacen? Hablan. Podemos encontrar las raíces para AH en muchos lados, desde esos intercambios de diálogos rápidos y precisos de cintas como Bringing Up Baby, hasta la herramienta de colocar a los personajes dentro de un recuerdo de alguno de ellos, como hiciera Bergman en Fresas salvajes. Pero son todos estos elementos –además de la ruptura de la cuarta pared y las secuencias animadas– las que convierten a Annie Hall en un guión en verdad revolucionario y la plantilla para todo lo que hoy entendemos como comedia romántica.
Picnic at Hanging Rock (1975)
Guión: Cliff Green
Director: Peter Weir

Famosa, además, por ser una de las primeras cintas australianas en tener una distribución mundial, la cinta sigue a un grupo de jovencitas estudiantes que desaparecen misteriosamente durante un picnic y visitan una formación rocosa en el campo. El filme parece salir de un sueño, como si la contara alguien que permanentemente está en ese estado, todavía apenas lúcido, momentos antes de quedarse dormido. Y así, las muchachas junto con una maestra desaparecen y la razón nunca es explicada. La cinta está basada en la novela homónima de Joan Lindsay, y aunque se supone que la autora sí detalló las razones de la desaparición, ése capítulo fue removido de la versión final, envolviendo a la historia en un sinfín de teorías que al público moderno le recordará la forma en que hoy intentamos desmenuzar historias como Lost o Mulholland Drive en búsqueda del significado oculto en una forma de relato que se balancea entre la ambigüedad y la realidad. Algo verdadermente interesante de Picnic At Hanging Rock, y que comparte con la ya mencionada Lost, es que podemos encontrar respuestas en lo sobrenatural tanto como en lo completamente real y mundano. Y así, el público puede contestar las preguntas centrales de la trama con casi cualquier respuesta. Aunque para los que no se aguanten las ganas, pueden encontrar por ahí The Secret of Hanging Rock... pero, ¿realmente quieren saber?
The Wicker Man (1973)
Guión: Anthony Schaffer
Director: Robin Hardy

Primero la advertencia: Si van a buscar esta cinta, asegúrense que sea la versión que Roger Corman remasterizó en el 2001, pues es la única que contiene la visión completa (de 100 minutos) que Robin Hardy y Antony Schaffer (el guionista) tenían planeada y que, por decisiones ejecutivas, se tuvo que cortar para su estreno comercial en 1973.

La trama sigue la historia de Neil Howey, un sargento de la policía que llega a un isla remota para investigar la desaparición de una jovencita. Al llegar, sin embargo, se encuentra con que nadie ahí parece haber oído de ella y las preocupaciones de este devoto cristiano crecen al observar los extraños rituales paganos que los locales practican. La historia avanza y, poco a poco, nos vamos dando cuenta que a lo que le estamos prestando atención, quizás en realidad no sea lo importante. El guión toma prestados elementos de cintas de misterio, de horror y hasta de musicales, convirtiéndolo en uno de los ejemplos más notables de la originalidad. Aunque comenzó como una adaptación libre a la novela Ritual de Dave Pinner, el guión de Schaffer lo lleva mucho más lejos y no es sorpresa que se convirtiera en el filme de culto que es hoy en día.
Lo que sí, es que por lo que más quieran: aléjense del remake del 2006, pues es una de las evidencias principales de por qué los refritos son generalmente una mala idea.
 
If... (1968)
Guión: David Sherwin
Director: Lindsay Anderson

Si no han visto la cinta que prácticamente fue la audición de Malcolm McDowell para el papel de Alex en Naranaja mecánica, se están perdiendo de una de las joyas no sólo del cine británico, sino de la historia fílmica mundial. Partiendo de lo que sería un guión más convencional llamado Crusaders, el director Lindsay Anderson (ayudado un poco por su pasado como documentalista y con gran influencia visual evidente de Cero en conducta de Jean Vigo), creó una de las películas más incendiarias en uno de los años más turbulentos que el mundo ha vivido: 1968. Lo verdaderamente especial de If... es la forma en que está construida narrativamente, pues casi el 80% de la cinta está dedicada al set-up, es decir a la planeación y establecimiento de los personajes y su entorno. Mick Travis (el jovencito de McDowell y por cierto, de donde Scorsese sacó el nombre para su anti-héroe de Taxi Driver) es la representación de toda la rebeldía juvenil de la época, harto de las reglas sin sentido del establishment y listo para hacer todo lo que esté en su poder para liberarse. Así, la cinta ignora las reglas que ya conocemos sobre ritmo y presentación para cuidadosamente poner todas las piezas en su lugar, hasta llegar al climax. Y ahí termina la historia, porque como bien dice Mick: "La guerra es el último acto creativo prosible".
2001 Odisea del espacio (1968)
Guión: Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke
Director: Stanley Kubrick

Uno de los principios fundamentales de la ciencia ficción es el explorar la relación entre el humano y la tecnología; y aunque Arthur C. Clarke (junto con otros como Isaac Asimov) llevaba años haciéndolo en prosa, el primero en plasmarlo de forma tan clara esta relación amor-odio, amo-súbdito, controlador-controlado en cine sin duda alguna fue Stanley Kubrick. La cinta, que también sobresale por su uso extremadamente limitado de diálogos, comienza con una tribu de primates descubriendo el poder de las herramientas como objetos de muerte. De aquellos principios del hombre y la tecnología, nos vamos a cientos de años al futuro, uno donde aquella primera herramienta de destrucción se ha convertido en una plataforma de armas nucleares que orbita la Tierra. Y así, Kubrick y Clarke saben que la conexión intermedia no importa tanto como el saber que la tecnología nos ha permitido adueñarnos de todo y al mismo tiempo de destruirnos. Ambos autores dejan de lado una estructura lineal tradicional para brincarse a los tres momentos claves de la inevitable caída del humano ante su propia tecnología. La tercera parte del filme –después de que la supercomputadora HAL 9000 decide eliminar a toda la tripulación– se convierte más bien en lo que el autor Jason Davis llama "un espectáculo trascendental que completa la experiencia dejando que el espectador establezca las uniones filosóficas entre cada segmento".
Psycho (1960)
Guión: Joseph Stefano
Director: Alfred Hitchcock

Por algo Hitchchock es el maestro del suspenso. Y aunque ya lo había intentado antes (y de ninguna forma fue el primero en introducir este género o sus temas al mundo), el guión de Psycho sí resulta uno de los más revolucionarios por el simple hecho de que lleva aquellos elementos que forman al género, mucho más allá de los límites dictados hasta el momento. Desde su decisión de matar a la supuesta heroína en las primeras diez páginas, hasta la relación obsesiva de Norman Bates con su madre (recuerden que esto es 1960 y para los horrores de Tarnation todavía faltaba mucho), Psycho se ha convertido en la plantilla básica para un sinfín de películas posteriores, desde Halloween (y todas las slashers) y El silencio de los inocentes, hasta La raíz del miedo y Bajos instintos.
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