21 sept. 2015

"Los escritores pintamos cada vez menos. Ojalá hubiera un cambio, pero sospecho que empeorará”, Charlie Kaufman

GREGORIO BELINCHÓN
Durante años, Charlie Kaufman (Nueva York, 1958) ha vagado por el cine con una voz personal, completamente alejada del resto de los creadores. De su extraordinaria pasión por las frustraciones que siente el ser humano y de la deriva de nuestra identidad –porque Kaufman siempre ha apostado por el individuo- en medio de una sociedad masificada, han surgido los guiones de Cómo ser John Malkovich, ¡Olvídate de mí!, Adaptation (El ladrón de orquídeas), Confesiones de una mente peligrosa o su salto a la dirección, Synecdoche, New York. Un viaje con el que en el fondo quiere desentrañar qué significa ser persona y qué nos hace distintos y únicos.

Y en ello andaba cuando escribió la obra de teatro Anomalisa, con la que, aun siempre dentro de su mismo recorrido artístico, tomaba otro carril: ¿por qué nos enamoramos de alguien y no del de al lado? ¿Cómo empieza y acaba el amor? Anomalisa –Gran Premio del Jurado del reciente certamen de Venecia- es brutal, perturbadora en su idea: un hombre escucha al resto de los mortales con la misma voz. Todos suenan igual. Hasta que sus pasos se cruzan con una chica física e intelectualmente del montón, pero que posee una voz propia. En cine, la apuesta triplica su fuerza y su poesía porque para su plasmación ha usado marionetas y animación stop-motion. Y solo tres voces: David Thewlis dobla al protagonista; Jennifer Jason Leigh, a la Lisa que se convierte en la anomalía –de ahí el chiste del título- de la humanidad, y Tom Noonan, a los personajes restantes, sin distinciones sexuales ni de edad.

“Cualquier arte es bueno para reflexionar sobre la identidad. ¿Por qué el cine? Porque es mi terreno”, cuenta Kaufman. A su lado se sienta Duke Johnson (St. Louis, 1979). Dan las entrevistas juntos porque quieren recalcar con el gesto que son coautores del filme. “Fue Duke quien me propuso, tras ver la obra, adaptarla en este formato, ya que su empresa se dedica a la animación”. Johnson añade: “Las marionetas rompen filtros y prejuicios, permiten explorar nuevos caminos en el subconsciente humano”.



El arte de Kaufman ha bailado alrededor de la sensación de la desesperación de los seres humanos al no encontrar algo mejor en la vida. El cineasta se revuelve en su sillón, divertido. Su cuerpo, tan menudo que le sobra camisa por todos lados, se contrae con su sonrisa. “Escribo sobre la confusión porque está ahí, porque es un sentimiento que me invade habitualmente. Y más esta mañana, que me siento cercano a mi personaje en su extenuación espiritual… Perdóneme, pero he viajado demasiado los últimos dos meses. ¿Sabes lo que más me gusta del resultado? Que hemos sabido reflejar muy bien lo que significa estar enamorado: la otra persona se convierte en alguien muy especial. Es un cambio metafórico. Hemos rodado durante dos años y siempre tuve dudas sobre si lograríamos plasmar esa sensación para el público”. ¿Así es el amor para ustedes? Kaufman se excusa y pasa la palabra a Johnson: “Desde luego. Te invade esa euforia con la que no ves las imperfecciones de esa persona y la consideras perfecta”. “No”, corta Kaufman, “es que en ese momento las imperfecciones son lo más atractivo. Yo me considero un tipo diferente al resto de la humanidad, y lo mismo me estoy perdiendo algo… Ah, lo dejo ahí, que me enredo”.

Anomalisa ha sido financiada con micromecenazgo. “Lo hemos pasado muy mal, avanzando según recaudábamos. Pero teníamos un compromiso, había que acabarla”, asegura Kaufman, que inmediatamente después agradece los apoyos. “Tengo seguidores, lo sé. Pero como guionista -y hay que ver con qué director trabajas, cada caso es distinto- siento que cada día mi trabajo se diluye. Los escritores pintamos cada vez menos. Tienes efectos digitales, superhéroes, estrellas… ¿para qué una visión personal en el libreto? Es una tragedia para nuestra cultura que el cine pierda su habilidad de tocar el alma humana. ¿Qué nos dicen los taquillazos a las personas una a una? Nada. Ojalá hubiera un cambio, pero sospecho que empeorará”.
elpais.com

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