21 sept. 2015

El guionista de la argentina "Historia de un clan" cuenta cómo escribieron la serie

Alejandro Awada y Tistán en Historia de un clan.

Por Cristina Aizpeolea
"Terminamos de escribir hace un mes, una semana antes de que concluyera el rodaje. El programa tuvo aire cuando ya estaban los libros 100 por ciento cerrados. Ha sido un trabajo titánico", grafica Javier Van de Couter, todavía montado en la adrenalina que implicó concebir Historia de un clan, la miniserie de la familia Puccio de la que habla el país.

Javier es uno de los tres autores que reescribieron para la TV esta historia truculenta de los secuestros extorsivos y está impactado por las repercusiones, que "fueron contundentes más allá del rating, por la crítica, los colegas y la gente que le interesa porque sabe que está inspirada en hechos reales".

–¿La aclaración "Basada en hechos reales" es un formalismo? ¿No te parece que la gente sigue viendo "realidad"?

–Más allá del género, de lo policial que de por sí tiene el caso, a nosotros nos interesaba un plano vincular, más doméstico. Entonces, sin abandonar el género policial, decidimos meternos en esa casa. Y junto con eso, tomar ciertas libertades para jugar más con lo lírico, con la poética de lo que sucedía adentro de esa casa. Y tomamos decisiones: por ejemplo, el hijo más chico no está. Es una marca que habla también de tomar una licencia para contar.

–¿En una ficción como esta, qué parte admite vuelo propio y qué parte no negocia con la verdad?

–Hay algo de lo que sucedió que no se puede dejar de contar. Hemos sido muy fieles a muchos de los acontecimientos, a la cronología de los secuestros y a testimonios que pudimos conseguir no sólo de las familias de las víctimas sino de miembros de la banda. Donde sí se puede crecer más, y se abre a una dramaturgia distinta o de vuelo propio, es en la decisión de meternos en esa casa, en su cotidianidad.

–En la serie, la familia está claramente asumida como parte de la cosa.

–Sí, es así. Disimulada por momentos, ambigua a veces, pero consciente. Es así. La madre, las hermanas, son personajes que en la realidad, o en lo que surgía de los expedientes, eran más débiles y para la serie requerían una dramaturgia especial. Epifanía, para mí, es un personaje importantisimo, pero si vos te centrabas en los expedientes te quedabas a mitad de camino. Entonces hubo que generar una dramaturgia para ese personaje. Igual que para las chicas. Porque se sabía poco.

–¿Cómo encararon la investigación?

–Primero fue la lectura de todos los expedientes judiciales, que los conseguimos y que eran de diferentes años, porque recordemos que no siempre se supo que todos los casos estaban vinculados. Y trabajamos también con el periodista Rodolfo Palacios, quien tuvo la posiblidad de hacer una larga entrevista con Puccio en 2011. Para nosotros eso fue muy inspirador, porque nos dio el tono de Arquímedes. Alejandro (Awada) lo está actuando excelentemente bien, pero creo que hubiera sido imposible de ver sin ese trabajo previo con Palacios.

–¿Escribieron pensando en Awada, ya tenían al actor?

–Los dos primeros capítulos se escribieron para el concurso del Incaa y de TDA, todavía no estaba el actor. Pero cuando ganamos y se supo que lo íbamos a realizar, inmediatamente se pensó en Awada. No hubo otros actores. Fue algo inmediato.

–Logra un personaje despreciable. ¿Qué cuerda tensaron en esa construcción?

–Bueno, ahí está el aporte de Palacios porque hay muchas cosas que Rodolfo no publicó en esa entrevista y con enorme generosidad las compartió nosotros. Detalles de su experiencia con Arquímedes, de la correspondencia, del vínculo que generó, que para nosotros fueron immportantísimos. De ahí sacamos ese tono jocoso, incluso ese "carisma" que tenía. Fue muy valioso porque una vez que encontramos a Arquímedes, encontramos también a toda su familia, y cómo relacionarlos con él. Y con la casa.

–¿La casa, como personaje?

–Es que apareció esta idea de que cuando hay un huésped en la casa, como llamaban ellos a los secustrados, la casa está bien, está alegre, se excita. Y trabajamos sobre qué le pasa a esta familia cuando no hay un secuestrado en casa. La mirada de ese Arquímedes viejo, de 90 años, en su ocaso allá en La Pampa, nos dio un montón de datos para empezar a contar al Arquímedes de los años '80. Lo que hicimos fue trasladar esa voz exacerbada al momento de los secuestros, y así pudimos construir también a los secuaces de la banda, los personajes de Gustavo Garzón, Pablo Cedrón y Tristan.

–Tristán es toda una revelación metiendo miedo.

–Y vas a ver todo lo que pasa con el personaje... (se ríe). No te quiero decir nada.
Javier van de Couter, uno de los guionistas de "Historia de un clan"
Javier Van de Couter guionista de "Historia de un clan"
Coopertiva de ideas

Además de Javier, trabajaron en los libros Pablo Ramos, que viene de la literatura, y el director Luis Ortega, lo que permitió que desapareciera la distancia entre el guion y la realización. También fue importante el aporte de Martín Mendez, un productor.

–¿Cómo es la dinámica de escribir a seis manos?

–Primero hacemos una larga reunión con los productores, donde hablamos de qué va el capítulo, qué tono tiene o qué recorrido hace cada personaje. Luego los autores, en un espacio privado, pasamos a discutir lo que nos gustó, lo que puede ser, lo que entra en diseño de producción, lo posible, lo imposible. Una vez que lo resolvemos, pasamos a la escaleta, una estructura que en este caso es de 35 escenas por capítulo. Nosotros quisimos dialogar todo. Por ahí repartíamos líneas: uno agarraba a Arquímedes, otro tomaba la línea adolescente, otro se metía en el conflicto que tiene Alejandro. Fue un trabajo titánico.

–¿Los guiones son sagrados, inmodificables?

–El proceso de un libro, por lo menos para mí, es una apoyatura y lo que me interesa, como director más que como autor, es que la cuestión esté viva. Entonces, si se modifica yo particularmente no soy celoso de esas cuestiones. Al contrario, las auspicio. No es una obra de teatro, no es cine. Me parece que lo importante es trabajar la verdad y la musicalidad de la escena. Entonces Luis (Ortega), que también estuvo en la creación de los libros, si tuvo que cambiar cosas con los actores lo hizo sin problemas.

–¿Cómo fue crear a Alex, el otro gran protagonista?

–Más allá de que cambiamos los nombres de las víctimas, sabíamos claramente de qué lado estábamos. Y al crear un personaje como el de Alejandro Puccio, que genere empatía habiendo hecho lo que hizo, teníamos que cuidar eso porque es polémico humanizarlo. Entonces, tomamos el camino de lo que pasó en ese momento: nadie podía creer que Alejandro hubiera hecho eso. Autoralmente, usamos de alguna manera ese recorido.

–¿De qué elementos se sirvieron para recrear la vida familiar?

–Estuvimos en la Editorial Atlántida con Gabriela Cociffi y tuvimos una reunión genial con ella, larguísima, que nos sirvió un montón. Porque ella cubría Tribunales en ese momento y fue supergenerosa con nosotros y nos mostró documentación de Gente. Ver en fotos Polaroid las vacaciones de los Puccio, fue un material riquísimo que nos ayudó mucho y resultó muy inspirador para recrear la cotidianidad.

–La casa de los Puccio luce tal cual la época. ¿Existe, la recrearon?

–Costó conseguir esa casa, y fue lo único que no queríamos resignar. La casa era clave para nosotros porque era todo: el escenario del horror, el lugar de los hechos. Queríamos que tuviera posibilidades dramáticas, espacios dramáticos, mas allá de la arquitectura real. Necesitábamos una casa que representara una época y a una familia que no era de San Isidro pero que quería pertenecer. Tenía que reflejar esa cosa aspiracional. La buscaron mucho, y la encontraron.

–Odiosa o no, la comparación con la pelícua de Pablo Trapero es inevitable. ¿Cómo viven la competencia?

–Nos producen los mismos, el Incaa y Telefe. Yo creo que fue positivo. La película instaló el tema en la gente, en los medios, y dejó las puertas abierta para que entrara la miniserie. Además, las dos gustaron. Mas allá de los líos de producción, particularmente yo siempre entendí que los dos productos se iban a retroalimentar.

–Sin ánimo de "spoiler", ¿hasta dónde llega la serie, veremos al Arquímedes viejo?

–Sí, tendremos a ese Arquímedes del ocaso que entrevistó Rodolfo Palacios. La serie tiene 11 episodios de ficción neta y dos a modo de epílogo. Uno es un detrás de escena, y el otro es más documental, con los hechos reales.

–La mención al arquero "Chocolate" Baley, aquí generó revuelo e indignación.

–Noo.. para nada. Esto es ficción, la escena se confeccionó sin intencionalidad de herir a nadie.

–Por último, la escena del vestuario, ¿es un retrato de clase, un golpe de efecto, un aviso al espectador sobre el tono de la ficción?

–Bueno, esa escena, lo que causó fue lo que se buscó. Por lo menos desde el libro se quería mostrar cierto erotismo, como en muchas de las situaciones de la serie, y también, un retrato juvenil, de camaradería y de confianza, sí, pero con presencia de lo erótico. De erotismo masculino, no de un erotismo gay. Remite a esa atmosfera de vestuario que, mirada desde el punto de vista de esta serie, se vuelve quizá intensa. No fue de casualidad lo que produjo la escena. Estuvo buscado.

"Juniors", la próxima historia

Rionegrino, nacido hace 40 años en Carmen de Patagones, Javier Van de Couter está asimilado ya al agitado ritmo porteño. Guionista de series como Tumberos o La Celebración, actor de teatro y de cine, director de la película Mía, autor del libro de Aire libre (de Anahí Berneri), siempre tiene un plan en marcha y otro en la cabeza.

Ahora está comprometido en el set de grabación de Variaciones Walsh, la adaptación de 12 cuentos policiales de Rodolfo Wash, que se verá desde octubre en le TV Pública, con dirección de Alejandro Maci. Pero ya tiene definida su próxima historia.

"Hace tiempo que vengo dándole vueltas al tema. Y me decidí por Juniors, sobre la masacre escolar de Carmen de Patagones, ocurrida en 2014. Le estoy buscando una vuelta de tuerca para no contarlo en esos años sino en esta actualidad", adelanta.
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