15 sept. 2015

¿Cuándo debe acabar una serie?

ANTÍA DÍAZ LEAL
Cuando Julianna Margulies decidió colgar la bata de enfermera, llevaba seis temporadas en antena interpretando a Carol Hathaway en Urgencias. Quince años después, reina en The Good Wife camino de la séptima temporada. Urgencias sobrevivió a Margulies (y a George Clooney) hasta la temporada quince. Que cerró la serie cinco meses antes de que Margulies reapareciese en televisión sin bata y con tacones. Quién sabe hasta dónde puede llegar el personaje de Alicia Florrick. ¿Hasta donde lo lleven los guionistas? ¿Hasta donde quieran estirarlo en la CBS? En la Edad de Oro de las series, ¿el tamaño importa?

UN PÁLPITO

Dice Víctor Sierra, guionista de Serramoura, que ha trabajado también en series como Matalobos, que «cada proyecto tiene una vida, es un pálpito y te lo tiene que decir la propia serie». Pero la clave está en «que no se desnaturalice, que la intención y la ilusión del principio sigan vigentes. Y eso es muy difícil». Aunque reconoce que otros colegas sí creen que hay una duración media de la que no deberían pasar las series, Sierra cree que cada historia tiene su propio recorrido. «No creo que haya que poner límites. La productora, los guionistas, tienen que tener claro cuando algo se acabó. Y debería ser en su mejor momento, no cuando empieza la decadencia», opina. Aunque no se trata de cortar por cortar, ya que como dice Sierra, «la mitología de la serie, los juegos internos, se van creando a medida que avanza. La primera temporada sirve para atornillar muchas cosas que en la segunda y la tercera se van enriqueciendo». Aunque en una decisión tan difícil confluyen intereses económicos, artísticos, las pasiones y odios de los seguidores (que además ahora pueden lanzarse a las redes a reclamar sus derechos como fans), y el exceso de oferta actual. En un panorama en el que hay más series en antena de las que un ser humano ocupado y social puede seguir, ¿quién es el listo que decide entre  matar a la gallina de los huevos de oro o estirarle el pescuezo hasta que la pobre gallina ya no sepa ni quién es?  

A la espera de ese pálpito del que habla Sierra parecieron quedarse los creadores de series como Dexter, alargada más de lo que merecía el tremendo personaje de las primeras temporadas. O de Perdidos, no tanto porque seis temporadas sean muchas, sino porque en algún momento entre el primer capítulo y el último, la trama se perdió tanto como los personajes. Aunque medir las series por temporadas y no por capítulos puede resultar perverso.

Y es que no son lo mismo las cuatro temporadas de Sherlock, con solo tres capítulos, que las seis de The Good Wife o las once de Anatomía de Grey, con 22 y 24, respectivamente. 

En series como True Detective, tras la celebradísima primera temporada, solo ha hecho falta una segunda para que público y crítica se hayan ensañado con el proyecto. ¿Pero se debe meter en el mismo saco a una propuesta con formato de miniserie? Porque con una trama cerrada que no repite protagonistas ni personajes, en este caso lo que se estira es el tirón del nombre y el creador. Sin más.
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