26 jul. 2015

"Jamás verás a Will Smith hacer de andaluz": entrevista al guionista Diego San José

R.C. MENDOZA

El vasco Diego San José es uno de los guionistas españoles en mejor forma de la actualidad. Su obra más reciente, «Ocho apellidos vascos», es la película española más taquillera de la historia. Ahora, a dos meses del estreno de su secuela, San José ha llegado a Córdoba para participar en el programa de la Universidad de Córdoba «Un Verano de Guión», que se celebra en la Filmoteca de Andalucía.

—¿Cómo es su proceso de creación de un guión?

—Depende de cada uno. He trabajado en televisión y cine y los ritmos son diferentes. El cine exige ser muy ingenioso una vez; en la televisión, más que ser ingenioso, es preferible serlo menos pero serlo muchas veces. Para «Ocho apellidos vascos», tanto mi compañero en el guiónBorja Cobeaga como yo estuvimos 7 u 8 meses sentándonos en un café a hablar de la película. Imaginamos vidas ajenas, historias de personas que no existen y tratando muchas cosas. Luego, sólo un pequeño porcentaje de todo eso sale en la película. Intentamos conocerlos y sentir que tenemos la autoridad de contar una vida que no existe pero puedes conocer.

—¿Eso está explicando en Un Verano de Guión?

— Sí. Sobre todo de los mecanismos que los guionistas de comediatenemos para hacer reír. Mucha gente piensa que hacer reír surge de manera innata porque el guionista es gracioso, y no es cierto. Hay ocasiones en las que el guionista maneja algunos recursos realmente cercanos a las matemáticas. Y la mayoría de las veces te sale mal. Es muy difícil que 400 personas lleguen a una sala oscura a ver una película y que todos se rían. Me vale con 100. Es algo que, por más películas que hagas, cuesta dominar. Te pasas toda la vida intentando entender por qué se han reído, y no dejas de pensar en cómo lo has hecho para poder repetirlo. Un Verano de Guión es una iniciativa maravillosa. Me encantaría asistir de oyente, es todo muy interesante. En estas aulas hay gente que dentro de 10 años nos transportará a otras vidas. El día que dejemos de formar a gente para que, con su imaginación, nos haga vivir vidas que no nos da tiempo a vivir, seremos más tristes.

—El humor de tópicos en España funciona, ¿cree que hay humor más allá de eso?

—Creo que si. En España se había dejado de hacer. Desde Los Bingueros o los viajes de Paco Martínez Soria hacía a la gran ciudad, no se hacía. Era una manera de ver al español medio, al más cercano, perdido. Es un poco lo que le pasa a Rafa cuando llega a Euskadi. Un pez fuera del agua. Hasta «Ocho apellidos vascos» se ha hecho una comedia más americana, como Primos, que no estudiaba a los españoles, sino a personajes más universales. Así que sí que hay humor más allá de los estereotipos. Lo que pasa es que éste, a nivel mundial, funciona muy bien. Competimos con grandes comedias de EE UU, y lo que hacemos es hablarle a la gente de forma más cercana. Jamás verás a Will Smith hacer de andaluz. Hablando de estereotipos tienes la sensación de estar pagando por ver una comedia española que sólo se puede hacer en España.

—¿El personaje masculino de «Ocho apellidos vascos» podría haber sido cordobés?

—No. Pasa una cosa. A nosotros no es que nos viniera bien que fuera andaluz, porque hay andaluces de muchos tipos. Mi madre es andaluza, por ejemplo. Hicimos un proceso a la inversa. Pensamos: si la película es en Euskadi, vamos a pensar en un personaje que si lo sueltas de golpe en el País Vasco, se sienta más perdido. Un cordobés va a Euskadi y se lo pasa en grande. Un señorito sevillano, no. Buscamos a ese personaje al que le gustan los toros, la gomina y es muy de derechas porque es el que menos encaja en ese escenario, no por otra cosa.

—¿Por qué los apellidos de la secuela son catalanes y no andaluces?

—Porque volver a Andalucía era volver a contar lo mismo. En lugar de estirar la película, la hemos hecho crecer. Cogimos a los mismos personajes y los mandamos a un mundo nuevo. Si piensas en tópicos, en actualidad o en conflictos políticos como hay en la primera parte, Cataluña, claramente, era la parte de la ecuación que nos faltaba. Vuelven los mismos personajes y se incorporan Berto Romero y Rosa María Sardá. Aún así, el arranque es en Sevilla. El resto se rueda en Barcelona y pueblos del Ampurdán.

—¿Cómo es el día a día de un guionista de comedia?

—En general, consiste en sentarme en el ordenador a pensar y portarme mal. Ser mala persona. Realmente, a todos nos gusta sentarnos a reírnos de cosas que no nos hayan pasado a nosotros. Lo que hace gracia es que Rafa esté en una manifestación independentista y, además, le den el megáfono para que hable. Ahí estoy siendo mala persona. Todos tenemos un niño escondido dentro que disfruta viendo eso. Cuando crecemos, domesticamos esa «maldad» pero, en la comedia, la rescatamos. Me dedico a pensar en cómo machacar a una persona para que luego nos riamos en una sala y pensar que, gracias a Dios, no nos hemos enamorado de una vasca sin tener ni idea de qué es el País Vasco.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Top 5 noticias mensual