27 jul. 2015

‘Cuanto peor, mejor’, por el guionista de Cuéntame cómo pasó

Ilustración de Raúl Allén y Patricia Martín.

Eduardo Ladrón de Guevara
En estos tiempos que corren, si eres guionista supongo que sabrás que estás metido en un lío de tres pares de narices. Quiero decir que, aunque tengas rachas de buena suerte, te espera un futuro como para echarse a llorar porque, para que lo sepas, este es un oficio de putas por mucho que las escuelas que han proliferado últimamente, y que se anuncian hasta en las marquesinas de las paradas de cualquier autobús, aseguren que escribir guiones es un trabajo emocionante y creativo, y del que uno puede vivir mejor que un político corrupto.

Lo cierto es que empiezo a ser un veterano en este circo a pesar de no llevar dentro ni cuatro años, pero ya he tenido tres fracasos consecutivos. Uno detrás de otro: ¡uno, dos y tres! Esto de haber escrito series malísimas tiene la gran ventaja de que, al no haberlas visto ni Dios, nadie las recuerda. Bueno, pues yo, a pesar de ser uno de esos advenedizos que solo han tenido fracasos, no me desanimo. Si me quedo sin trabajo ya me saldrá algo para ir tirando: he hecho de taxista, de repartidor de publicidad, camarero en patines, portero de discoteca, vendedor de seguros a domicilio y animador con tanga negro en las despedidas de soltera.

Como decía, ser considerado un guionista calamitoso me la sopla, mejor dicho, me siento orgulloso de no haber dado ni una vez en el clavo. Cuanto peor, mejor, y estoy seguro de que, si sigo así, con el tiempo podré llegar a convertirme en el responsable de programas de ficción de alguna cadena. ¿Por qué no? Esa es mi ilusión, tener un despacho propio, recibir proyectos, analizarlos, darles degollina, sugerir cambios obligatorios y hacer informes, señalando que a un proyecto de faltan puntos de giro o que adolece de tensión dramática. Pero hasta que ese día llegue, si es que llega alguna vez, seguiré con lo mío, es decir, ideando tramas y escribiendo diálogos que, sistemáticamente, serán modificados, o enriquecidos, según se mire, por el director de turno, un actor o una actriz o, si se tercia, hasta por el cocinero del cáterin que, como le oigo decir, también tiene derecho a opinar. Así ha sido desde el nacimiento del teatro griego, pongamos por caso, y así seguirá siendo.

Ahora mismo estoy sentado a mi mesa, frente al ordenador, analizando los datos de audiencia de ayer, que son para echarse a llorar. Con un share del 9 por ciento, es decir, millón y medio raspado de telespectadores, las posibilidades de que la cadena renueve la serie que escribo son de cero. Me veo otra vez en la calle, enviando currículos que nadie leerá o conectando en LinkedIn con parados de medio mundo para lamernos las heridas mutuamente unos a otros. De todos modos, lo único que me preocupa en ese instante es la reacción del gran actor de la serie, la estrella que, en cuanto en entere de que no hemos llegado ni a los dos millones va a armarla. Se va a organizar la de Dios es Cristo.

2 comentarios:

  1. Bueno, pues creo que también todo depende de cómo se vea el vaso. Algunos lo ven lleno; otros, medio vacío y unos más, medio lleno. Sin embargo, con lo que escribiste me recordaste que hace dos años asistí a una conferencia en la que estuvo Paula Markovitch y comentó "Lo mejor es claudicar antes de tomar la decisión equivocada de sentarse a escribir", palabras más, palabras menos, qué más da. La cuestión es que ella se refería a que no valía la pena convertirse en escritor cinematográfico. Con el tiempo y un profundo análisis de cómo se manejan las cosas en mi país (México) y siguiendo la trayectoria de la escritora y directora argentina, comprendí que tal vez lo que realmente quiso decir fue "Ya dejen de escribir para que las becas de IMCINE nada más me las den a mí, porque si no, ya saben que los ventaneo en La Jornada". Así se las gastan aquí. Yo sé que no es tu caso, pero en fin. Lo quise compartir.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Buho. Por un lado creo que tomas muy en serio lo que dicen/decimos los guionistas. Muchas veces lo decimos por estética, por hacernos los duros, por no parecer unos ñoños aburridos o afeminados, o incluso por decir "no escriban, que esto es para borrachos, o perdedores, o para los que no saben hacer otra cosa", eso sólo significa lo contrario: escriban, es lo más bonito del mundo... O incluso lo contrario de lo contrario: escriban sólo si les duele algo por dentro. Los escritores no somos fáciles y nos gusta mucho jugar, sobre todo con las ideas y el lenguaje, hay comprender eso. Por otro lado, también creo que juzgas con dureza a los mexicanos: está claro que hay mucho gandallismo y cosas peores en este país, pero a veces actuar por puro egoísmo es tan ridículo (por cómo es la industria, por ejemplo) como pensar que los demás actúan por puro egoísmo. Reducir las cosas a pensamientos e intencionalidades básicas, sólo funciona, a veces, en los guiones, en la vida real es más complicado que eso. Escribe, disfruta, que aunque no lo parezca, hay pan para todos y todas.

      Eliminar

Top 5 noticias mensual