31 jul. 2015

Besos demorados, guion exitoso: analizamos la estrategia

Por Cecilia Sanchez
Después del esperado beso de Lali Espósito y Mariano Martínez en Esperanza mía, analizamos a qué responde la estrategia de dilatar la llegada del momento romántico en las telenovelas actuales.

Mariano Martínez puede tener un flequillo super cool y Lali Espósito toda la onda teen moderna, pero no se engañe, Esperanza mía cumple todos los requisitos para agruparse en el género de la telenovela clásica, ese universo en el que Andrea del Boca supo derramar mares de lágrimas alguna vez. Ello quedó demostrado el pasado lunes cuando la parejita concretó el esperadísimo primer beso luego de enredar y desenredar la trama desde el arranque de la tira hace casi cuatro meses. Hay que darle crédito a Adrián Suar en ese departamento. Si bien el famoso productor y actor ha aggiornado (muchísimo) el modelo de telenovela a los tiempos que corren incorporándole, como en este caso, elementos de comedia y musical, ha conservado de la vieja escuela algunas estrategias básicas como la dilación de la llegada del momento cúlmine romántico por excelencia.


¡Hasta que llegó! El beso de Esperanza y Tomás, el back con la grabación y ¡los memes!

Al aletargamiento general propio de ese tipo de historias seriales, a Esperanza míase le suma el decálogo de prohibiciones que acarrea el personaje masculino, un sacerdote católico que ha entregado su corazón a Dios. Así y todo, la escena fue desbordante y apasionada, como corresponde. Después de una discusión (una de tantas), ella salió corriendo y él (esta vez) la persiguió hasta alcanzarla para darle un beso que llegó sin ninguno de los titubeos que había tenido arrodillado ante el altar. El padre Tomás puede ser un cura, pero es antes que nada, un hombre. Si eso no es telenovelesco…

Planilla en mano

Pero hay en nuestra televisión otro elemento clave que influye en la construcción de la tira y en la llegada de ese instante, y es el rating, ese numerito odioso que marca el pulso de vida de un programa. No es fácil. Si bien las formas de consumir televisión están cambiando gradualmente, en nuestro país todavía pasa que las series que llegan al horario central viven o mueren en función de ese termómetro. Suar, un gran experto en producir ideas muchas veces novedosas y muchas veces exitosas, ha debido borronear y hacer cuenta nueva en repetidas oportunidades cuando la aguja de IBOPE no insufla a su favor. Sin ir más lejos, no hace mucho debió ceder el espacio de su tira Noche & Día para dejarle el lugar en la franja a la lata turca Las mil y una noches. En aquel policial sensiblero Facundo Arana y Romina Gaetani se besaban rapidito y con apuro como para intentar generar interés en el producto, pero ni así el rating se movió un ápice de su lugar. No tardó mucho en convertirse en unitario, en cambiar a la actriz principal y está pronta a expirar para darle paso a otro proyecto con Julio Chávez.

Por el contrario, cuando el rating sopla a favor, los estiramientos pueden alcanzar límites insospechados. Los libros se escriben y se rescriben con la planilla en la mano, sugiriendo y amagando. Cuando el momento llega, porque alguna vez llega, comienza a jugar también el factor promocional. Así, fotos de la escena y anuncios del tipo “Muy pronto se besarán” o “Llega el beso más esperado” comienzan a pulular por los medios, y terminan siendo reatroalimentados en las redes sociales por la base de fans que esperan con ansiedad y, ¿por qué no?, por curiosos que todavía no entienden cómo pueden haber pasado cuatro meses sin un acercamiento concreto de la pareja. Igual, todo genera bulla y entusiasmo. Y el rating, hay que decirlo, la mayoría de las veces acompaña la movida. En el caso deEsperanza mía, trepó a 17.5 puntos, ubicando a la tira en el tercer puesto de lo más visto del día detrás de ShowMatch y la novela turca. Pero el dato es que fue su mejor marca en el último mes y medio.

Qué sigue

Cómo en una película de terror que acaba de mostrar al “monstruo”, la jugada pos-escena-clave es fundamental. Se sabe que el suspenso es más redituable, que sugerir es más productivo. Traducido al lenguaje telenovelesco, la tensión sexual y la separación de los protagonistas es más provechosa que la vida de casados y el amor perdurable. Cuando nuestros héroes consiguen lo que tanto querían, el espectador experimenta goce pero también un inmediato desinterés. De ahí que las bodas televisivas queden siempre para el final y los que arriesgan algo así temprano, deben buscar alternativas que enrarezcan la trama y vuelvan a seducir a la audiencia.

Volviendo a nuestro ejemplo modelo: este martes, después del momento apasionado, Esperanza seguía tratando de usted al sacerdote Tomás mientras que él andaba cabizbajo por los rincones, rumiando el impulso de haber cedido ante las tentaciones de la carne. La relación está todavía verde. Muy verde. Conociendo a Suar, esto puede seguir así hasta fin de año en una maratón de diálogos que parecen copiados y pegados de otros anteriores, y en donde el título de la novela cobra sentido para el público más fiel. Hay “esperanza” de que se den otro beso alguna vez. A no quejarse: usted lo pidió, ahí lo tiene. Si algo enseñan las tiras locales es a tener paciencia y saber esperar.

Dame un beso

El arte de estirar no es nada nuevo. Adrián Suar, a través de su productora Pol-ka, ha sabido explotar la tensión romántica en todas las tiras de su autoría. Repasamos los besos más esperados de los últimos años y cuánto demoraron en concretarse.
Guapas. Los que siguieron Guapas seguro recuerdan al “remador” Donofrio, aquel antigalán que estaba enamorado de la azafata Mey (Carla Peterson) una mujer soñadora que solo esperaba al “príncipe azul”. La tira arrancó en marzo de 2014 y recién a principios de junio, el mecánico aéreo torpe le robaba un beso contra la pared en horario laboral. Las idas y vueltas siguieron durante meses, hasta que recién en octubre ella le blanqueó sus sentimientos, obviamente mientras el sostenía un romance con otra chica. Hubo que esperar hasta diciembre para el casamiento.


Farsantes. Una de las tiras más controvertidas de los últimos años, presentó una historia de amor imposible en la piel de una pareja gay de abogados interpretados por Benjamín Vicuña y Julio Chávez. El programa arrancó en junio de 2013 y sostuvo la tensión sexual hasta septiembre, cuando llegó el primer beso, híper promocionado. Problemas de agenda del actor chileno hicieron que el guion tomara un giro inesperado matando a uno de los protagonistas. Como despedida, quedó una única escena de sexo muy cuidada en una cabaña de El Tigre, que se vio en octubre.


Solamente vos. La química entre el director de orquesta y la peluquera fue evidente desde que conocieron por accidente en un hospital. Luego de ello, Juan (Adrián Suar) y Aurora (Natalia Oreiro) atravesaron una serie interminable de enredos para poder terminar juntos un año más tarde, casados y con una parejita de mellizos. En el entretanto, el primer beso llegó luego de tres meses del arranque, en abril de 2013, casi por casualidad, en el marco de unas clases de teatro que posibilitaron el tímido acercamiento. De fondo sonaba un tema de Ricardo Montaner.

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