20 mar. 2015

Crítica a la ópera prima de Dan Fogelman, ex guionista de la factoría Disney (Enredados, Bolt, Cars 2)

Por Ezequiel Boetti
El antecedente más próximo de Dan Fogelman era el guión de Ultimo viaje a Las Vegas, una de las tantas comedias geriátricas estrenadas en los últimos años y cuyo principal gancho comercial eran las presencias de Michael Douglas, Robert De Niro, Morgan Freeman y Kevin Kline. El problema de aquel film, y de nueve de cada diez exponentes de ese subgénero, era la pereza para ir más allá de una serie de chistes de rigor sobre los achaques de la edad, la sexualidad combustionada por el Viagra y la imposibilidad de comprender las costumbres de “los jóvenes”. Que el primer largometraje como director del ex guionista de la factoría Disney (Enredados, Bolt, Cars 2) siga a un veterano rocker de los ’70 que “decide cambiar de rumbo y embarcarse en un inspirador viaje para redescubrir a su familia, encontrar el amor verdadero y comenzar un segundo acto”, tal como se lee en la sinopsis oficial, invita a presuponer que se verá un poco más –menos, en realidad– de lo mismo. Pero no: lo que hay es una comedia predecible e incluso un poco pava, pero menos aleccionadora que graciosa, honesta antes que moralista, y con las referencias generacionales ubicadas en un lugar felizmente secundario.

La segunda escena tiene al Danny Collins del título original (Al Pacino actuando de taquito) paseándose por la pantalla cual Neil Diamond mientras mueve su cuerpo achacado al ritmo de una canción pop pegadiza. Es a priori un personaje patético, pero el film procurará comprenderlo antes que juzgarlo, reírse “con” él y no “de” él. El otrora prestigioso intérprete es el lugar común del paraíso musical: mansión de lujo, fama, dinero, cocaína y una novia treinta y pico de años menor que está buenísima. Pero en el fondo se siente insatisfecho. “Si eso que hice recién fue cantar, estoy genial”, dice después del show inicial. El asunto vira cuando su amigo y manager (Christopher Plummer, genial como siempre) lo sorprende con un regalo particular: más de treinta años atrás, y ante la publicación de una entrevista en una revista musical, el mismísimo John Lennon le escribió una carta alentándolo para seguir sus convicciones artísticas, independientemente de su éxito comercial. Algo que, claro está, no hizo.

La carta es el disparador del “inspirador viaje” prenunciado por la gacetilla con el objetivo de, ay, (re)encontrarse con el hijo que nunca conoció (Bobby Cannavale) y, de yapa, descubrir en la regente de un hotel (Annette Bening) un interés amoroso. Basada muy libremente en la vida del cantante folk británico Steve Tilston, quien en 2010 recibió una carta del Beatle escrita a comienzos de los ’70, Directo al corazón es una sucesión de lugares comunes sobre reencuentros familiares, traumas no saldados y pases de facturas silenciados durante años. Es, en fin, una historia con la redención como idea rectora, innegociable aun a riesgo de romper cualquier coherencia en el comportamiento de los personajes. Pero, entonces, ¿por qué una calificación aprobatoria? Porque el film tiene, además de un genuino aprecio por sus criaturas, la firme convicción de coquetear con los golpes bajos sin jamás recibirlos, acercándose a ellos para quebrar la cintura justo cuando parecen inminentes. Ver por ejemplo el gag que remata el cáncer anunciado por uno de los personajes centrales o la extraordinaria nieta hiperkinética de Collins, que se roba todas las escenas a fuerza de una verba tan veloz como sincera.


6-DIRECTO AL CORAZON

Danny Collins, 
Estados Unidos/2015.

Dirección y guión: Dan Fogelman

Montaje: Julie Monroe

Duración: 106 minutos

Intérpretes: Al Pacino, Jennifer Garner, Christopher Plummer, Annette Bening y Bobby Cannavale.


Videoresumen del taller de guión impartido por Natassja Ybarra

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