1 feb. 2015

"Hay que ir a donde está la vida": Guionista Rhidian Brook, de la BBC

Por: Sara Malagón Llano
¿Podría hablar sobre la historia detrás de su tercera novela, ‘The Aftermath’?

El libro está basado en mi familia, en mi abuelo, el padre de mi padre, sobre algo muy inusual que hizo en la Alemania de la Primera Guerra. La zona británica de Alemania estaba dividida en distritos, y él era gobernador de uno de ellos. Los británicos cogían a los alemanes, los sacaban de sus casas y los ponían a vivir en un campo. Mi abuelo hizo esta cosa inusitada, que fue la razón por la que terminé escribiendo el libro: no pudo echar a los alemanes de la casa donde él y mi abuela se iban a quedar y les propuso compartir el lugar. Es una novela de ficción, pero esa es la historia detrás de la invención. Mi abuela claramente no estaba tan contenta al respecto, porque corría el año posterior a la guerra y seguían existiendo muy malos sentimientos entre ingleses y alemanes; todavía había un deseo de revancha. Sin embargo, mi abuelo pensaba que si querían reconstruir ese país, tendrían que encontrar la manera de tratar a la gente. La historia estuvo en mi familia por mucho tiempo, y quise escribirla como una novela, porque aunque disfruto escribir guiones, me gusta más escribir novelas. Alrededor de 2007 empecé a escribir de manera muy especulativa un texto que no pasó de las 5.000 palabras. Mi representante seguía insistiendo, me decía constantemente que debía escribir ese libro. Un día fui a vender algunas ideas a una compañía de cine que pertenece a Ridley Scott y no les gustaron, pero les hablé de mi abuelo y dijeron “eso es lo que queremos”. Así que nos dedicamos a la película, pero mi representante seguía diciendo que debía ser un libro. Hice algo poco común: escribí dos borradores del guión y luego volví a la novela. Mi agente me consiguió un contrato muy grande alrededor del mundo, el libro sería traducido a 23 idiomas. Paré la película y escribí la novela. Cuando la terminé, volví a la película. Y ahora alguien más se está encargando del guión y la película está en proceso. Una actriz muy famosa interpretará a Rachel, mi abuela, pero no puedo decirte quién es (risas).

¿Qué les dirá a los estudiantes del taller que dictará en Cartagena sobre la diferencia entre escribir para cine y escribir novelas?

Les contaré acerca de mi propia experiencia. A la gente le gusta saber cómo llegaste a donde llegaste, así se desmitifica lo que hacemos los escritores. En realidad, nos dedicamos a algo muy duro y a veces aburrido, lleno de desilusiones y contratiempos. Por eso creo que es bueno compartir un poco de ello. Les haré leer el guión de una película que hice y después les mostraré el pedazo correspondiente de la película, para ver si era lo que esperaban cuando leían el guión. Luego les haré leer un pedazo de The Aftermath y uno del guión de la adaptación cinematográfica, para examinar las diferencias. Creo que una de las más radicales, que es también un poco obvia, es que en una novela uno puede explayarse sobre la vida mental y emocional de los personajes. En una película puede sugerirse esa vida interior, pero el trabajo es sobre todo del actor. Mucho de este libro es esencialmente drama interior, conflicto en el corazón de la gente.

¿Cuál es la relación entre ‘Africa United’, su película, y ‘More than Eyes Can See’, su libro sobre el sida?

El viaje por África duró aproximadamente nueve meses. No sé porque me metí a hacer ese trabajo. Un amigo me propuso ir a una reunión con Salvation Army, una organización humanitaria que trabaja mucho con el tema del sida. Estaban buscando alguien externo a la organización que documentara el trabajo en África. La única manera en que pude hacerlo fue llevando conmigo a mi familia. Mi hijo, Gabriel, tenía nueve años y mi hija, Agnes, tenía seis. Mi esposa es profesora, así que tomó un año sabático en la escuela y nos fuimos a vivir a África, India y China. Fue una experiencia en cierto sentido devastadora, vimos países mucho más pobres que el mío, pero también me encontré con cosas maravillosas que quedaron en More than Eyes Can See. Dos años después me reuní con alguien en Ruanda que tenía ganas de hacer un proyecto que girara alrededor de la Copa del Mundo, que hablara del mejor jugador tratando de llegar a pie a Sudáfrica en 2010. Yo propuse que los personajes fueran niños, y así se fueron dando las cosas. No estaba buscando hacer eso, pero se presentó la oportunidad perfecta. Eso es algo que probablemente comparta con los estudiantes: hay que ir a donde está la vida, tienes que escucharla, a veces no es lo que crees que es. Con esto del cine he podido ganarme la vida y mantener a mi familia. The Aftermath se ha vendido muy bien. Si todos mis libros se vendieran así, probablemente sólo escribiría novelas.

¿Qué vio en África?

No sólo vimos problemas relacionados con el sida. Vimos problemas con el agua, con la educación, que no es gratuita. Vimos que el dinero no es la respuesta al problema a veces. Se necesita cambiar el corazón y la actitud. El sida tiene que ver con las relaciones, con la intimidad, con la necesidad de cariño. Claramente también hay problemas de drogas, pero esencialmente es un problema de las relaciones humanas. A menos que se trate la enfermedad en ese sentido, el problema va a seguir. Es una enfermedad muy humana. No es como la malaria, que se produce por la picada azarosa de un mosquito. La conclusión que llevo conmigo de todo el viaje es que el mundo está en pésima forma, pero está siendo sostenido por pequeños actos de bondad. A veces en los pueblos sólo hay una célula de gente bondadosa que ahorra el dinero, compra una vaca, les da leche a los huérfanos... Llevan a cabo una serie de actos pequeños que hacen una enorme diferencia. Es interesante venir, porque nunca había estado en Suramérica. Pero aunque estamos en una zona hermosa, y en un hotel de lujo donde está la elite, se puede ver entre líneas que hay una enorme desigualdad.

www.elespectador.com

0 comentarios:

Publicar un comentario

Top 5 noticias mensual