12 ene. 2015

El gran fallo de los guionistas aspañoles: el chiste malo

Alberto Rey
Al final Pérez Reverte sí habló. Cómo no iba a hacerlo. Y subió el pan. El creador del capitán Alatriste soltó en Twitter unos cuantos lugares comunes con la imposible misión de apoyar la serie de Telecinco y luego volvió a una guarida que la cadena le ha debido de forrar de oro y visón. El turno de réplica fue entonces de los guionistas españoles, que vieron en las generalizaciones del escritor-celebrity un (otro) ataque injustificado a su trabajo. No andaban desencaminados, aunque quizá no era el mejor momento para responder: los tuits de Pérez Reverte olían a diplomacia desesperada. Pero está claro que la defensa que hizo el autor de los actores de la serie y ese decir que en HBO las cosas habrían sido distintas estaban muy fuera de lugar.

"Pues haberle vendido los derechos a HBO y no a Telecinco" o "que las series españolas son todas malas es como decir que las novelas españolas son todas malas" son algunas de las pertinentes contestaciones que recibió (y dudo que leyese) el autor. No hubo contrarréplica, y este post no pretende serlo. O sí, un poco sí: los guionistas españoles no tienen la culpa de todo, pero de algunas cosas sí.
Esto NO
Nadie discute que en las series de televisión españolas se trabaja con unos plazos demenciales, unos presupuestos para guionistas muy bajos y un ambiente en el que son frecuentes las injerencias en los guiones de sujetos que no tienen ni idea de escribirlos (ni de leerlos). Es indiscutible que la figura del guionista no está muy valorada en España y que han tenido que ser ellos mismos, con sus asociaciones y sindicatos, los encargados de dar visibilidad a su labor. Han tenido que venir ellos, manda huevos, a explicar que sin un guión una serie no existe, porque parece ser que el espectador medio no lo tenía muy claro. Hasta hace bien poco, nadie decía nada cuando una serie era considerada "la nueva serie de" un actor o una cadena, sin nombrar jamás a los encargados de escribirla. Y escribir una serie es crearla. 

Por eso sí que me niego absolutamente a exonerar a los guionistas de algunos fallos graves, muy graves, que se repiten recurrentemente en las series españolas. Porque son fallos de guión, no son elementos impuestos por un productor o un actor. Ni mucho menos por un anunciante o por la cadena directamente.
Esto SÍ
De todos esos fallos a mí el que más me molesta es el chiste malo. No hay nada que me desconecte más de una serie que soportar un chiste malo. Y si ya son dos, apaga y vámonos, literalmente. Puedo (y debo) tolerarlos en una comedia, pues a ver quién es capaz de llenar hora y media de episodio sólo con chistes buenos (además de que pasa en las telecomedias de todo el mundo), pero cuando se utiliza humor fallido, barato o zafio como alivio cómico en una serie dramática, a mí se me abre la úlcera. No hay nada que haga más grande un drama que unos pequeños toques maestros de comedia. Tampoco hay nada que lo destroce más que los chistes malos. Y en las series españolas son habituales, constantes. Encima, muchas veces los encargados de decirlos o hacerlos son actores con la misma gracia que un rodillo de amasar. Así no. Ahí sí que no admito que un guionista me diga que trabaja con poca pasta, con poco tiempo o con mucha presión. Me da igual. Si el chiste es malo, no lo pongas. O advierte al espectador cinco segundos antes, con una indicación en pantalla. Alerta: chiste malo.
UNA NOTA DE www.elmundo.es

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