18 ene. 2015

Conoce la nueva novela del guionista The Wire, Mystic River y Shutter Island

Al menos dos de los cuatro títulos lanzados por la editorial Salamandra en 2014 han dado en el blanco, lo que no es poco cuando se trata del género policial, tan abundante como desparejo.

Galveston, de Nic Pizzolatto, marcaba el inicio de una colección que pretendía hacer de la calidad su sello distintivo. La entrega, de Dennis Lehane, confirma que la selección rigurosa y meditada de materiales siempre da buenos resultados.

De todas formas, resulta evidente que no se trata de vender la piel del oso antes de cazarlo, de lanzarse a la aventura de presentar autores desconocidos. La colección Salamandra Black intenta jugar sobre seguro, como lo demuestran los escritores elegidos.

Porque si Pizzolatto contaba con el aval de la excelente serie True Detective, Lehane no se queda atrás. El escritor estadounidense cuenta con un prestigio ya consolidado gracias a su trabajo como guionista en la mítica serie The Wire y sus novelas Mystic River yShutter Island, ambas llevadas al cine con gran éxito por Clint Eastwood y Martin Scorsese respectivamente.

La entrega, que ahora se presenta en papel, también dio el salto a la gran pantalla en 2014. Tuvo su cuarto de hora por ser la última película que filmó el muy carismático James Gandolfini, inolvidable por su papel en Los Sopranos.

El filme es correcto sin ser memorable y el propio Lehane fue el encargado de elaborar el guión. Pero como sucede con muchas adaptaciones cinematográficas, limitadas por el tiempo y las dificultades propias del oficio, el libro es mejor.

La entrega es, en varios sentidos, una novela policial atípica, casi fuera del género. Entre otras cosas, porque el detective asignado al caso no resuelve nada y solo en las páginas finales se da a entender que sabe la verdad pero que la está dejando pasar. Por otra parte, los crímenes importantes ya ocurrieron, están en el pasado y lo que se cuenta es un robo y sus consecuencias.

Esto sucede porque a Lehane lo que le interesan son los personajes por encima de la trama, que es bastante simple. El camarero Bob y su patrón Merv pasan su vida dentro de un bar que otrora era propiedad del segundo, hasta que tuvo que cedérselo a la mafia chechena, que llegó al barrio con una brutalidad desconocida en los bajos fondos de Boston.

Ahora los dos trabajan para la familia Urumov, que controla las apuestas ilegales y usa el bar como depósito del dinero. Un asalto al lugar pone todo patas arriba y muchas vidas en juego, pero lo que resulta trascendente es la actitud de cada uno de los protagonistas ante el suceso. Porque todos están perfectamente delineados gracias a los flashbacks que presenta el relato, que muchas veces resultan más emocionantes que lo que está sucediendo en tiempo real.

En este sentido, el único que permanece en las sombras es Bob, un hombre extremadamente enigmático. Un ropero de 1,9 metros y 115 kilos, con aire de niño grande, solitario y con graves problemas para socializar, a pesar de su oficio de barman, que además va regularmente a la iglesia.

Los primeros capítulos son especialmente buenos. Bob, dos días después de Navidad, rescata a un herido cachorro de pitbull de un contenedor y conoce a Nadia, que lo ayudará a criarlo. Ese paseo inicial por la nieve es notable, ya que al frío del invierno se suman los despojos de la celebración y la propia soledad del protagonista.

Gracias a su prosa perfecta y su crítica social permanente, La entrega es un ejemplo más de que los escritores estadounidenses siguen siendo los mejores en materia policial, por mucha nieve que caiga en Escandinavia.

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