16 ene. 2015

Cómo adaptar un guion a novela

Laura Bermejo 
Centenares de novelas se han llevado al cine. Es usual encontrar películas subtituladas con la frase "basado en la novela de...". Hasta tienen categoría propia en premios como los Oscar o los Goya, la categoría de "guion adaptado". Pero... ¿por qué no hacer el ejercicio inverso? Al fin y al cabo se trata de contar historias, solo que de distinta manera, y la Historia del cine cuenta con decenas de miles de historias que pueden ser novelas maravillosas. La novela ha sido inspiración para el cine, pero también al revés. Ya en los años 30 los estudios cinematográficos encargaban la novelización de muchas películas para que los espectadores pudieran disfrutar de las historias más allá de la pantalla (King Kong fue una de las primeras películas que se convirtió en novela). Otros casos reconocidos son por ejemplo 2001: una Odisea en el espacio de Kubrik, novelada por Arthur C. Clarke; Viaje alucinante de Richard Fleicher, novelada por Isaac Asimov o Abyss de James Cameron, novela por Orson Scott Card.

Lo primero a tener en cuenta es que una novela es una entidad en sí misma, mientras que el guion es un “instrumento”. Si está bien escrito se podría leer de manera amena como una novela, pero en realidad su objeto no es ese, sino ser un vehículo para que esa historia se convierta en una película. Más allá del formato, -el guion tiene unas especificaciones técnicas- la novela y el guion de cine se diferencian en la manera que están escritos. El guion de cine está escrito en imágenes, por eso alguien que lea un guion de cine tiene que “ver” la película. Es el lenguaje audiovisual. En una novela en cambio es más importante sugerir que mostrar. Funciona la máxima “mostrar, no contar”. De esta manera un lector de novela no ve la historia, sino que la “imagina”. A la hora de adaptar un guion a novela se puede pensar que tenemos una fotografía (el guion) y hay que ampliar la información de esa fotografía: ¿Qué sienten los personajes de la fotografía? ¿Qué piensan? ¿Por que se miran como se miran?

En un guion los pensamientos íntimos y sentimientos de los personajes se muestran solamente a través de sus acciones, en una novela se puede dedicar párrafos enteros a ellos. Por tanto los personajes de una novela pueden estar mucho más desarrollados. Un buen guionista habrá escrito el pasado del personaje, sus manías, sus fobias, cuáles son sus platos favoritos, etc, pero todo eso no se conserva en el guion, solo es una herramienta para conocerlo bien. En el guion aparece una radiografía del personaje. Si se pasa ese personaje a una novela se puede escribir largo y tendido sobre él, darle mayor profundidad y complejidad psicológica. Y también sobre los personajes que lo rodean. La extensión de una novela también es mayor por lo general que un guion, y permite la inclusión de mayor número de personajes. Así, un secundario o personaje inapreciable en una película puede coger cierto protagonismo en una novela.

En cuanto a la estructura puede resultar sencillo adaptar un guion a novela porque por lo general ambos géneros comparten la estructura tradicional en tres actos, con planteamiento, nudo y desenlace. La novela permite mayor libertad estructural y tolera experimentos creativos como por ejemplo “Rayuela” de Julio Cortázar. Pero, salvo estas excepciones, es en la estructura donde más se parecen el guion y la novela. Lo mismo pasa con los diálogos. En ambos casos deben ser pertinentes, naturales, verosímiles, precisos, fluidos... Eso sí, en un guion de cine “cantan” más los diálogos mal escritos porque serán dichos en voz alta por los actores. Por ese motivo, en una novela se pueden adornar un poco más sin que suenen pedantes.

Y no solo se puede novelizar un guion cinematográfico. También se puede adaptar el guion de un videojuego, como en el caso de Halo: first strike, basada en el juego del mismo nombre, o bien un relato, o una obra de teatro o una serie de televisión. En España ha habido bastantes adaptaciones en los últimos tiempos en este sentido: El Marqués, novela precuela de La Señora, de Virginia Yagüe; La novela Isabel de la serie del mismo nombre, escrita por Javier Olivares; Las novelas de El secreto de Puente Viejo escritas por Aurora Guerra o Ese brillo en tus ojos, novela escrita por Sergio Barrejón basada en la serie Amar es para siempre.

Como se ha dicho, novelizar obras que han sido escritas para otros medios, permite ampliar la historia e incluir escenas, personajes o diálogos que no tienen cabida en un formato más acotado. La novela no tiene límite de extensión, -valgan como ejemplo los siete tomos de El tiempo perdido de Proust-, pero tampoco tiene límite presupuestario. En un guion cinematográfico hay que tener en cuenta que lo que se escribe luego tiene que rodarse y es aconsejable tener cierto recato a la hora de incluir elementos. En una novela se puede dejar volar la imaginación e incluir cualquier cosa.

Esto mismo afirma el editor David Trías en El País: “cuando editamos un libro basado en una serie o en una película de éxito, el guionista ve, por un lado, una oportunidad de ser el protagonista de la historia -acostumbrados, como están, a permanecer siempre en la sombra-, ya que es quien firma la novela y, por otro lado, puede escribir sin condicionantes de producción y con total libertad creativa”. Por tanto, para el guionista novelizar todo tipo de obras puede ser un ejercicio narrativo muy completo y puede al mismo tiempo aportarle más visibilidad como autor. También se puede probar suerte en los “Scribes Awards”, premios que otorga cada año la Association of Media Tie-In Writers de Hollywood a las mejores versiones de películas convertidas en libro.
UNA NOTA DE www.abcguionistas.com

0 comentarios:

Publicar un comentario

Top 5 noticias mensual