8 ene. 2015

Assassins Creed Rogue: un giro, pero sólo al guión

Misma fórmula, distinto guión. Y una vuelta de tuerca precisamente a esto último. El que posiblemente sea el último juego de la saga destinado a las consolas de sobremesa anteriores mantiene la esencia, a pesar de volverse muy repetitiva, pero plantea un giro en su estructura argumental. En «Assassins Creed Rogue» manejamos a un caballero templario en lugar de un miembro de la Hermandad de los Asesinos.

Esta es, hasta aquí, su mayor aportación, puesto que la dinámica del juego es, básicamente, similar a todas las entregas anteriores, lo que para algunos puede ser un aspecto negativo pero, para otros, lo esperado. Está a caballo entre la tercera y cuarta entrega (con alguna incursión interesante hacia «AC:Unity»), con lo cual los jugadores tendrán a su disposición armas que resultan muy familiares y unos episodios de batallas navales que, hasta cierto punto, enganchan pero acaban por ser tediosos. Las ubicaciones se registran en parte de Norte América, el Atlántico Norte, el valle del río Apalache y Nueva York. Estas localizaciones llevan al jugador a subirse incluso al barco Morrigan, paradigma de libertad.

El juego narra la conversión de un joven audaz llamado Shay Patrick Cormac, el personaje manejable, en templario y sus entresijos que le llevan a cambiar de bando. Ambientada en los siglos XVIII en la guerra de los siete años, conforme avanzamos en su historia nos encontramos a personajes que ya habíamos conocido anteriormente, como Aquilles Davenport, mentor de los Asesinos coloniales, aquel quien entrenó a Connor en su lucha por las Trece Colonias norteamericanas de la tercera parte de esta serie de aventuras en tercera persona.

Sin conseguir esa magia de las anteriores entregas, la consecuencia es que es un título destinado a los veteranos de la serie y no para captar a nuevos jugadores. Además de una historia demasiado corta, da la sensación que uno está paseando por los mismos lugares una y otra vez. El manejo básico del personaje está bien, pero después de tantas veces de haberlo hecho por costumbre puede llegar a agotar. Subir torres, escalar edificios, cazar ballenas, despellejar animales salvajes o dirigir un barco son algunas de las actividades.

Al servir de enlace entre varios juegos anteriores, el jugador puede manejar un arsenal típico de espadas, dagas y pistolas de reminiscencias de la época, lazos de gancho y dardos enloquecedores que ya se encontraban en otras entregas, pero como novedad se puede utilizar un rifle de corto alcance, silencioso y muy letal, que sirve para ahuyentar a rivales y deshacerse de ellos. En esa pequeña revisión de las mecánicas y el sistema de juego, este rifle es uno de los compañeros más insaciables en la campaña y con la que, si sabemos utilizarlo, puede modificar las tácticas empleadas hasta entonces. Al tomar prestada de «AC: III» y «AC IV: Black Flag», aquí no existe el temor de ser descubiertos si nos ocultamos entre la vegetación, puesto que sistema no es restrictivo y, por tanto, podremos seguir con la misión a golpe de espada.

Otra novedad es que, en los acercamientos hacia el mar del Norte, si nos zambullimos en el agua helada nos restará vitalidad o el casco destructor de hielo con el que podemos avanzar en estos nuevos entornos.

No obstante, la reproducción de las edificaciones y la ambientación mantiene el nivel de entregas anteriores, con detalles bien perfilados y con la posibilidad de hacer escalada desde todos los ángulos posibles, pero acaba siendo demasiado monótono hasta el punto que no sería de extrañar que más de uno decidiera pasar olímpicamente de las misiones secundarias y la recogida de coleccionables para aventurarse a observar la historia tal cual, que por cierto desentraña algunas anécdotas y curiosidades sobre personajes antiguos.

Cabe recordar que este juego se plantea como una simulación virtual desde la empresa Abstergo, que explora las historias de los seguidores del Credo, pero mantiene esa dinámica de juego dentro de las instalaciones de la empresa que se hace demasiado cargante, aunque ello da pie a descubrir nuevas pistas sobre la evolución de otros asesinos.

La falta de un verdadero modo multijugador empaña a este título, al convertirlo en ese sentido de decepcionante. De lo que no se puede criticar es en su apartado técnico, bordado y bien conseguido, que no comete los errores y «bugs» de «AC: Unity». Pocos fallos y bien construído, en Rogue se aprecia un ligero avance en perfilar a los personajes de manera digital. El estilo, al final, funciona y, quizá, no necesita de grandes innovaciones para captar a sus fans. Y la esencia de esta saga es precisamente esta. Ahí lo tienes para ampliar tus miras.
UNA NOTA DE www.abc.es

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