28 dic. 2014

Texto y subtexto en un guión de cine. ¿Qué es mejor?

La importancia de lo que se sugiere en el cine. (Foto: DanaScobar, de Flickr)
Siento no poder darte una respuesta categórica a esto porque si lo hiciera te estaría haciendo un flaco favor.

Como todo en la vida, DEPENDE.

El texto y subtexto, como me imagino que ya sabes, se basa en la diferencia entre lo que se dice literalmente (texto) y lo que se trasmite con palabras ambiguas, imágenes del mismo modo sujetas a interpretación y elipsis que sólo explican con las sensaciones de los espectadores (subtexto).


Telenovelas, series y películas

Hace muchos años estaba desarrollando una serie para una importante productora de televisión española. Aunque ya tenía experiencia en programas y había escrito y dirigido un par de cortos, estaba empezando en esto de la ficción.

El coordinador de guión soltó una teoría de lo que entonces era casi un mantra.

“UNA TELENOVELA HA DE SER TODO TEXTO. UNA SERIE DE PRIME TIME DE TELEVSIÓN DEBE JUGAR A VECES CON EL TEXTO Y A VECES CON EL SUBTEXTO Y EL CINE DEBE SER TODO SUBTEXTO”.

Es posible que al haberla leído, la asumas como una verdad impepinable o, a lo mejor, te preguntas por qué esta afirmación.

Te voy a dar los porqués en los que se basa esta frase.

Una telenovela ha de ser todo texto porque el público al que va dirigida no tiene tiempo para pensar. Como la suelen emitir por la tarde después de comer, quizá el espectador esté un poco somnoliento. O está terminando de recoger la mesa. Y no sólo debe ser texto, sino que los argumentos y los avances son muy lentos y se repiten varias veces para que el espectador no se pierda. Por otro lado, el público no suele ser muy exigente, sólo quiere pasar el rato.

Una serie debe ser una mezcla de texto y subtexto porque el espectador, aunque se sienta a verla, muchas veces como una rutina, se está levantando constantemente a hacer pis, a ir por un vaso de agua, charla y comenta la jugada, etc. Es un público un punto más exigente que el de las telenovelas, quizá se permita el lujo de pensar un poco y rellenar huecos, pero no mucho. Sobre todo porque tiene numerosas distracciones, incluidas las redes sociales y las segundas pantallas.

Una película de cine debe ser todo subtexto porque, supuestamente, el espectador paga una entrada y se sienta en una sala a oscuras con el teléfono móvil apagado dispuesto a concentrar todas sus neuronas en seguir la historia de la película. Tiene tiempo de pensar. Quiere pensar. No quiere que se lo den todo hecho.

Si has seguido el desarrollo de la narrativa audiovisual en los últimos 15 años, ya sabrás que esto no es del todo así.

Sobre todo, lo de la diferencia entre el cine y las series.

Sobre todo, desde la explosión de las series de televisión en Estados Unidos y su exportación al mundo entero.

Sobre todo, desde la llegada de Los Soprano y de canales como HBO, AMZ, SHOWTIME y, como no, las plataformas de Internet como NETFLIX, AMAZON y HULU.

Las fronteras entre la televisión y el cine son mucho más difusas.

Ahora, a veces, la televisión es todo subtexto y, por el contrario, el cine puede llegar a coquetear más de lo debido con el texto.
¿Cuánto hay que dejar a la interpretación del espectador en una película de cine?

Una vez más, DEPENDE.

Pero ésta es una reflexión que me he hecho cuando la semana pasada aproveché la Fiesta del Cine Español para ver tres películas. Una cada uno de los tres días.

Dados los precios que tiene el cine últimamente, entre otras cosas debido al alto IVA al que están sometidas las películas, las entradas a 2,90 euros es algo que hay que aprovechar.

Voy al cine menos de lo que debiera dada mi profesión, pero esto es debido, sobre todo, a mi condición de padre de una niña de tres años y a que no siempre se encuentra un canguro para poder ver un thriller, una de terror o un dramón, que es lo que más me gusta. Por supuesto, dejo aparte las películas de dibujos animados, que son obligatorias por mi pequeña.

Vuelvo a la fiesta del cine.

Y a las tres películas que vi:

LA ISLA MÍNIMA, escrita por Rafael Cobos y Alberto Rodríguez y dirigida por el segundo.

PERDIDA (“GONE GIRL), escrita por Gillian Flynn y dirigida por David Fincher.

MAGICAL GIRL, escrita y dirigida por Carlos Vermut.

Vayamos una por una analizando cómo manejan el texto y el subtexto, y sobre todo, cuánto dejan a la interpretación libre de el espectador.
Un fotograma de LA ISLA MÍNIMA.
En LA ISLA MÍNIMA juegan constantemente con la ambigüedad, tratando de esconder al espectador constantemente lo que realmente pasa. Es un desconcierto que juega muy a favor del interés de la película porque no hace sino acrecentar tus ganas de saber, de elucubrar, de averiguar. Y todo ello excepcionalmente rodado con la creación de una atmósfera muy en la línea de TRUE DETECTIVE. Y, de hecho, nunca terminan de explicárselo al espectador, ya que quedan muchas preguntas sin resolver, probablemente de manera intencionada, para que cada uno se monte su propia película.

Pero esto es peligroso.

Existe la posibilidad de que se pida tanto esfuerzo al espectador que éste quede decepcionado. Que no satisfaga sus ambiciones.

Puede suceder algo parecido a lo que ocurrió con PERDIDOS (LOST). Todavía hay gente que se pregunta por qué en la isla había un oso polar o qué o quién era el humo negro.

Muchos fans de la serie quedaron decepcionados con el final.

¿Sucede lo mismo con LA ISLA MÍNIMA?

Hay opiniones para todos los gustos.
Cartel de PERDIDA (GONE GIRL).

PERDIDA (GONE GIRL), a mi entender, tiene el defecto contrario. Es verdad que te esconden lo que está pasando una parte del tiempo, pero después, debido a tantos giros y recontragiros, te sobrexplican lo que ocurre, hasta el punto de que tienen que recurrir a una voz en off de uno de los protagonistas para que el espectador lo entienda.

Esto se debe a que se han pasado de rosca. Tantos giros no han hecho sino exigir una explicación que resulta artificial y, al final, lo que sucede es que atenta contra la verosimilitud y, por tanto, contra la credibilidad de la historia.

Estamos hablando de una de las películas más taquilleras en el mundo en 2014. O sea, que lo que yo opine aquí no tiene ningún valor puesto que el negocio que ha hecho la productora es incuestionable.
Un fotograma de MAGICAL GIRL.
Para mí MAGICAL GIRL reúne la virtud de haber encontrado el término medio entre lo que se explica y lo que no se explica. Y eso que la anterior película de Carlos Vermut, no estrenada en cine pero sí en plataformas digitales, DIAMOND FLASH, se acerca más al cine de David Lynch y Jim Jarmusch. Considerada por muchos película de culto, existen numerosas intepretaciones de la historia en los foros especializados.

Pero volvamos a MAGICAL GIRL.

No es que sea una historia lineal donde todo es tal cual se ve. Juega excepcionalmente con las elipsis, huecos que el espectador rellena y para lo que dispone de todos los elementos necesarios.

Pero no deja demasiadas preguntas sin resolver.

Ni trata al espectador de tonto.

Ni lo hace sentirse un inútil por no terminar de entender la historia.

Quizá todo esto fue valorado por el Jurado del Festival de Cine de San Sebastián el pasado mes de septiembre para otorgarle la Concha de Oro.

EN EL TERMINO MEDIO ESTÁ LA VIRTUD.

Ésta es mi conclusión.

Aunque, claro está.

DEPENDE.

De la historia, del tono, de las circunstancias y del público al que va dirigida.

DISFRUTA DE VER CINE Y, SOBRE TODO, DE ESCRIBIRLO.
UNA NOTA DE creamundi.es

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