10 nov. 2014

Guionista uruguayo dice que escribir guiones no es arte

Leonel García
Cuando era chico, Fernando Schmidt (49) quería ser relator. Exestudiante de Psicología, exempleado en un almacén de cueros, exvendedor de libros, exmaletero en hoteles y una larga lista de "exes" más, tuvo su chance en 1987, cuando la otrora CX 30 comenzó las transmisiones deportivas. Le hicieron una prueba: ir a cubrir un partido y grabar su resumen. No recuerda cuál ni dónde. Sí recuerda haber dicho cualquier disparate. Raúl Barizzoni, el comentarista, quería darle salida de inmediato. A Néstor Moreno, el relator, en cambio, le gustó. Y quedó.

"Había nombrado mal los jugadores, las posiciones, un desastre. Pero pese a mi miopía futbolera, Moreno le encontró gracia a lo que hacía, alguna referencia literaria, alguna metáfora, no todo era humor. ¡El humor vino después como necesidad de marcar territorio ante otros mucho mejores que yo! En vez de hablar del partido, mi comentario arrancaba con los teros que seguían en la cancha (risas)...". No improvisaba su salida al aire; sí o sí su comentario debía estar escrito. Quizá ahí, en los tablones del Méndez Piana, el Viera o el Nasazzi, nació uno de los guionistas más reconocidos de Uruguay, con textos que llegarona Argentina, Chile, España y México, dos premios MUSA de Agadu, varios títulos en el Carnaval y ciclos televisivos muy recordados. "Escribir era un mecanismo para sentirme seguro. Yo soy una persona bastante insegura. Por eso, cuando escribo descarto bastante. Reescribo y desecho mucho material. Eso me lleva a confiar más en mi trabajo. Pero esa confianza nació de una carencia, no de una virtud".

Fernando, el menor de tres hermanos, hijo de un obrero metalúrgico y una aparadora de zapatos, casado y padre de mellizas de 12 años y un varón de 5, sonríe con timidez nerviosa. Hubiera preferido mil veces una entrevista vía email. Lo suyo es escribir, ya sea para teatro, televisión, cine, carnaval o —si hubiera podido elegir— una nota. Escribir, reescribir y desechar, convencido del poder del proceso creativo, de la fuerza y pertinencia de cada palabra escogida. Eso, que en definitiva permite no depender de esa entelequia tan infiel llamada inspiración, es lo que intenta transmitirle a los alumnos de sus talleres de guión. "Quiero que sepan que el tiempo empleado es decisivo, que vean a la imaginación como un músculo a desarrollar, y que también desarrollen un sexto sentido que les permita ver (en la realidad) lo que otros no ven. Que esto es algo desprovisto de arte, pero que lleva mucho trabajo".

Sinceridad brutal, para Fernando Schmidt lo que él hace no merece el calificativo de arte: "Lo mejor que le puede pasar a un guión es marchar a la papelera. Eso quiere decir que se hizo, que se interpretó. Un guión es como la crisálida de la mariposa. Algo debe surgir a través de él, no es una obra en sí mismo. Esa es la diferencia que tiene con la literatura, que sí está hecha para perdurar".
Antonio.

Todo se sucedió rápido. El movilero con humor pronto se ganó un espacio propio en el postpartido de las transmisiones de CX 30: El álbum de los '90. Con él colaboraba Horacio Rubino, un carnavalero ya consagrado que vivía cerca de su casa. Fue Rubino quien lo contactó con humoristas los Bubys, quienes para el Carnaval 1989 tenían un plantelazo que incluía a Fernando Toja, Andrea Tenuta y Enrique Vidal. El aporte de Schmidt, El diario, fue recibido con recelo por el grupo, pero terminó siendo la mejor humorada del Concurso Oficial.

Casi enseguida, el actor Franklin Rodríguez, que era amigo de los Bubys, le dice de "armar algo" y así terminó escribiendo El humor en los tiempos del cólera, un gran éxito en el Teatro Stella. En el público estaba Andrés Tulipano, guionista de Canal 12, quien lo reclutó para escribir para Plop! En un lustro había pasado de comentar fútbol con teros a pisar fuerte en teatro, televisión y carnaval. Y faltaba lo mejor.

Fernando había ido a ver a Humberto Tortonese y Alejandro Urdapilleta, quienes habían venido con Mamita querida a Montevideo. En el público también estaba Antonio Gasalla. Era una oportunidad muy grande como para que la timidez lo venciera. "Le dije que lo admiraba, que tenía una obra en cartel, que era escritor... y él me dijo que le enviara algo a Canal 7 de Argentina, y que iba a ver mi obra". Gasalla nunca vio El humor..., pero sí recibió una carpeta con los mejores opus de Schmidt. El capocómico lo llamó para que fuera a su casa en Buenos Aires.

"Me dijo que le había gustado el material pero no era lo que él hacía. En su lugar, me dio dos VHS con personajes para los que precisaba guiones. Uno era Noelia, la maestra, y el otro era Cacho, un periodista chanta, un degenerado". Fernando le mandó textos y Antonio lo volvió a llamar, ahora al estudio. Era 1993. "Cuando llego, estaba todo armado para el sketch de la maestra, sin ningún arreglo. Para mí, fue tocar el cielo con las manos. Era alguien a quien admiraba haciendo el primer texto que yo le había escrito. Profesionalmente, fue la sensación más movilizadora. Eso es algo que me había pasado mucho en carnaval, pero que nunca me había pasado en televisión ni me pasaría después".

El vínculo entre actor y guionista duró unos quince años. Fernando había creado a la cruel Grisel para la obra Llena tú eres de gracia, interpretada por Elena Zuasti. Se la envió a Gasalla y él la rebautizó Yolanda, una madre tóxica y manipuladora, uno de sus mejores personajes. "Lo hizo porque él utilizaba mucho la y al hablar, sin saber que mi madre se llamaba Yolanda, cosa que me creó más de un problema (risas)". Trabajar con Gasalla fue un punto alto en su carrera y un trampolín para seguir trabajando en el exterior (en Argentina estuvo en Tiempo final, No hay dos sin tres y Poné a Francella en televisión, y en El arca y El visitante en el cine). Hoy la relación, deja entrever, está en stand by. "Cuando precise mis guiones, los tendrá".

Trabajo.

Fernando ha estado en los tres canales privados de aire de Montevideo. Guionó Gastos comunes, Terapia de pareja, Bienes gananciales y La oveja negra. Y participó en los periódicos renacimientos de la ficción nacional. "No hay una industria desarrollada. Hoy no se genera ficción. Me gustaría que fuera diferente, pero es una realidad en la que no podés incidir. A vos te puede doler algo que podés modificar, esto no. De todas formas, todavía no hay acá ese orgullo de autores de sobreponernos a la adversidad, no hay que pedirle subvenciones al Estado, a la televisión, ¡atizemos el ingenio para hacernos un lugar (enfatiza)! Pasa que cuando hacemos algo, queremos que sea 'exportable', con pretensiones de trascender fronteras. Creo que eso también es inmovilizador. Vos tenés que hacer algo que sea capaz de mostrarnos, de reflejarnos. Y la historia está hecha más de fracasos, que de aciertos, ¡nadie sabe lo que le gusta a la gente! Sí, sabemos lo que nos gusta a nosotros".

Y Fernando escribe —siempre— para él. Más "respetuoso" si lo hace para televisión — un medio "invasivo" y no "electivo", donde "hay que tener una deferencia con quien te eligió"— que para el teatro. Aquí la filosofía parece ser la siguiente: si pagaste la entrada, bancá lo que tenga para decir.

Hoy escribe para Sonríe, te estamos grabando y para Consentidas, para el segmento de Luis Orpi en Arriba Gente y el de Marcel Keoroglián enDía Perfecto. Con Keoroglián, justo, está preparando el Carnaval 2015 de murga Diablos Verdes. Y mientras espera el estreno de Algo habrán hecho 3, tiene una obra en Chile y otra acá, Infieles. Trabajo no le falta y, aunque ha transitado por otros trillos, siempre ha sido muy reconocido en el camino del humor, más allá de convencionalismos y parámetros de lo políticamente correcto que no tiene problema en ignorar. "A mí me gusta ver el humor como si fueran unos lentes: para los valientes, les sirve para ver la realidad de una forma, ¡y para los cobardes, les sirve para que no les peguen!". Fernando, tímido fuera de sus guiones, se ríe una última vez.

CARIÑOS Y ORGULLOS

Difícil oficio el suyo. No basta con escribir, reescribir y desechar horas y horas. Encima, hay reescrituras (parciales y no tanto) del editor, el productor, el director o el actor. Antes Fernando peleaba cada punto y cada coma; con el tiempo, aprendió:

"Aprendí que lo importante es tener un buen rédito de lo que hacés, ya sea económico o que lo interprete alguien a quién admirás. Cuando yo escribo un guión, y me lo comprás, es tuyo. ¡Y trato de no verlo si será muy afectado! Aprendí a no encariñarme con él".

Las reescrituras, ¿no son mucho golpe para el ego del creador? "No, porque —insiste— esto está desprovisto de arte. No es sencillo ni menor, ojo, pero si creyera estar en el primer lugar de la cadena, ¡estoy en el horno! No siempre estás orgulloso de lo tuyo, siempre es lo mejor que te salió en el momento, pero no lo que te hace más feliz".

Textos teatrales como Track o Sexo, Dios y TV (para Chile) sí le acarician particularmente el orgullo, así como sus trabajos para Gasalla y para la serie argentina Tiempo Final. También destaca su trabajo para La Gran Muñeca en 1992, cuando esta murga ganó su categoría. "También hice películas, ¡pero no estoy muy orgulloso de lo que hice ahí!".
SUS COSAS

Un disco

A Fernando le gustan mucho los cantautores españoles como Víctor Manuel, Pedro Guerra o Luis Aute. "Soy un gran admirador de los creadores españoles, ¡incluso en el humor!". Y de esos músicos, sobresale Joaquín Sabina; y de sus discos, 19 días y 500 noches.

Un intérprete

A Antonio Gasalla, Fernando le guionó personajes como El Cacho y la maestra Noelia, y le creó seres terriblemente cómicos como Yolanda ("Sos yegua, Marta" y "Si querés llorar, llorá). Cree que él es quien mejor interpretó sus textos, aunque también destaca al argentino Roberto Carnaghi y a Luis Orpi.


Un objeto

"Yo le tengo mucho cariño a las libretitas". De hecho, Fernando —guionista full time— siempre anda con una en el bolsillo. Todo momento sirve para anotar ideas u observaciones. "Voy mucho en ómnibus o en un café en un rato libre, entre reuniones. Y la letra me la entiendo solo yo".

CON INFO DE www.elpais.com.uy

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