24 sept. 2014

Malkovich: «Ver que un guión no va a funcionar aterra»

Alicia g. arribas
John Malkovich visita de nuevo el Festival de San Sebastián para presentar a concurso en la Sección Oficial Casanova Variatons, del austríaco Michael Sturminger, una mezcla de ópera y metateatro en la que el actor canta y declama y regresa a su papel de seductor de Las amistades peligrosas.

A Malkovich no le molesta que esa película vuelva una y otra vez como referente, porque dice que a estas alturas ya ha hecho de todo en su vida profesional y no le da miedo «nada», o mejor, dice, sólo una cosa: «Lo que me parece aterrador de una película es saber que no va a ser interesante», explica en una entrevista con Efe. «Cuando llegas a un set y ves que el guion no va a funcionar, ni el director, ni la gente, eso aterra. Da miedo, y es muy triste», señaló.

Discreto, vestido con camisa blanca y corbata oscura y una chaqueta ligera en gris, a juego con una poblada perilla que resalta su cabeza rapada, apoyadas las manos en una muleta también de color gris que le alivia el dolor tras una operación de rodilla, el actor elige sus respuestas y las ofrece, despacio y serio. «El desafío es ser bueno, por encima de cualquier otra cosa, intentar hacerlo bien y asegurarte de que tienes el mejor material posible, algo que en esta película —pone como ejemplo— era muy importante sobre todo para el director, pero para mi fue, además, muy divertido».

Casanova Variations está dividida, como la obra de teatro que hicieron juntos Malkovich y Sturminger —también director de ópera— en dos actos en los que se mezclan «todos los géneros: es una película y a la vez un falso documental y una falsa ópera que cuenta con un montón de información falsa sobre Giacomo Casanova», explicó el realizador a Efe. «Trataba de recoger el mito, la persona pública, mostrar la historia de Casanova en distintas capas y meterlo en el presente; eso complicaba el proceso», dijo Sturminger.

Tanto como que decidieron rodar con los músicos en directo y con cantantes de verdad. Y en poco más de cuatro días, sin apenas repeticiones, de modo, explicó el director, que todo tuvo que apoyarse en el montaje. «No nos preocupaba que fuera perfecto o que quedara tan claro cuándo era cine o cuándo teatro —señala Sturminger—, pero esa es la base de la película: Giacomo necesita las variaciones, si no, se muere. Para mí, fue maravilloso estar rodeado de grandes cantantes y cantar con ellos, si lo que yo he hecho es cantar —bromea Malkovich—, ha sido divertidísmo», asegura y apunta que no le dio miedo porque ya había cantado en el teatro, pero reconoce que le preocupó que entonces había dejado de fumar y en el rodaje no lo dejó. «Eso no fue inteligente por mi parte», asegura.

Esta obra, que se escribió específicamente para Malkovich —«no hubiera tenido sentido sin él», aclara el director—, no le añadió al artista más responsabilidad. «Chris Hampton no escribió Las amistades peligrosas (1988) para mí pero, aún así, fue una gran responsabilidad interpretar esa película», señala el actor.

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