30 ago. 2014

La escritura de "El Niño", la nueva peli del director de Celda 211

Javier Estrada
Cuando trabajaba como crítico de cine y periodista, Daniel Monzón (Palma de Mallorca, 1968) siempre tuvo un sueño: hacer el mismo cine que a él, como espectador, le gustaría ver. El reto era complicado, pero viendo los resultados de sus películas, parece que sus gustos y los del público confluyen. Y de qué manera. El guionista de la primera entrega de Torrente lleva estrenados cuatro filmes como realizador: El corazón del guerrero, El robo más grande jamás contado, La caja Kovak y Celda 211.

Y, a tenor de la gran taquilla obtenida con Celda 211 (con la que obtuvo 8 premios Goya), todos esperan mucho de su nueva cinta: El niño. En este thriller, Monzón retrata cómo un joven (el debutante Jesús Castro), apodado «El niño» consigue poner en jaque a toda la policía de la zona del Estrecho de Gibraltar en un momento complicado en el que varios agentes (Luis Tosar, Barbara Lennie, Eduard Fernández y Sergi López) de la Policía Nacional luchan por desmantelar un negocio de narcotráfico dirigido por un personaje misterioso (Ian McShane).

¿Cómo se empieza una producción tan gigantesca como ésta?

Mi guionista, Jorge Guerricaechevarría, y yo pensamos en el estrecho de Gibraltar. Y nos preguntamos por qué un espacio como ése, conocido a nivel internacional, con tanto contraste de paisajes, en el que confluyen tres países y dos continentes, intereses de ricos y pobres y una cultura del contrabando que viene desde hace siglos, apenas había aparecido reflejado en el cine. Y, cuando había aparecido, casi siempre lo había hecho con las pateras en primer plano. Justo ése ha sido el elemento que nosotros hemos sacado de esta ecuación.

¿Fue complicado el trabajo de preparación de cara a escribir el guion?

Nos instalamos en la zona del Estrecho de Gibraltar y estuvimos más de ocho meses haciendo trabajo de campo. Básicamente, nos dedicamos a vivir allí y a hablar con todo el mundo... y de todo. Recorrimos además gran parte de la costa andaluza y pasamos al norte de Marruecos para ver con nuestros ojos cómo son los campos de marihuana. Eso sí, siempre tuvimos en Tarifa nuestro cuartel general como lugar para reflexionar y escribir el guion.

¿Y conseguiste hablar con todos los «actores» implicados?

Si no con todos, casi. Contactamos con muchos: desde un comisario de policía que llevaba muchos años de servicio destinado en África hasta el dueño de una plantación de marihuana, pasando por los delincuentes que trabajaron la droga décadas atrás y con políticos de varias localidades de la costa de Algeciras. Todos nos abrieron sus mundos con una generosidad increíble. Y nosotros entramos en ellos sin juzgar a nadie. Fue un viaje apasionante. Justo lo que creo que debe significar una película.

¿Qué crees que hizo posible que todos se dejaran preguntar por ti?

Jesús Castro, protagonista del film, debuta en el mundo del cine.
Haber hecho Celda 211 ha ayudado mucho. Hubo un caso muy especial, el de un gomero. Con él quedamos en un garaje y he de decir que, nada más verle venir, ya imponía físicamente. Imagina cómo me sentía allí, viéndole y pensando qué iba a preguntarle sobre su trabajo. Él, lo primero que me dijo fue «¿Y tú que has hecho, chaval?». Antes de responderle, me di cuenta de que llevaba en la mano el DVD de Celda 211 que yo le había hecho llegar antes a través de un conocido, así que le dije que era mía. Pero, por si acaso, y aprovechando que iba conmigo Jorge, el guionista, añadí que la habíamos hecho a medias... no fuera que empezara a recibir golpes (risas). Fue entonces cuando el gomero se giró hacia mí, tiró el DVD sobre la mesa, me abrazó con una fuerza descomunal y me gritó «Esto es pura verdad, pura verdad». A partir de entonces, fue todo fácil y él y los que le acompañaban no pararon de contarnos cosas...

¿Has encontrado algún nexo de unión entre tipos tan dispares relacionados con el mundo del narcotráfico a pequeña y gran escala?

Que quieren ganar un dinero que luego gastarán a una velocidad increíble y un espíritu de rebeldía propio de alguien que, con 20 años, ve la vida de forma diferente al resto. No me extraña que sientan pasión por llevar una lancha rápida convertida casi en un bólido de carreras sobre el agua y capaz de alcanzar los 80 nudos por hora.

¿Alejarse de los tópicos era tu objetivo número uno en este proyecto?

No quería que El niño fuera una película de narcotráfico como tantas otras que nos vienen de EEUU, en las que aparecen personajes atormentados, agresivos y violentos... con tiros y cocaína por todos lados. Esto debía ser otra cosa. Sí es cierto que aquí hay delincuentes, pero se muestran de otra manera. Era fundamental que todo apareciera en pantalla de la manera más real posible.

Y no dudaste en montarte, cámara en mano, en una de esas lanchas rápidas...

¡Claro que monté en ellas! Mira que no siento pasión por correr. Pero la euforia que sientes allí la he sentido. Me he emborrachado de ella y me ha servido para, al vivirla, entender lo que pasa por la cabeza de aquellos que lo han vivido y me lo han contado. Esa adrenalina impone mucho. En una carretera tienes marcas a tu alrededor, como árboles o edificios, pero, en el mar, al ser un horizonte abierto, todo es libertad.

¿Cuál ha sido tu interés primordial a la hora de asumir todos esos riesgos?

Que el estilo fuera realista, casi como un documental, sin renunciar a la carga de espectáculo. Y, por encima de todo, hacer que el espectador se meta en la historia y sienta que un helicóptero le sobrevuela y está encima de una lancha rápida. Rodar en plena aduana de Ceuta, entremezclado con los porteadores allí presentes, me ha impactado mucho como persona.
Daniel Monzón. Foto: Javi Martínez
¿Eres consciente de la fascinación que va a suscitar a muchos espectadores ese mundo de dinero fácil?

Me encantaría que quienes vean esta película la disfruten y, con ello, darles material para reflexionar a partir de ella. Pero eso, como director, no puedo controlarlo. Allá cada uno... Por ejemplo, veo profundamente moral El lobo de Wall Street de Martin Scorsese. No sé lo que va a generar El niño, pero no creo que nadie pueda decir que juzgo a los personajes. Es una fábula moral de quienes tienen la tentación al alcance de los dedos, en la que la moralidad y la inmoralidad se entremezclan continuamente. Y en la que el pez chico necesita al grande. Y al revés. Hay quien dice que quien se mete en este negocio sólo puede acabar o en la cárcel o recibiendo un tiro. Y que es imposible controlarlo todo.

¿Con quién crees que se identificará más el espectador?

Cada uno tomará sus decisiones. Es normal que el grupo de chavales delincuentes caiga bien: resultan humanos. Y hasta puedes entenderles y desear que nos les pase nada. Pero, del mismo modo, no es complicado sentir empatía con respecto al personaje de Luis Tosar. He huido de los maniqueísmos: aquí no hay policías buenos y delincuentes malos. Ni tampoco delincuentes buenos y policías malos. Todos son seres humanos con sus peculiaridades. Ese juego en el que se meten los chavales, que parece muy alegre al principio, pronto se tuerce. Como sucede en la vida real. Y si te enfrentas al mar, mucho más.

¿Hubo algún momento durante el rodaje en el que pasaras miedo de verdad?

No hubo ningún día tranquilo. Cuando presenté la película en Cannes me preguntaron mucho cómo había sido capaz de rodar ciertas escenas. Y, la verdad, con el tiempo me he dado cuenta de que lo mejor fue no pensarlo dos veces. Yo, que poco tengo de espiritual, todos los días le pedía permiso al mar para rodar allí. Respeto da. Estar tres semanas embarcados, sin regresar a puerto, hizo que, por ejemplo, Jesús Castro tuviera principio de hipotermia y que a mí me diera un golpe en el estómago grabando sobre la lancha. Estaba tan excitado que apenas sentí nada.

¿Qué tiene de especial Luis Tosar para que hayas confiado en él tras Celda 211?

Creo que la amistad que ambos mantenemos ha hecho mucho. Enseguida que tuve perfilado algo del guion, pensé en él. Luis lo leyó, hablamos largo y tendido de su personaje y no dudó en venirse a Algeciras a hablar con policías. Si hasta se subió en lanchas y helicópteros... En El niño ha hecho una actuación muy valiente, sin irse por el lado de la caricatura o forzando las cosas, sino apostando por dotar a su personaje de una humanidad enorme. 'Malamadre', el deCelda 211, fue un personaje rotundo e icónico. Y muy diferente a éste.

Jesús (Luís Tosar) y Eva (Bárbara Lennie) son dos de los policías que trabajan en el estrecho y van a la caza de traficantes de droga.

¿Te ha costado conjuntar a tres grandes actores del cine español como el citado Tosar, Eduard Fernández y Sergi López?

En ellos he buscado actores que interpretaran a hombres de verdad. Tipos duros y con autoridad. Pensé que o todos aceptaban o lo tendría difícil para compensar el interés por la historia de los policías con la de los chavales que conforman la trama de los delincuentes. Tener a esos actorazos, entre los que incluiría a Bárbara Lennie, ayuda mucho a mantener pegado al espectador a lo que pasa en la pantalla. Si hay quien hasta me ha dicho que querría saber más de ellos. Yo me lo tomo bien. Siento que no sobra nada... pese a que la película dura más de dos horas. Si te digo la verdad, yo también me quedo con ganas de más (risas).

Después del tremendo éxito conseguido con Celda 211, muchos pensaron que darías el salto a Hollywood.

De Hollywood me han llegado cosas muy gordas, con hasta 150 millones de euros de presupuesto. Alguna me pareció muy interesante. Pero pensaba que sería una pieza más del engranaje allí y tendría muy poco que aportar. Eso y que todo me lo iban a discutir. Me reconforta más saber que, de no haber sido por el talento y la entrega de todo mi equipo, no podría haber rodado El niño por 6 millones de euros. Hay quien no se lo cree... Por cierto, en Hollywood con ese dinero no daría ni para cátering (risas).

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